Capitulo 10

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La enfermedad mortal de mi corazón es solo algo que solo la muerte podrá sanar.

Tom acarició las vendas que reposaban sobre los brazos de Harry, sintiéndose miserable y abrumado por la culpa. La verdad lo había atrapado en una telaraña de engaños y secretos; Harry había descubierto su verdadera identidad por su cuenta, sin darle la oportunidad de explicarse. Y ahora, al contemplar el resultado de esa revelación, se dio cuenta de que ese final era un destino que jamás había premeditado. Había anticipado múltiples escenarios, pero ninguno se asemejaba a la devastación que ahora sentía en su pecho.

El médico lo había reprendido severamente, con razón, porque cada avance que habían logrado con el tratamiento se había desmoronado, obligándolos a empezar de nuevo, esta vez con un cuidado aún más delicado. La culpa lo estaba desgastando; sabía que nunca debió permitir que Harry se enterara de su verdadera identidad así, en ese mar de dolor y confusión. Depositar un beso en su frente era lo único que podía hacer para intentar aliviar, aunque fuera un poco, el dolor que lo carcomía. Verlo así, frágil y herido, le partía el alma. Su mente se negaba a comprender cómo Harry había llegado al punto de querer quitarse la vida al enterarse de la verdad. Pasó sus dedos por las manos frías de Harry, apartando los mechones oscuros que caían sobre su frente, buscando una respuesta que calmara su agitado corazón.

Ante el tacto Harry despertó sintiéndose mareado, como si una niebla densa cubriera su mente. Los bordes de su visión eran una bruma apenas visible, y, en medio de ella, el familiar techo negro de su habitación lo recibió con frialdad. Abatido, un nudo en su estómago le recordó que el profesor Snape no lo había dejado morir. Su pecho dolía como si un peso insoportable lo aplastara. Respiró con dificultad, intentando retener un oxígeno que parecía escabullirse entre sus dedos, como si el aire estuviera envenenado por la verdad. No se molestó en mirar al hombre que estaba arrodillado a su lado. Su presencia era un recordatorio constante de la traición.

—Harry —susurró Tom, su voz suave, casi impotente—. Por favor, hablemos.

Harry mordió con fuerza su labio, tratando de contener las lágrimas, pero no pudo evitar que resbalaran. Con un gesto feroz, tomó aire y abofeteó a Tom con todas sus fuerzas, dejando marcas rojas en su piel que parecían arder como el dolor en su corazón.

—¿De qué podría querer hablar con Voldemort? —rugió, su voz cargada de dolor y rabia—. ¿De la muerte de mis padres? ¿O de cómo me engañaste como un idiota? —sus palabras eran dagas ardientes, cada sílaba pronunciada impregnada de resentimiento—. ¡Vamos, elige el tema!

Tom sintió como si un puñal le atravesara el pecho. Las palabras de Harry eran espinas envenenadas, causando una profunda herida que se abría sin compasión. Durante mucho tiempo pospuso este momento, temiendo una reacción así, pero jamás imaginó que terminaría sintiéndose como un extraño y un villano ante el hombre que amaba. La culpa se sentía como una losa aplastante, incrustada en su ser; jamás había querido engañarlo. Solo deseaba lo mejor para él, incluso si eso significaba traicionar su confianza.

—Harry, nunca tuve la intención de mentirte —dijo, acercándose con cautela, levantando las manos en un gesto de paz, como si pudiera tocar su dolor y repararlo—. No quería que tu salud empeorara más. Odio verte sufrir. Quería explicarte en cuanto tuviera la oportunidad.

Harry lo apartó bruscamente, el fuego de su ira imposible de contener. La distancia entre ellos se sentía como un abismo interminable, un vacío que parecía devorar cualquier esperanza de reconciliación. Su pecho se alzó con rabia y tristeza, cada latido un recordatorio de las promesas que nunca se cumplirían.

—¿Una oportunidad? —réplicó Harry, sus ojos ardiendo con desesperación. —¡Esa oportunidad se esfumó cuando decidiste esconder la verdad! Solo quería que me quisieras por quien soy, ¡no por lo que eres!

Rosylen.  [ Harry Potter]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora