Capítulo 1: La llegada del dios del sol.

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Fue venerado como el dios del sol, de la luz y del día, poseedor de una gran belleza al igual que su hermana gemela, Artemisa. Frutos del amorío entre el rey de los dioses Zeus y la hija de dos titanes, Leto. Hijos bastardos que ocupan un lugar entre los olímpicos, Se dice qué al cuarto día de nacer, Apolo pidió un arma y fue Hefesto quien le proporciono el arco más perfecto y las flechas más certeras. Suspiro y dejó el libro en la estantería correspondiente. Natalia, una mujer de pelo negro con ropas de entrenamiento que se encontraba en la casa del patriarca ordenando los antiguos libros de la biblioteca, era una guerrera de plata que no había participado en la lucha contra Hades dado que no hacía mucho había recibido la armadura de Vela. La guerra contra el dios había terminado hacía un año y la paz volvía a reinar, claro que las batallas habían dejado incontables bajas y ahora los cinco caballeros de bronce vencedores, se preparaban para recibir las armaduras doradas correspondientes a su signo para ocupar el lugar de los antiguos caballeros dorados quienes perecieron en el muro de los lamentos.

–Natalia –la llamaron y ella hizo una reverencia al ver quién era– ¿Has terminado de ordenar los libros?

–Ese fue el último, señorita Atena.

–Siento mucho que tengas que hacer esto –se disculpó por no poder darle misiones más importantes.

–No se preocupe, me alegra serle de ayuda... aunque solo sea con esto, pero no voy a negar que me gustaría estar en el campo de batalla –sonrió nerviosa tras la máscara.

–Un nuevo cambio se aproxima y tu papel en el mundo va a ser más claro, así que no te adelantes a luchar.

–¿Ha visto algo, mi señora? –preguntó ilusionada.

–Tengo razones para creer que mi padre no está contento con haber desafiado a los dioses –le dijo de pronto.

–¿Habrá otra guerra? –preguntó casi emocionada por ello.

–Evitare que eso suceda.

Natalia se puso firme y asintió, por más que quería ir a la guerra y luchar por su diosa era un hecho que cumpliría con cualquier mandato que se le dijese, como era el caso de ordenar los libros de la biblioteca.

–Ve a descansar, has de estar exhausta.

–Estoy muy bien, diosa Atena. Todavía puedo seguir, tengo guardia está noche.

–Con mayor razón deberías ir a dormir un poco, anda ve.

Natalia asintió por no querer llevarle la contraria a su diosa, se colgó su armadura al hombro y se retiró hacía las cabañas. Recorrió el camino por las doce casas vacías, pasó por el skené de la arena de combates, viendo a los reclutas entrenar y siguió su camino más desanimada de lo que había estado en mucho tiempo, porque algunos de esos reclutas estaban a punto de convertirse oficialmente en caballeros a temprana edad y ella con veinticuatro años apenas había conseguido su armadura de plata. Tantos años de entrenamiento y tantas guerras en las que no pudo participar, Se sentía toda una inútil y los rumores acerca de ella no hacían más que ayudar a ese pensamiento.

"esa es la chica..." "...dicen que no consiguió elevar su cosmos hasta los veinte años" "es solo una civil con una armadura" "...no tiene fuerza, es débil" entre tantos otros.

Suspiró con pesadez y se adentró a su cabaña para poder dormir unas horas antes de la guardia nocturna, más se encontró a su maestra allí sentada en una silla junto a la mesa.

–¿Vienes del templo del patriarca? – pregunto la pelirroja.

–Si, maestra Marin. He estado ayudando en la biblioteca... – le respondió cabizbaja y su maestra pudo notar su tristeza.

Su sol personal - Apolo x ocDonde viven las historias. Descúbrelo ahora