▪︎Prólogo▪︎

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Una tarde de septiembre

Por lo general, las personas me tienen miedo.

Creo que eso es algo completamente estúpido. Lo peor del caso es que además asumen que yo no tengo debilidades, que soy fuerte hasta en mis peores momentos y que no le tengo miedo a nada.

Perdonen mi lenguaje, pero creo que eso es una mierda.

Tengo muchos miedos, soy muy débil cuando se trata de enfrentarlos y hago cosas estúpidas por eso.

He hecho cosas horribles de las que me arrepiento por esa misma razón pero, irónicamente, me da miedo pedir perdón. No quiero que las personas me vean como alguien débil por tener algo de humanidad en mí.

Pero, sobre todo, tengo miedo de que el mundo vea que he sido lo mejor que puedo ser. Todo este tiempo he estado mintiendo, y yo mismo he estado viviendo esa mentira. No soy fuerte como quiero aparentar, en realidad soy un maldito cobarde que esconde sus inseguridades haciéndole la vida imposible a los demás.

Honestamente no tengo idea de cómo empezar esto. No soy bueno con las palabras, pero debería explicarles la razón de mi forma de ser. Para eso, lo mejor sería empezar esta historia desde el principio.

— ¡Teiko! ¡Hiroshi! ¡Sumi! ¡Vengan rápido!

Una pequeña voz resonó en toda la casa, seguida de el sonido de unos pies ligeros corriendo rápidamente por el pasillo.

— ¡Niños, no corran en el pasillo! — grité desde la cocina. Sabía que Genya no tenía más intención que jugar con sus hermanos, pero temía que fuera a ocurrir un accidente.

Ese día hacía un frío infernal. Apenas había empezado el invierno, sin embargo aquel frío hacía que los huesos dolieran, y nuestra humilde morada no ayudaba mucho, pues las paredes y el techo parecían caerse a pedazos. Para colmo, no había casi comida y mi madre estaba enferma. A penas quedaba un poco de arroz, que ni de broma sería suficiente para alimentar a siete bocas hambrientas, sin contarme a mí.

Mi madre era una mujer pequeña. Era una persona increíblemente trabajadora, no recuerdo haberla visto descansando nunca. Mi corazón dolía al verla trabajar día y noche sin descanso por nuestro bien, criar siete hijos no es tarea fácil. Como el hijo mayor, era mi deber ayudar en esta tarea, pues mi padre había muerto un par de meses atrás, y no teníamos a nadie más que pudiera sostener a nuestra familia.

Bueno, tampoco es como si él hubiera hecho mucho por nosotros. El tipo era un bastardo, vivía sin hacer nada, ignorando su deber como padre y entregándose de lleno al alcohol. Además, era un hombre violento. Recuerdo haber ayudado a mis pequeños hermanos a esconderse de sus golpes cuando yo era a penas un niño. Y no le bastaba solamente con golpear a mis hermanos, no, sino que, si no podía golpearlos, se desquitaba con mi madre. Creo que su muerte fue más que nada un alivio para mí. Siento que debería sentirme mal al respecto, pero él era una carga en nuestras vidas. De todos modos, ni siquiera nos proveía de alimentos o protección, sino que era más bien una amenaza para nosotros.

El viento soplaba fuertemente, haciendo que las ventanas de papel y las puertas corredizas temblaban. El aire helado se colaba en la casa, y respirarlo hacía que los pulmones dolieran.

Cicatrices || Kimetsu no Yaiba fanfic ||Donde viven las historias. Descúbrelo ahora