"A veces quisiera ser ese fuego que todo lo extingue, y así quemar todo lo que hay en mi corazón porque hay días en que me parece que moriré si no lo saco de mi interior. No sé qué hacer con estos sentimientos, de pronto deseo tomarlos entre mis manos, estrujarlos y arrojarlos a un pozo, el más profundo que encuentre, enterrarlos para siempre. Otras veces lloro, porque si los pierdo entonces toda mi existencia deja de tener sentido, el solo pensar que pudiera olvidarte por lo mismo hace que los abrace contra mi pecho, buscando resguardarlos de todo peligro. Te has vuelto esencial en mi vida, te veo en todas partes, las perlas me recuerdan tus cabellos, por ejemplo, y me duele aquí dentro porque no estás conmigo. ¿Qué hago entonces? No hay nadie aquí con las respuestas acertadas, alguien que me diga cómo puedo amarte de la forma correcta sin que sea un suplicio, o bien, cómo es que puedo recuperarte pues el solo pensar en tu indiferencia me mata, me cuesta respirar y rompo a llorar sin más."
Aegon levantó su vista, respirando hondo con aquel diario entre sus manos, sujetándolo con fuerzas. Esos eran los pensamientos de Jacaerys cuando él marchó con la reina hacia Antigua para ocultar su embarazo. Leyó de nuevo esa parte, pasando un dedo por las apuradas letras, gotas de tinta manchaban algunas palabras por la premura, muestra de lo desesperada que estaba la mano que imprimieron esos sentimientos que nunca pudieron ver la luz del día hasta ahora cuando los leía en silencio dentro de su habitación con el mundo desapareciendo por ese breve espacio hasta volver en sí. Pegó el libro a su pecho, acariciando su pasta dura con los ojos puestos en el ventanal frente a él.
Esas anotaciones eran sin duda una muestra genuina de cómo se había sentido el rey todo ese tiempo, una revelación que lo dejaba estupefacto, desconcertado al no saber la forma correcta de tomarlo. Aquel diario le estaba mostrando un Jacaerys que nadie conocía, débil por momentos a causa de la presión de ser un heredero con la presión por cumplir todo al pie de la letra pues era la apuesta más grande de su madre, del reino en sí, rabioso en páginas más adelante pues se sentía prisionero de un mundo desagradable para su antojo, hipócrita en algunos casos. Le sorprendió mucho enterarse sobre la falta de cariño hacia sus antiguas esposas, nunca pudo tenerles afecto más allá de amistad brotada de una convivencia diaria y el lazo familiar, pero sin encontrarlas atractivas como para despertar su deseo.
Y en cambio, de solo pensar en esas noches que estuvieron juntos compartiendo su Celo, ese joven príncipe perdía la cabeza, como si le hubieran dado una droga que lo dejara loco por su cuerpo pese a ya no tenerlo cerca. Aegon jaló aire, cerrando sus ojos abrazando el libro contra sí. ¿Cómo era posible que luego de años pasados, Jacaerys pudiera seguir sintiéndose así? Lejos de que los sentimientos por él hubiesen menguado, casi extinguido como alguien más lo hubiera hecho, él permaneció fiel a ese cariño con todo y lo que ello representó más adelante.
Para Jacaerys, nunca hubo otro motivo más importante para vivir que el volverlo a ver.
Leer todo eso sanó una parte de él con heridas abiertas, sintiéndose un poco estúpido también por haber creído que solo había sido una noche de placer y nada más. Si tan solo hubieran sido sinceros el uno con el otro, si no hubieran temido las represalias...
Demasiados hubieras.
Aegon abrió sus ojos, mirando el diario que devolvió al cofre donde lo tenía guardado, quedándose con su mano sobre la tapa perdido en sus meditaciones. ¿Qué era lo que se hacía cuando uno se daba cuenta de que la flor dada por marchita se le encontraba floreciendo pese a las tormentas? No sabía bien cómo sentirse, qué pensar o hacer. Tan solo estaba seguro de que Jacaerys había tenido una vida de prisionero como él, menos tortuosa pero no por ello despreciable. Siempre atrapado entre el deber y lo que su corazón gritaba por ser. Le pareció que ambos habían navegado por aguas turbulentas por largo tiempo, dejándolos agotados y casi resignados a lo que viniera, encontrándose de nuevo en una pequeña isla, una débil esperanza de aclarar lo sucedido, ya no guardarse secretos.
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Sweet child o'mine
FanfictionAegon Targaryen, hijo de la reina Alicent, decide conservar ese cachorro producto de un error, aunque eso le pueda costar todos sus sueños.
