Cap 2

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Isa en el multimedia.

Una sonrisa diabolica apareció en mi rostro. Saqué de mi bolsillo mis tijeras y lo miré de pie a cabeza, al hombre las lágrimas se le salían, pero verlo así de asustado a mi me daba felicidad. Me senté arriba del hombre y le dije:

—Golpear a una mujer, golpear a una mujer que es tuya, tu esposa, es de cobardes ¿Lo sabías?— solté una risita
—Seguro en el momento que la maltratabas te creías el mejor ¿Eh? Pues no, no lo eres— le abrí la boca y le encaje la tijera en la lengua del hombre, él gritaba, cada vez más alto, la sangre corría de su boca, los dientes estaban todos rojos.

—Matalo— habló mi abuelo.

—No joven por favor no me mate, se lo suplico— hablaba muy enredado al tener aquel hueco en su lengua, lo agarro del pelo para terminar rompiendole el cuello —¡AAAH!—las lágrimas del hombre salían sin parar —Tengo hijos—

—Tus hijos tenían a su madre, no les hace falta un padre tan cobarde como tú— lo mire de pie a cabeza —Estudié el cuerpo humano durante nueve años, todos no son iguales porque todos no tienen la misma formación, pero el tuyo es uno natural, fácil de matar, jeje— de mi bolsillo saqué el arma que me había regalado mi abuelo mi primer día de entrenamiento. Me paré frente al hombre y le disparé en medio de las dos cejas, el hombre se quedó con la boca abierta y cayó para atrás. Le tomé el pulso, y afirmativo, lo maté. Sonreí de lado con los ojos cerrados.

—Yilmaz—

—Diga abuelo—

—Revísele el pulso al hombre— mi primo asintió e inmediato hizo lo que mi abuelo le pidió.

—Está muerto— pude notar la cara de felicidad de los hombres de la familia.

—¡Emel!— gritó el abuelo —Me gustó en la forma que lo torturaste, y la mirada diabólica— bajé la vista, por primera vez había matado a alguien, y se sentía tan bien al hacerlo.

—Sobrina— el tío Cemil me cargó y me sentó en su hombro —Bien hecho enana—  que bien se siente que todos te halagen así. el tío Cemil chocó los cinco conmigo y todos salimos de la oficina del abuelo —Esto hay que celebrarlo—

—Tranquilos, no quiero nada— sus caras cambiaron.

—Pero tenemos que darte algo aunque sea— habló el tío Cahil, no lo pensé dos veces.

^^^^

Me encontraba en el auto de mi primo Yilmaz, él me llevaba a una tienda de armas, tuve la gran idea de comprar todas las armas que yo quisiera.

—No pensé que ibas a pedir algo así— me reí, ambos estábamos en los asientos delanteros.

—Solo tengo un arma, necesito más—

—No entiendo tu obsesión con la mafia—

Mi primo puso su mano en mi muslo, rápido  la quité —Hey tranquila— le eché una mirada asesina y él volvió su vista a la carretera.

Llegamos al lugar, habían un monton de armas, todas lindas, habían cuchillos especiales, dinamitas, de todo. Me quedé embobada.

—Escoge primita— una sonrisa se formó en mis labios de oreja a oreja, habían tantas que ni sabía —¿En serio una ametralladora?— solté una risita.

—Es una de mis favoritas ¡Aparte! Una ametralladora es un arma de fuego automática diseñada para disparar una cantidad de munición—

—Veo que sabes mucho de armas— sonreí de lado y seguí buscando más armas.

Cogí dos metralladoras, una escopeta semiautomática, un fusil de asalto y dos revólver.

—¿Nos vamos?— me preguntó él pero yo negué con la cabeza.

—Aún no—

—¿En serio, dinámita?—

—La dinamita es un explosivo muy potente compuesto por nitroglicerina, una sustancia explosiva líquida a temperatura ambiente y muy inestable que al ser absorbida en un medio sólido, se convierte en un explosivo más estable— él se quedó boca abierta —Ni hables— cogí dinámita más unas pequeñas bombitas y varias cajitas de balas —Ya vamonos— él sonrío de lado y nos fuimos para la casa.

3 meses después.

Me hallaba en el bosque. Cuando era niña mi padre me construyó una cabaña allí, hay que veces me quedó aquí a dormir. Aquí es donde guardo mis armas, y afuera es mi lugar de entrenamiento, para mejorar mi puntería y esas cosas. Si fuera tan buena en la puntería como lo soy en las artes marciales dominaría el mundo.

—¡Mierda!— grité, nunca doy en el blanco, puta mala puntería que tengo.

—Si protestas así, no mejoraras— miré para atrás, mi abuelo estaba allí.

—Hola abuelo— sacudí mi mano a modo de saludo.

—Hija mia, necesito que conozcas a una persona— me quedé callada, un auto negro se acercaba a nosotros, estacionó al lado de mi abuelo, y de allí bajó un chico, parecía mayor que yo. Tenía un hermoso pelo rizado, de color castaño oscuro, con unos bonitos ojos miel. Me le  quedo mirando extrañada.

—¿Quieres que lo mate?— el chico soltó una risita, una risita, demasiado bonita para así decirlo.

—No Emel— dijo mi abuelo serio —Él es el nieto de mi amigo Ali Pasha— cuando era niña mi abuelo me mencionó que tenía un amigo desde muy jóvenes, llamado Ali, otro miembro de la mafia, años después lo conocí y es un hombre bastante educado —Él es Osman— hice una pequeña sonrisa y me acerqué al chico, le dí la mano.

—Mucho gusto Osman— el chico parecía medir 1.85, en cambió yo me quedé chiquita y mido 1.64 —Soy Emel Yaman—

—El gusto es mío Emel— 

—Si me disculpas Osman Pasha, voy a seguir trabajando con mi puntería— dije, tratando de evitarlo. Podía sentir como mis mejillas se sonrojaban, es que el tipo era súper lindo.

—Emel— me habló mi abuelo —Osman es bueno en la puntería—

—Me alegro por ti Osman— intentaba usar el sarcasmo para ver si así los dos se cansaban de mi.

—Él te puede ayudar—

¡Que mierda le pasa a mi abuelo!

—Gracias por ofrecerte Osman, pero yo puedo aprender sola— el chico se acerca a mi y toma mis manos, tenía un rifle en ellas y apuntó hacía mis muñecos de entrenamiento.

—Dispara ahora— hice lo que dijo, y me quedé asombrada, por primera vez en mi vida había dado en el blanco, lo miré de pie a cabeza —Yo te puedo ayudar con la puntería, y tu a mi con las artes marciales-— sonreí de lado y le dí la mano.

—Vale Osman— él asintió.

—Nos vemos chicos— dijo el abuelo, se viró de espaldas y se fue.

—Me dijeron que ya mataste a alguien— yo solo asentí

—No fue la gran cosa, lo torturé y luego le disparé entre las dos cejas—

—Para una chica de quince años, si es la gran cosa— no le presté atención, y seguí practicando mi puntería.

—Osman ¿Que edad tienes?—

—Tengo diecisiete—  dos años mayor que yo, nunca me ha importado nada de eso del amor, pero él me llama la atención. No sé, siento algo raro cada vez que me mira, como si hubieran cádaveres con alas dentro de mi y cada vez que sus ojos se posan en mi comienzan a volar por todas partes, esa sensación me dan ganas de vomitar, me siento rara solo al pensar sobre ese tema del "amor" —Te quedaste pensativa— mierda es muy observador.

—¿Por qué veniste aquí Osman?_ el me mira extraño —¿Por qué aprender artes marciales conmigo? Podías meterte en Karate y ya—  él suelta otra vez esa risita pero está vez más masculina.

—También te quería conocer— Ay no, otra vez los cadáveres vuelan.

Una joven Mafiosa. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora