13. "¿nos volveremos a ver?"

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Era su primera copa de la noche y se había ordenado un daikiri, a diferencia de su novia que se había ordenado una jarra de cerveza.

"Te ves preciosa esta noche, amor." Habló Valeria con un tono elevado de voz hacia su chica y esta se sonrojo mientras acercaba su mano a la suya, agarrándola con suavidad.

"Tú también amor, hice una buena elección en tu atuendo." Bajó la mirada hacia sus pechos y luego soltó una risita, ya comenzaba a soltarse un poco más con su novia y agarraba confianza. "Muchas gracias por traerme... ¡Aún no puedo creer que estemos aquí, es mi primera vez en una discoteca y se siente genial!" Movió sus manos y cuerpo al ritmo de la música aun sentada en su lugar, estaba frente a frente con su pareja.

"Te vas a divertir, cuando se haga más tarde pasaran mejor música y ahí saldremos a bailar... La de ahora es muy mala o yo estoy muy desactualizada con la chaviza."

"Creo que es la segunda opción, amor." Notó que había espacio al lado de su novia y se levantó de su lugar para tomar asiento a su lado, apoyando su cabeza en su hombro. "Muchas gracias, en serio, te quiero mucho." Volteó su cabeza y dejó un pequeño besito sobre su mejilla.

"Yo..." Quería decírselo... Pero no se animaba, sentía que estaba yendo muy rápida y no quería espantarla al ser 'intensa' "Yo también te quiero, mi preciosa princesa, te quiero como no te imaginas."

Daisy se sentía en el cielo, estaba pegada a su novia mientras le decía lo mucho que la quería y no había forma que pudiera no sentirse feliz por aquello.

Pero antes de siquiera poder decir palabra alguna, fueron interrumpidas por el mesero que las estaba atendiendo que les trajo sus bebidas y la orden de aros de cebollas que pidieron para compartir, usualmente los camareros solían dejarle su número a la chica que se les hacía guapa y Daisy no había pasado por desapercibida por ninguno de ellos, todos querían atender a las chicas y poder coquetear con la rubia... La pelinegra también se les hacia guapa pero les asustaba, por lo qué optaron ir por quien se les hacía más fácil, debido a que Daisy se había mostrado amable con todos.

Pero antes de que el camarero pudiera dejar su número, Valeria tomó del mentón a su chica para así besar sus labios con cierta intensidad y demostración de territorio, todo esto sin separar la mirada del empleado.

"¿Se te ofrece algo?" Le preguntó la mayor al chico y este negó rápidamente aún impresionado por lo que había visto. "Lárgate entonces, mi novia y yo queremos estar solas"

"Vale, no tienes que ser tan gruñona con el resto." Habló en un tono dulce la menor sin borrar su pequeña sonrisita, mirando totalmente embobada a su novia, le encantaba cuando ella actuaba de esa forma por más que demostrara lo contraria, se sentía... De su prioridad, que le pertenecía.

Y lo hacía, Valeria la había reclamado suya desde el primer momento en que sus ojos enamorados se posaron en ella el día que se escapó del castillo.

Porque sí, llevaba mucho tiempo enamorada de ella.

"Aquí tienen que aprender que eres la mujer de la patrona, eres mía y de nadie más, Daisy." Su mano izquierda bajó a su desnudo muslo, acariciando este con cierta lentitud y erizando su piel al instante.

"Solo soy tuya... Nadie va a robarme." Dejó un casto beso en sus labios mientras actuaba de forma seductiva, adoraba dejarse llevar por su mujer.

"Ni tendrán la oportunidad." Nuevamente besó sus labios, pero esta vez de una forma más apasionada y necesitada, necesitaba a su novia.

Su mano puesta en su muslo subió lentamente por debajo de su falda de jean, separando sus piernas levemente con sus dedos, sacando así un pequeño gemido de los labios de Daisy, a quien aún tenía atrapada en sus labios con su lengua saboreando la suya.

𝙎𝙬𝙚𝙚𝙩 [𝙑𝙖𝙡𝙚𝙧𝙞𝙖 𝙂𝙖𝙧𝙯𝙖]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora