¿Qué había hecho? Los ojos de Zhang Hao llevaban clavados en el techo horas, había visto salir la luna y ahora el sol, se estaba volviendo loco. Él mismo lo creía. De dónde había sacado el coraje que hace unas horas le hacía preguntar a ese desconocido con tanta confianza que hiciera música con él.
Qué le iba a decir a su novio ahora, conocía como era, y tenía honestamente miedo de su reacción. Giró sobre sí mismo intentando conciliar el sueño, volvió a girar otra vez, y otra vez más sin llegar a conseguirlo. Realmente estaba loco.
-Miró su teléfono, las 6 de la mañana. Aún le quedaba tiempo para ir a clase pero no podía estar más en la cama, que sentía, le recriminaba por sus actos. Se levantó cuidadosamente intentando no despertar a Matthew que dormía placenteramente con una sonrisa en la otra cama. Lo envidiaba, aún sin saber que pasaba por su cabeza.
Salió de su casa y se dirigió a la universidad, frenó antes de entrar y miró el edificio a su derecha. Aquel era el ala de magisterio, dónde conoció a HanBin. Se dirigió hacía aquel lugar y subió hasta la misma sala. Se sentó en uno de los pupitres que daba a la ventana y se dejó bañar por la luz del sol de la mañana mientras pensaba.
Realmente no conocía nada del pelinegro, no mucho más allá de su nombre y apellido, que no tocaba ningún instrumento, que trabajaba en una cafetería y que tenía novia. Pero había algo en él que le hacía sentir familiar, quizás era su forma de ser, cercana y que le había tratado dulcemente desde el primer momento. Hao sintió en él una conexión desde el primer momento en el que sus ojos coincidieron, no podía, aún, ponerle nombre.
Sacó la partitura de su cartera y la abrió, perfiló con sus dedos las notas escritas por Sung, torpes pero con cierto sentido. Estudió con cuidado la continuación y modificó algunas claves del principio. Se perdió en aquellas líneas, jugando con el lápiz que trazaba "dos", "sis" y "las" con diversión. Solo el sonido de la puerta le despertó de su ensoñación, miró a la persona culpable del ruido, era él.
HanBin le miró, ahí sentado, con el sol aclarando el marrón de sus ojos, bronceando su piel. Su pelo descolocado y aquél brillo que surge del amor por algo, la música. Sung se quedó parado, sintiendo como el calor recorría su cuerpo, conocía ese sentimiento, pero se limitó a ignorarlo por el momento. Porque sabía que no traería nada bueno.
-Buenos días -Esta vez fue Hao el primero en hablar, aunque había soñado con evitar la conversación toda la noche por su timidez, era él el que ahora tomaba la delantera.
-Buenos días -le respondió el menor, quien se acercó a él descolgándose la mochila- ¿Has venido a escribir? -Hao solo se limitaba a asentir. Bin acabó por sentarse enfrente de él. Mirándole primero y luego su trabajo- ¡Has avanzado! -exclamó con una inminente emoción. Hao le miró, la felicidad de HanBin era fácil de contagiar-
-Sí, no he avanzado mucho pero algo he hecho. Mira -se acercó levemente y señaló en el cuaderno- Escribiste algunas claves mal, el ritmo es algo distinto pero es impresionante si no sabes nada de música. -HanBin tapó su cara avergonzado por sus palabras-
-Intenté aprender cuando era más pequeño, mi madre se obsesionó con que tocara el piano, pero terminó por cambiarme a clases de danza.
-¿Bailas?
-Desde los 7... Quise dedicarme a ello pero no pude. -Hao le miró curioso esperando la continuación de la historia-
-No quería decepcionar a mi familia, aún así tampoco teníamos el dinero suficiente para poder entrar en alguna buena academia. Pero tampoco me arrepiento, ahora hago magisterio y doy clases los findes, no he terminado de renunciar a ello, además junto las dos cosas que más amo, enseñar y el baile. -Río, de verdad no le importaba, amaba lo que hacía y era consciente de que la realidad no siempre es justa.
-Hao se quedó callado. Lo entendía perfectamente, realmente sentía que se miraba a sí mismo en un espejo. El violín era su vida, pero no podía dedicarse a ello, de eso le habían convencido.-
-Bueno, dejemos mi vida y sigamos con tu partitura. De verdad quiero oírte tocarla -Lloriqueó mientras le reprendía.
-No traje el violín. -Le miró con ojos de cordero que hicieron gracia al pelinegro, Hao esperaba una bronca no una risa.
-Entonces solo deberíamos seguir escribiendo. El otro día fui a por libros a la biblioteca, por que claramente no sabía ni por dónde empezar -era cómica la situación pensó Hao, desde cuándo la música se hacía desde un libro y no desde el corazón.
-¿Piensas escribir música siguiendo las instrucciones de un libro? -Hao negó y cogió los dos grandes libros que había puesto el pelinegro sobre la mesa- ¿Acaso eres tonto?
-Bin le miró asombrado, y bajó la cabeza como cuando regañan a un niño- Perdón profe. -Y río por el ridículo de la escena, le gustaba esa sensación, sentir que se acercaba un poco más al moreno que en un principio parecía ser de un mundo paralelo al suyo.-
-Zhang Hao se sintió avergonzado por su rudeza, con HanBin era más fácil conversar, el pesar en su pecho generado en la noche se había esfumado con tan solo unas palabras. Su cara se puso roja y agitó su mano esperando a que Sung dejará pasar por esta vez su dureza.-
Cuando intentaron volver a retomar el trabajo que había hecho Hao ya era tarde, los primeros compañeros de HanBin entraban a clase y él volvió a ponerse tímido. Recogió sus cosas y se despidió rápidamente del pelinegro.
-Espera -Bin le siguió- Mañana vuelve otra vez, ahora sí, nos pondremos a trabajar en serio.
-Hao sonrió y asintió, por fin deseaba estar en algún sitio. Por fin comenzaba a sentirse cómodo.
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Broken Melodies - HaoBin
FanfictionHanBin está cansado de su vida, perdido en la monotonía del día a día. Sintiéndo que las cosas carecen de sentido. Cansado, dudoso de todo. Cuando comienza un semestre nuevo, algo ha cambiado esta vez. En aquella aula bañado por los primeros rayos d...
