Capítulo 2: Una fracción de historia.

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Apolo fue el segundo en pasar a la cabaña y cuando lo hizo se fijó en que era una casa con pocas comodidades ya que tenía una cocina y un comedor juntos en la misma sala y solo dos puertas además de la de la entrada, seguramente el baño y la habitación. Los colores eran simplemente el barniz de la madera por todos lados en tono uniforme, solo la cocina parecía tener encimeras de mármol blanco y el extraño artefacto a un lado era de color azul opaco.

– Puede dormir en mi cuarto, yo dormiré en la sala –le dijo sacándolo de su exploración.

– ¿Qué es eso azul? –le preguntó para sacarse la duda.

– Es la heladera –le contestó extrañada de que no la conociera– sirve para guardar los alimentos que pueden pudrirse o necesiten estar fríos ¿Nunca había visto una? –le preguntó mientras abría la misma.

– Los dioses olímpicos apenas comemos, no nos hace falta, somos inmortales. – le dijo tirando su pelo hacia atrás.

– claro entiendo... bueno aquella puerta –señalo la de la derecha– es la habitación puede dormir en ella.

– ¿tienes dos camas?

– No, solo es una, puede usarla con comodidad, le aseguro que está en buenas condiciones se fue hasta la puerta y la abrió para mostrarle lo que decía.

Natalia pensó entonces que ahora ya no podría dormir cómodamente, tendría que portar la máscara en todo momento, sería una misión difícil, pero la cumpliría por su diosa. Mientras tanto Apolo negó con la cabeza.

–No soy un dios cruel, eres una dama y además casi no necesito dormir tampoco, puedes tomarla tú.

–Insisto, no me hace falta, tengo guardia... –se cortó ella misma mientras pensaba en que pasaría con sus guardias nocturnas de aquí a que terminara la misión. Tendría que preguntarle a su maestra.

–¿Está todo bien? –El rubio la miró curioso nuevamente.

–Si, lo siento, solo pensaba en algo... no es de importancia.

Unos golpes en la puerta principal los alertaron y Natalia fue a abrir pensando que era la diosa Atena. Fue una sorpresa verse frente a su maestra, quien de inmediato miró hacia Apolo que seguía de pie en el medio de la sala.

–¿Puedo preguntar si este hombre ya vio tu rostro como para estar dentro de tu cabaña y medio desnudo, Natalia? –preguntó con severidad.

–¡ay! ¡Por Atena que no! Lo siento mucho maestra –hizo una reverencia– es una orden de la señorita Atena –se levantó y señalo al hombre– es el dios Apolo, mi misión es mostrarle como vivimos los humanos.

–entiendo, si es una orden directa no puedo hacer nada, pero ten cuidado, que sea un dios no lo exime de las reglas.

–Claro que sí, maestra. Lo comprendo perfectamente.

Apolo quien las miraba en silencio, se extrañó de aquello y es que todo lo que pasaba en ese santuario le parecía raro. ¿No lo eximía de las reglas? ¿Quiénes se creían?

–Soy un dios, sus reglas humanas no me... –quiso decir enojado.

–Dios Apolo, con todo respeto –le cortó Marin, mientras Natalia se hacía a un lado ya que no quería estar en el punto de mira de la ira de su maestra– la máscara que portamos, es un símbolo de igualdad entre los santos y guerreras de Atena y no permitiré que manche el orgullo de mi discípula. ¿Ha quedado claro? –su tono era suave pero firme, lo que causo que Apolo sonriera y le contestara.

–Ha quedado claro, señorita. –no buscaba pelear contra las damas por lo que obedeció tranquilamente aun sin saber a qué se referían. Marin entonces miro a su alumna y le coloco las manos en los hombros a modo de ánimo.

Su sol personal - Apolo x ocDonde viven las historias. Descúbrelo ahora