Capitulo 16.

320 23 0
                                        

El suspiro del aire contaminado en el crespúsculo, es mi único antídoto.

Harry disfrutaba de los cálidos rayos del sol mientras se acomodaba en su silla de ruedas en el jardín. Tom había organizado una fiesta de té a su petición, deseando fervientemente que pudiera conocer a los altos funcionarios de Japón con habilidades excepcionales, que para su sorpresa eran sus padres biologicos. A pesar de la inquietud en su pecho y los nervios palpitando en su estómago, su determinación brillaba con fuerza. Sabía que su salud había mejorado gracias a las transfusiones de sangre y al tratamiento, pero la inestabilidad persistente lo recordaba que cada día era un regalo. Quería conocer a estas personas antes de que su tiempo se escurriera, deseaba que al menos supieran de la existencia de su nieto, que pudieran acompañar a Tom cuando él ya no estuviera en este mundo.

Suspiró abatido y acarició suavemente su vientre, sintiendo la vida que crecía allí, esa chispa de esperanza que dependía de su fortaleza. Se aferraría con toda su alma para brindarle a su hijo la familia que él nunca tuvo.

—¿Estás cómodo, Harry? —preguntó Tom con ternura, acomodando por milésima vez la sábana sobre sus piernas. Su rostro reflejaba preocupación, un amor profundo que iba más allá de las palabras—. ¿Te duele en alguna parte?

—Estoy bien, cariño —sonrió suavemente, acariciando los cabellos azabaches de Tom, sintiendo la calidez de su amor envolverlo—. No me duele nada. Si me siento mal, te lo diré.

—De acuerdo —respondió Tom, inclinándose a besarlo en la mejilla, transmitiéndole un cariño casi palpable. Era un gesto lleno de devoción, una promesa silenciosa de que siempre estaría ahí para él.— Vamos al invernadero. La visita está a punto de llegar. Si en algún momento no te sientes cómodo, dímelo y los echaré de inmediato.

—Sí, cariño —respondió Harry, su voz un poco preocupada. Desde que Tom se enteró de su estado, había adoptado una actitud excesivamente protectora, manteniendo a la mayor parte del ministerio alejada de la casa para evitar que él saliera. Sentía que, sin querer, le robaba la vitalidad al mundo mágico, aunque Tom solo quería protegerlo.

Tom terminó de acomodar a su amante con cuidado, y la paz que iluminaba el rostro de Harry rodeado de flores era palpable. Cada vez que lo miraba sonreír, Tom sentía que revivía sus ganas de vivir. No podía evitarlo; estaba completamente consumido por la culpa que lo atormentaba, pero su egoísmo lo impulsaba a hacer todo lo posible por hacer feliz a Harry.

—Mira, estas flores han florecido justo para ti —comentó, caminando hacia unos hermosos rosales—. Quiero que sientas la alegría que traen consigo.

Harry miró los colores vibrantes y sintió una oleada de amor por el hombre que tenía a su lado. Un amor que irradiaba devoción y esperanza.

—Son hermosas, Tom. Como tú —respondió, su voz suave y cargada de sinceridad. La intimidad entre ellos era un refugio en medio de la tormenta; cada pequeño gesto, cada mirada, era un recordatorio del profundo vínculo que compartían. Se dieron un momento en silencio, disfrutando de la compañía del otro y de la calidez del día. Harry sabía que su tiempo era limitado, pero ese pensamiento se desvanecía en la luz del amor que compartían.

—Prométeme algo —dijo Harry, sintiendo la necesidad de aferrarse a cada palabra.

—Lo que sea, amor mío —respondió Tom, sus ojos centelleando de ternura y compromiso.

—Prométeme que siempre cuidarás de este pequeño —murmuró Harry, poniendo su mano sobre su vientre, sintiendo el latido de la nueva vida. - Incluso si yo no estoy, protégelo Tom.

Tom asintió solemnemente, el corazón lleno de amor y determinación. —Lo prometo, Harry. Siempre seré su protector por encimas de todas las cosas, lo amare. Aunque siendo honesto quiero que te quedes conmigo para toda la eternidad. - Confeso besando amado con una mirada, cómplice entre ambos, Harry se sintió más comprendido como nunca.

Rosylen.  [ Harry Potter]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora