Capitulo 12.

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¿Recuerdas cómo era todo?

Harry observó el cielo, ahora teñido de un rojo ardiente. El cálido atardecer del verano lo envolvía como un abrazo familiar, pero, en su pecho, un vacío arrebatador reclamaba su atención. Avanzó lentamente, junto al señor Kusama, hacia las lápidas que marcaban la memoria de aquellos que le habían dado la vida, aunque nunca pudo conocerlos verdaderamente. Los nombres de Lily y James Potter estaban grabados en una caligrafía exquisita, como un eco de lo que alguna vez fueron; un recordatorio que lo mantenía anclado en ese momento.

Colocó un ramo de rosas rojas, símbolo de amor y pérdida, en cada tumba. Mientras lo hacía, recordó cómo había descubierto fragmentos de sus vidas a través del espejo de los deseos. Aquellos recuerdos eran un espejismo; una dulce ilusión que, al desvanecerse, dejó una amarga realidad. Agradeció profundamente al hombre que lo acompañaba, sintiendo un fogonazo de gratitud por permitirle este espacio de duelo.

La confusión lo inundaba. Todo lo que había creído cierto era una burda mentira elaborada por Albus Dumbledore. Se sintió un idiota atrapado en una red de engaños, en un teatro cruel donde cada acto era un doloroso recordatorio de su soledad. Trató de asignar un significado a la carga que llevaba en su corazón, pero las respuestas eludían su mente incesantemente. Un profundo anhelo de justicia y venganza, que había alimentado con furia, se desvanecía como humo entre sus dedos, dejando tras de sí solo un eco de vacío.

Respiró profundamente, tratando de limpiar las lágrimas de su rostro. Esa sería la última y primera vez que visitaría este lugar. En este instante, sepultaba todos los recuerdos tristes que lo habían atado a sus padres. La venganza ya no tenía peso en su corazón; en su lugar, había surgido la comprensión de su sacrificio.

—James y Lily Potter —susurró, sintiendo cómo las palabras reverberaban en el aire como un lamento ahogado—. Gracias por darme todo su amor.

Contuvo la respiración, consciente del peso de su verdad. A pesar de no haber sido su hijo biológico, ellos habían entregado sus vidas por él. Un sollozo brotó de su pecho, como una corriente de emociones que había sido reprimida demasiado tiempo.

—Se los agradezco mucho; gracias por cuidar de mí—. Su voz tembló mientras las palabras se escapaban, llevadas por la brisa cálida que arribaba, como un dulce murmullo, pasando entre las flores. - Muchas gracias.- Hablo entrecortado.

Hoy, finalmente, los dejaba descansar. El viento se llevó algunos pétalos, ascendiendo hasta el cielo, como un acto simbólico de liberación. En ese instante, por primera vez en su vida, Harry entendió lo que significaban las lágrimas de felicidad. Un momento de cierre, pero también uno de esperanza; en su dolor, había encontrado su propia fuerza para vivir.

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Akihiko acarició con cuidado los mechones castaños de su esposo dormido, sus dedos se movían con la suavidad de un susurro, como si cada caricia pudiera borrar las cicatrices invisibles que el tiempo había dejado en su piel y su alma. Recorría con cariño cada una de sus mejillas, limpiando a su paso los rastros de lágrimas pasadas, deseando que su ternura pudiera desvanecer el dolor que había atravesado sus vidas.

Sabía de primera mano, gracias a Onodera, todo lo que había sufrido a causa de ese estúpido Ministro de Magia. El conocimiento de aquellas torturas hacía que la rabia hirviera en su pecho como un volcán a punto de estallar. Le hubiera encantado estar presente para poder matarlo con sus propias manos; se imaginaba infligiéndole aquel dolor insidioso que había utilizado para convertir a su hijo en una moneda de cambio. La idea de usar a Harry de esa manera lo llenaba de una furia que amenazaba con consumirlo.

Rosylen.  [ Harry Potter]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora