Aelia Morgan, una talentosa artista de 25 años, se encuentra en una encrucijada después de un accidente automovilístico descubre que su vida corre peligro. Con un padre millonario que haría cualquier cosa para protegerla, se ve obligada a aceptar la...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Jhon
Estaba tan exhausto que decidí ir a darme un baño, realmente lo necesitaba al igual que necesitaba liberar el estrés acumulado del día. El agua caliente cae sobre mi cuerpo, relajando mis músculos tensos. Cuando salí de la ducha, me di cuenta de que el vapor había empañado el espejo del baño. Con un suspiro, tomé una toalla y comencé a limpiarlo. No me gustaba mirarme al espejo, odiaba al monstruo que veía reflejado en él.
Me vestí con un pijama cómodo y me senté en la cama. Aún podía sentir el peso del día en mis hombros, pero al menos me sentía un poco más relajado después de la ducha. Tomé mi portátil para ver las cámaras de seguridad y me di cuenta de que Aelia yacía en el suelo, visiblemente borracha y llorando, con la botella de whisky a su lado. A pesar de nuestras diferencias, no pude evitar sentir compasión por ella en ese momento.
Bajo las escaleras y sin pensarlo dos veces, me acerco a ella y la levanto con cuidado, sintiendo su peso en mis brazos. Ella esconde su rostro en mi cuello y balbucea cosas inentendibles.
Decido llevarla a su habitación, sabiendo que necesitaba descansar y recuperarse. Le saco su chaqueta de cuero con cuidado y sus zapatos, ella seguía balbuceando cosas, que esta vez un poco si se le entendía.
─ Los odio.
Fue lo último que dijo para luego hundir la cara en las almohadas, tomó una manta cercana y la cubro, apagando la luz para dejarla descansar.
La mañana siguiente salí a correr temprano, antes de que todos se levantaran. Mientras corro por las calles, disfruto de la tranquilidad de la mañana y la sensación de libertad que me brinda el ejercicio. No me voy muy lejos de la casa de los Morgan, solo lo suficiente.
Después de dos horas de trotar regreso a la casa, el auto del señor Morgan no estaba, se marchó temprano esta mañana. Voy a la cocina por un café y allí estaba Aelia, sentada en la barra con las manos en la cabeza, junto con Margaret, la ama de llaves, quién lavaba los platos.
─ Buenos días Margaret ─ le saludo.
─ Buenos días, señor Black.
Aelia levanta la cabeza escudriñándome lentamente de arriba abajo lentamente, hasta que se encuentra con mi mirada, aparta la vista nerviosa, avergonzada de ser capturada.
─ Señorita Morgan ─ Digo a modo de saludo.
─ Jhon.
─ Señor Black, ¿le preparo algo para desayunar? ─ Pregunta la ama de llaves antes de que yo logre abandonar la cocina.
─ Un café estaría bien Margaret, gracias.
Antes de que pueda dar un solo paso la voz de Aelia, me hace girar nuevamente.
─ Jhon, espera.─ piensa un poco lo que va a decir, parece nerviosa, por lo que supongo quiere decir algo con respecto a lo de anoche, pero de la nada su actitud cambia, ya no está nerviosa si no segura. ─ Tengo una reunión en una hora, así qué saldremos en cuarenta minutos.
Me dirijo a mi habitación para darme una ducha rápida y luego me visto con un jersey de cuello alto negro con unos pantalones ajustados del mismo color, tenis blancos, mi reloj y mi arma. Después de bajar y tomarme el café espero a Aelia con el auto encendido. Miro mi reloj y señorita exigencia está diez minutos demorada, estaba por ir a buscarla, pero no era necesario, ya estaba viniendo. No pude evitar quedarme hipnotizado por su presencia, su jersey azul cielo resaltaba su tez clara y sus ojos brillantes. Su falda corta blanca le daba un toque de elegancia y sofisticación, mientras que las botas altas hasta las rodillas del mismo color le daban un aire de confianza y determinación. Su cabello suelto caía en cascadas suaves y sedosas alrededor de sus hombros, dándole un aspecto natural y radiante.
Me sentí abrumado por su belleza, pero me obligué a mantener mi postura, sabía que debía mantenerla y ser profesional en todo momento. Abro la puerta trasera del coche para que ingrese.
─ Quisiera ir adelante, si no te importa.
Cierro la puerta y abro la del copiloto para que ingrese, no sin antes dedicarme una sonrisa triunfante.