Siempre me he considerado una persona de pocos sentimientos, y no es decencia ni por desdicha, pero el hecho de empatizar con una persona siempre ha sido difícil para mí.
Eran las pocas personas que se atrevían a hablarme, ya sea por mi forma de expresarme o la manera de vestirme, y no quiero decir que haya sido su culpa, hasta donde yo recuerdo, siempre he estado a la defensiva, al menos lo he sido desde de la muerte de Henrietta.
Ella era como una hermana para mí, su manera de vestir y hablar eran tan iguales, pero a la vez tan diferentes a las mías, su vestido negro con cadenas de plata siempre fueron algo que admirar, no era sorpresa que más de un idiota se le insinuara.
Con ella conocí a Michael y Firkle, dos jóvenes que tenían gusto por la magia oscura, sabían que estaba prohibido, pero eso no impidió que yo me les uniera de alguna forma lo encontraba divertido, y en esos pocos años por más raro que parezca yo me sentía a salvo, era como estar en una familia, una que no me reprochaba el cómo era, una en la que pase lo que pase ellos estarían para mí.
Lamento el día en el que yo no pude hacer eso.
En mis pesadillas puedo recordar... Sus rostros desfigurados, sus torsos siendo penetrados en estacas de madera, la sangre corriendo de sus cuerpos que goteaba en cada grito que daban; los hombres cubiertos de negro, que se atrevieron a preguntarme
—¿Eres uno de ellos?
Sus ojos... tales rojos rubíes brillaban en la oscuridad del bosque, el fuego que consumía a los que una vez llame familia me aterro, y por primera vez en años tuve miedo...
—¡No... suéltenme! ¡Y-yo no los conozco!
Los dedos esqueléticos mostrándome la abertura de los árboles gritándome que salga de allí, con todas mis fuerzas corrí y llore sabiendo que había traicionado a todos aquellos que me habían amado por quien era en realidad, era solo un traidor, yo no valía nada.
Solo podía escuchar; "¡Acéptalos, gran poderoso...!"
*
—Cthulu...
En un colchón de paja, dormía un hombre de raíces rojas, y entre sueños solo repetía la misma palabra, era sabido por muchos que no era una persona madrugadora, pero aun así el tiempo vuela y todos necesitan despertar, claro que eso requiere un poco de ayuda.
—Dis-sssculpe..., ¿Señor Pete?—susurraba tocándole suavemente el hombro
—Mmm...—se quejó adormilado
—L-lo l-damento, pero el ssseñor Butters me pidió despertarlo
—Mierda...—se frotó sus ojos en un intento de despertar—Ya iré, puedes irte
—Si ssseñor—menciono para marcharse
El pelinegro se sentó en la cama y se estiró, no recordó desde cuando se había dormido, pero deseaba que no volver a hacerlo, no necesitaba retomar de nuevo a plantas cuestionables.
"No soy un señor", con ese pensamiento se dirigió afuera de la pequeña cabaña donde se encontraba siendo recibido con el frío viento del invierno que acompañaba a todos, su suéter negro no era suficiente para no percibirlo.
Mientras se dirigía a una pequeña losa que tenía como techo una piedra colocados a mano, podía observar a los demás que se encontraban allí, hombres que sostenían escudos reteniendo los golpes de las mujeres que combatían con el frío golpeando el trozo de hierro y madera para tener algo de calor.
Su mano se dirigió a una cafetera de metal ya caliente que ponían todos los días los de su tropa, se sirvio en una taza, y se lo tomo de un solo movimiento de brazo.
Antes de volver la taza a su sitio respiro lentamente aún quedaban un poco el olor a café, era algo que le gustaba hacer, pues le parecía un olor único, pues era tan cálido y tan relajante.
Antes de poder salir, un puño apareció de la nada, y antes de poder golpearlo, la propia mano de Pete lo detuvo.
—Veo que despertaste, querido amigo—menciono alegre, unos cabellos rubios
—¿Cómo le ha ido Sir Butters?—respondió sin expresión alguna
—Bueno, pues es divertido pasar tiempo con Jason, le ha ido bien, pero aún no logra darme ningún golpe
—Es un buen chico, solo necesita entrenar más—se encorvó
—Eso es cierto, lástima que ya haya pasado un año, al menos ya no volvió a visitarte luego de un par de mis golpes, lamento eso por cierto, pero veo que tú sigues igual siempre tan adverso, me siguen gustando tus reflejos, ¿Pensaste en mi propuesta?
—No se preocupe por eso, es un gusto atender a cualquiera, y gracias supongo... y sobre eso, mi respuesta es la misma, no quiero pelear realmente
—Como quieras, amigo—tomó distancia y se dispuso a irse—Cierto deberías ir rápido a tu carpa, no vaya a ser que venga la princesa, además te puedes llevar un bonito espectáculo
—¿Espectáculo?—se cuestionó viendo como se alejaba su superior
Llevo las manos a sus bolsillos y camino con la intención de ir hacia la carpa que llevaba un parche cosido donde decía "Médico de combate"
Cuando ya se estaba acercando escucho ruidos de frustración, curioso fue a investigar.
Tweek había decidido practicar solo con su arco, llevaba el torso descubierto, y tanto su cara, brazos, abdomen, pecho estaban pintadas de rayas negras, un pequeño consejo que le dio la princesa.
Los movimientos que Tweek hacía eran rápidos, limpios, con precisión lograba atinar correctamente en el centro todas sus flechas, el sudor le caía de su cara, y se tomó un momento para respirar, sintió la presencia de alguien y logro ver a su amigo.
Con sorpresa le sonrió y saludo con una mano mostrando una sonrisa contenta. Era un gesto simple, normal, algo que podrías mostrarle a un amigo.
Pero para Pete, la imagen era muy diferente, él no se enfocó mucho en el gesto, podía ver bien las gotas de sudor, el cómo le goteaba de su mandíbula perfilada, sus cabellos tales rubios le parecía los de un ángel con esa piel pálida, los ojos azules parecían tener toques amarillos, y en su torso desnudo se podía notar la pequeña cintura que tenía, dejando en descubierto esos brazos fuertes por el duro entrenamiento.
Con la mano izquierda lo saludo de vuelta, era raro, él no era zurdo, una sonrisa nerviosa se le escapó, sus pómulos se tiñeron de rosa, cuando vio que se acercaba su compañero centro su cuerpo erizar.
—¡Pete! No te había visto, me alegras mucho que estés aquí
—Sí...—desvío su mirada intentando no verlo a los ojos
—¡Dioses!—se estiró—estos días han sido duros, espero que a ti te esté yendo bien—llevo su mano al hombro de su contrario
El tacto para Pete era poco común, pero en estos últimos años lo había permitido mucho, y sobre todo cuando estaba con esta persona, se sentía cálido, feliz cuando lo veía sonreír, y no entendía bien que era lo que sentía.
—Sí... la princesa solo me deja que haga algunas pociones para ayudar subir la energía y supongo que se han emocionado, han venido varios a mi tienda... pero no te he visto a ti...
Asustado por eso último a Tweek le dio un tick soltando su característico "¡Ack!" Dejando su agarro con el hombro de su compañero rápidamente agito las manos
—¡Lo lamento! ¡He estado ayudando a Scott y a Jason con sus prácticas y no he podido visitarte!
—Está bien...—sonrió ligeramente mirando hacia la nieve—¿te invito un poco de agua?
—Claro—lo comenzó a seguir
Tweek camino a la derecha de Pete, le abrió paso a su carpa, respirando antes ligeramente el aroma de su contraparte, ese aroma que siempre le había encantado
"Café", pensó Pete y en silencio se maldijo así mismo por los extraños sentimientos que había adquirido, él solo no quería pensar en eso
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Cenizas de Verdad
FantasyTras el robo de la vara de la verdad, la oscuridad comenzó a tomar el bosque mágico, y la guerra entre los reinos de Kuppa Keep y Zaron se desató por los últimos ocho años. Craig, que heredó la agilidad de combate de su padre, no pasara desapercibid...
