Hare que olvides de una vez el mundo entero.
Albus jadeó de dolor, su cuerpo agotado y desgastado por el peso del inminente parto. La fecha se acercaba a pasos agigantados, cada día que pasaba, el engendro dentro de él se movía con una desesperación inquietante, pateando sus entrañas con una voluntad propia. Había pensado en deshacerse de él tan pronto como saliera, pero esa idea se desvanecía rápidamente. Quizás su hijo pudiera continuar su legado de conquistar el mundo mágico, cobrando venganza por cada uno de los traidores que lo habían humillado. Era su última oportunidad, el último plan que le quedaba después de tantas decepciones.
—¿Qué estás mirando, imbécil? —gruñó, su voz cargada de rabia y frustración. —Tu mirada es repugnante.
Greyback soltó una risa irónica, acercándose con un aire de triunfo, inhalando el olor a leche materna que emanaba del joven mago. Colocó una mano con fuerza sobre su hombro, como si quisiera marcar su territorio.
—El momento ha llegado —dijo maliciosamente, su voz un susurro lleno de promesas sombrías.
Albus palideció de inmediato. Un líquido espeso comenzó a descender por sus piernas, acompañado de un dolor punzante que atravesó su vientre. Jadeó, sintiendo cómo el hombre lobo lo arrastraba hacia la cama, y el horror de la situación se apoderó de él cuando las contracciones comenzaron a llegar. Maldijo en todos los idiomas posibles; el parto había comenzado, y con él, una tormenta de emociones que lo desbordaba.
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Harry observó las gotas de lluvia deslizándose por la ventana, cada una como un reflejo de su propio dolor. Hoy se cumplían dos años desde la muerte de Remus y Sirius, dos años desde que su mundo se sumió en las sombras. Tocó el cristal frío, sintiendo la soledad que lo envolvía, como un manto pesado que no podía sacudirse. Incontables noches había esperado que llegara un día en el que pudiera sanar las heridas de su frágil corazón. Apretó su puño contra el pecho, abrazando con fuerza su oso de peluche, su único consuelo en un mundo que parecía haber olvidado su existencia.
Dolía, estrepitosamente, vivir. Cada suspiro desde su nacimiento había estado plagado de tragedias interminables. ¿Cuántas vidas se habían perdido solo por el lado de la luz? En el silencio de su encierro, se dio cuenta de que se escuchaban muchas cosas en el mundo mágico, menos su propia voz. Las nubes grises le recordaban sus días más oscuros, cuando se ocultaba debajo de las escaleras en casa de sus tíos. Pero, a la vez, le brindaban un consuelo extraño; un día como este, su destino lo encontró. Hubiera deseado morir en ese momento, pero la magia tenía otros planes para él. Se aferró más a las sábanas sobre sus piernas, odiando su propia fragilidad. No merecía ser tratado con amor; debía morir.
—¿Cuánto tiempo más me queda antes de ser encontrado? —se preguntó, sintiendo la desesperación apoderarse de él. Desconocía el estado del mundo desde su encierro, solo sabía que era de día por la luz del sol que se filtraba, pero no conocía ni siquiera el día en que vivía. Las flores que cuidaba eran su propia redención y esperanza; no podía cambiar el mundo, pero sí dejar algo hermoso, una pequeña huella de que alguna vez existió.
Una punzada de dolor atravesó su pecho, ese maldito dolor que parecía incurable. Sacó apresuradamente un vial del cajón, necesitando aliviar la asfixia que lo consumía. Bebió todo el contenido de un trago, arrojando el vial al suelo con desprecio. Respiró varias veces, odiando el dolor, odiando ser dependiente de los demás, odiando ser simplemente él. Las lágrimas comenzaron a brotar, y mordió sus labios, intentando calmar los gemidos lastimeros que se escapaban de su garganta. Era lo único que sabía hacer.
No debía perturbar la conexión con Tom; el hombre tenía suficiente que hacer en su trabajo como para molestarlo con sus problemas. Continuó mirando la lluvia, deseando con todas sus fuerzas que se llevara cada una de las cosas que lo atormentaban constantemente. La tristeza era un sentimiento pesado, que lo hundía cada vez más. No tenía idea de hasta cuándo seguiría el dolor, solo esperaba que su vida terminara pronto, para que todo acabara de una vez por todas.
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Rosylen. [ Harry Potter]
Fanfiction"Con solo una mirada, el cielo se estremeció de tristeza" Después de la muerte de sirius a través del velo de la muerte Harry decide abandonar al mundo mágico y así mismo viviendo en completa reclusión, tratando de ignorar el dolor de rechazar a su...
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