Capitulo 3

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Cena infernal

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Cena infernal

Sentí calor... Eso fue lo primero que experimenté al despertarme abruptamente. No sabía dónde me encontraba, solo tenía la certeza de que no era la habitación donde me había quedado dormida hacía unos momentos. Estaba en un bosque, envuelto en un silencio abrumador. Confundida, caminé entre los árboles sin rumbo, pero sentía que me dirigía hacia algún lugar importante, aunque no seguía ningún camino claro. El calor se intensificaba con cada paso, y notaba manchas negras en los árboles que crecían rápidamente, como si algo los hubiera quemado. Seguí avanzando mientras las llamas comenzaban a aparecer a mi alrededor, primero en el suelo y luego en los árboles, hasta que finalmente me detuve tras un grupo de árboles que parecían esconder algo. Intenté hacer que mis piernas reaccionaran para avanzar y ver qué había detrás, pero no se movían ni un centímetro. Solo podía observar cómo las llamas consumían los árboles lentamente.

De repente, resonó un rugido amenazante en el lugar, seguido del sonido de una multitud gritando que parecía acercarse hacia mí.

-¡Atrápenla! -gritaban al unísono-. ¡Mátenla!

El miedo se apoderó de mí. ¿A quién buscaban? ¿Querían matarme a mí o a la bestia que había rugido? Algo me decía que debía correr, pero por extraña razón no podía hacerlo. Justo cuando parecía que me atraparían, una ráfaga de frío me envolvió y algo me arrastró hacia una cueva oscura.

Desperté agitada y sudorosa en mi habitación oscura. Recordé el sueño extraño que había tenido, similar a los recurrentes que experimentaba cada noche: confuso e inexplicable.

Miré a mi alrededor, notando la tenue luz que entraba por las ventanas. Me levanté de la cama con rapidez y me preparé para tomar una ducha. Caminé hacia el interruptor y encendí las luces, iluminando instantáneamente la habitación gracias a la nueva tecnología traída directamente de Worsdrif, el reino vecino. Siempre me sorprendía cómo, a pesar de tener pocos magos, ellos lo compensaban con avanzada tecnología. Mi mejor amiga, Estela, había visitado el lugar innumerables veces y siempre me hablaba maravillas de su modernidad.

Estela llevaba una vida llena de aventuras desde pequeña. Sus padres, provenientes de una de las familias más poderosas de Packery, cansados de la monotonía de su tierra natal, habían explorado otros reinos como Worsdrif, Grisea y Denesea, estableciéndose finalmente en Rollerton hace cuatro años. En Rollerton vieron una gran oportunidad de negocio, especialmente en la venta de artículos de magia menor, rigurosamente autorizados por Packery, como pociones medicinales instantáneas y piedras mágicas que protegían del veneno.

Miré el reloj en la mesita de noche y me sobresalté al ver lo tarde que era. Tenía menos de veinte minutos para llegar a la cena. Entré al baño casi corriendo, tomé una ducha rápida y elegí el vestido más bonito que encontré en el armario: un largo vestido de tul café con pequeños puntos blancos y mangas estilo burbuja que dejaban al descubierto mis hombros a través de la tela transparente.

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