Llama a la puerta y te abro,
sube la escalera y nos vamos
allá donde están las luces rojas,
con reggaetón oscuro en el cuarto.
Vamos al cuarto rojo,
porque excepto bailar,
tú y yo vamos a hacer de todo.
No te vas a querer marchar.
Con besos me empiezas a calentar,
venga, acaríciame la piel
que eso lo voy a hacer yo también
para empezar con intensidad.
Y es que tan caliente estás
que viniste ya con esa idea,
tú eres la que quiere grabar
lo que no sabes cuánto durará.
Tú me tocas y yo te toco,
mueves la mano lento,
igual que yo hago con mis dedos,
arriba y abajo, fuera y dentro.
Adelante y atrás, arriba y abajo
es el gesto que tú estás haciendo,
manoseando mi erecto miembro,
que a su vez a la boca te estás llevando.
Antes de que toque tus labios,
quiero volver a besarlos,
antes que nada, hazlo
y luego empiezas a saborearlo.
Mientras, tu tesoro yo saboreo,
que yo sé que te vuelve loca,
aunque esos labios no son de tu boca,
pero siempre acabas con lágrimas gimiendo.
Suficiente tiempo ya mi piel
parece que has tenido en tu boca,
pues no está dentro, sino al aire,
esperando ya otra cosa.
Dejo de saborear lo que tienes,
ahí, ese tesoro entre tus piernas
y ya mi erecto miembro esperas,
entrando en ti, que se uniesen.
Rebotas encima de mí y te tengo
bien sujeta, agarrado con mis manos
de tus hermosas nalgas y preciosos pechos
mientras vuelves a darme besos.
Cambiamos de posición,
luego otra nueva postura,
probamos otra y más acción;
hacemos todas y no acabamos nunca.
La cama del cuarto rojo
es donde estamos matándonos,
haciendo sin parar de todo,
como animales peleándonos.
Te vuelvo a poner a cuatro,
tus nalgas vuelvo a agarrar
para poderlas a mi cuerpo pegar
mientras en ti sigo saliendo y entrando.
Los dos ya nos estamos,
sin un aparente fin extasiando,
parece ya el momento
en el que culmina nuestro orgasmo.
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Lo Que Disfruto Hacer
PoesíaAquí simplemente, al no tener una referencia, base ni nada, escribí lo que me salía
