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Alexander no se movió, estaba demasiado aturdido como para hacerlo.

¿Acaso estaba soñando? Debía ser una pesadilla si involucraba a Eros Rey, pero entonces, ¿por qué se sentía bien?

El rubio mordió el labio de Alexander como queja por su falta de respuesta y aprovechó el momento en el que el morocho jadeó sorprendido para introducir su lengua sin piedad alguna. El corazón de Alexander estaba como loco mientras que sus brazos estaban caídos a sus costados, demasiado atónito como para moverlos.

Alexander tenía tres opciones:

Apartarse, golpearlo o seguir el beso.

Y, ¡joder!, había una que era impensable, que jamás, nunca, podría elegir. Entonces, ¿por qué cerró los ojos?, ¿por qué llevó una de sus manos a la cintura de Eros, atrayéndolo un poco hacia su cuerpo?, ¿por qué su otra mano se enterró en el cabello del rubio? y ¿por qué, por qué, siguió el maldito beso?

La mano de Eros se trasladó del pecho de Alexander a la parte trasera del cuello del morocho, profundizando aún más el beso. La mano que momentos atrás estaba en la pared, bajó hasta posicionarse en el trasero de Alexander, pegando aún más su cuerpo al suyo y dando un apretón en el proceso. El morocho volvió a jadear, sorprendido por el movimiento, pero Eros no se separó y continuó besándolo. La distancia entre ellos era mínima; sus pechos estaban pegados, sus pelvis cada tanto se rozaban y Alexander podía sentir el calor del rubio envolviéndolo.

Era demasiado para procesar, pero una vez que Alexander fue consciente de lo que estaba sucediendo (o más o menos consciente) se dio cuenta que había dos cosas que principalmente le molestaban de lo que estaba pasando:

La primera, ¡se estaba besando con Eros Rey en una ducha de los vestidores! Cómo había sucedido o por qué estaba sucediendo eran dos preguntas que Alexander no sabía cómo responder.

La segunda y la más importante, lo que más le fastidió de la situación, ¿por qué él estaba contra la pared? No había forma alguna en la que el morocho fuera el sumiso. Menos que menos con Eros Rey.

Alexander, recayendo en ese último pequeño detalle y convencido que sólo estaba haciendo esto para aseverar su dominancia, frunció el ceño y de un empujón apartó al rubio de él. La espalda de Eros chocó con la pared enfrente a la que Alexander estaba apoyado y por un momento el rubio lució confundido, sin comprender el repentino rechazo, pero no tuvo tiempo de decir nada porque Alexander volvió a unir sus labios ferozmente, esta vez siendo él el que aprisionó a Eros contra la pared, poniendo ambas manos al lado de la cabeza del rubio.

Alexander introdujo su lengua en la cavidad de Eros con fuerza, tomando el control de beso y queriendo demostrar que él tenía el poder. Eros pareció notarlo porque, sonriendo de lado, tomó uno de los brazos del morocho y los giró de vuelta para que nuevamente Alexander fuera el que estuviera con la espalda en la pared; ambos gimieron por lo bajo cuando por el movimiento sus erecciones se tocaron. El beso era apasionado, una continua lucha para ver quien tomaba el control; cosa que por alguna razón Alexander encontró excitante.

Y no era el único.

Desesperado por tomar al menos un poco de control y no estando muy seguro de cómo esto lo ayudaría exactamente a imponerse sobre su enemigo, Alexander tomó el gran miembro semi duro de Eros con una de sus mano y le dio un fuerte empujón. El rubio con los ojos cerrados y murmurando una grosería, se separó un momento del beso mientras tiraba la cabeza hacia atrás. El agua mojó el cabello rubio y la frente de Eros. La mano del morocho continuó moviéndose arriba y abajo.

En el calor del momento Alexander aprovechó para mirarlo sin disimulo y sintió su pene endurecerse más todavía. Jamás lo admitiría en voz alta, pero ver a Eros excitado por él, por su tacto, le parecía la cosa más caliente que alguna vez hubiese visto y deseaba, aunque tampoco lo pediría (antes prefería morir) que Eros lo tocara de la misma forma que Alexander lo estaba tocando. El morocho sintió sus mejillas enrojecerse ante aquel pensamiento.

Mentiras piadosasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora