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—¡Beban un poco de agua y regresen sus culos a la cancha que vamos a jugar!—exclamó la entrenadora sonando el silbato.

El equipo se acercó a los bancos del costado donde sus botellas y toallas los esperaban.

—¿Duele ser el perdedor, Rey?—preguntó burlón Alexander agarrando su agua. Eros estaba al lado suyo con la respiración acelerada y el sudor cubriendo su frente—. Aunque creo que para este punto estás acostumbrado, ¿no es cierto?—dijo el morocho sonriendo de lado con soberbia. Aunque Alexander no estaba en mejores condiciones, cabello totalmente mojado por el sudor y la respiración a mil, al menos había salido primero en todas las carreras que habían hecho.

Eros observó al morocho con los ojos entrecerrados, claramente odiando ser recordado que había quedado segundo.

—No te preocupes, Díaz, ya vas a saborear la derrota cuando mi equipo gane—aseguró Eros sonriendo confiado y con un brillo animal en los ojos. Realmente detestaba perder y más todavía contra Alexander.

El equipo de fútbol había sido dividido en dos para jugar un corto partido los últimos minutos del entrenamiento y los archienemigos, "casualmente", habían quedado en equipos opuestos.

—Vaya, realmente soñar es gratis—suspiró Alexander.

Eros apoyó su botella de agua de vuelta el banco y observó a Alexander de arriba a abajo. Su uniforme sudado se le pegaba al cuerpo como una segunda piel, su manzana de adán subía y bajaba mientras el morocho tomaba agua; aquellos labios carnosos, con una sonrisa de suficiencia, fue lo que más llamó su atención. Una idea vino a la mente de Eros.

Alexander lo miró de reojo y los ojos de los dos se encontraron. Los ojos de Alexander que brillaban con desafío y ese orgullo de haber ganado se encontraron con la penetrante mirada de Eros.

—Bien. Entonces, si tan seguro estás de que vas a ganar, no te preocupará hacer una pequeña apuesta—comentó Eros con simpleza, encogiéndose de hombros. Como si estuviera diciendo algo obvio y retando a Alexander en el proceso a negarlo.

El astuto zorro sabía perfectamente que Alexander jamás se negaría, porque de hacerlo estaría no sólo admitiendo que su equipo perdería, sino también estaría acobardándose. Dos cosas que el morocho jamás haría. Pero, Alexander conocía esa mirada de Eros muy bien, demasiado bien, como para no saber que estaba tramando algo.

—Primero dime qué quieres—respondió el morocho tomando otro trago de su agua. Alexander le volvió a lanzar una mirada de reojo, desconfiado; había algo en la mirada de Eros que lo perturbaba.

Sin embargo, el rubio respondió con calma y sin dudar.

—Quiero que me la chupes—contestó con una seriedad jamás antes vista, el brillo oscuro en sus orbes destellando. De tan sólo imaginarse a Alexander de rodillas ante él...Joder...

El cuerpo de Alexander se volvió rígido. Se quedó inmóvil con la botella en los labios por un momento hasta que lentamente bajo la bebida y giró el rostro para enfrentar cara a cara a Eros. Los chicos se observaron en silencio; Eros con esa sonrisa y mirada retadora que Alexander no podía soportar.

El morocho se quedó en silencio por unos segundos. La conversación que habían tenido el día anterior vino a su mente y con ella la decisión de no dejar que Eros controlara el juego. El rubio lo estaba usando y Alexander no se quedaría atrás.

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⏰ Última actualización: Nov 23, 2024 ⏰

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