Nunca fui parte de ese mundo.
Las luces, las joyas, los rostros perfectos escondiendo mentiras...
Todo me asfixiaba.
Nunca era requerida en los eventos de la alta sociedad, nadie me miraba dos veces,
y yo lo agradecía.
Prefería existir en silencio...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Dibujo
Después hablaron de un par de temas que, aunque interesantes, no requerían mi intervención, así que terminé la reunión en un discreto silencio.
Cuando todos nos dispusimos a salir de la sala, me sentía más tranquila. Aunque esta no fuera la guerra, al menos una batalla la había ganado, y esa pequeña victoria me supo a gloria. Caminaba junto a Félix, casi por salir de la sala del trono, cuando recordé la libreta.
-Félix, la libreta -dije, levantándola frente a ambos.
-Casi la olvido -respondió, tomándola de regreso-. Quién diría que eres buena fingiendo trabajar. Aunque ya me lo imaginaba.
Solté una risa, tomándolo más como una broma que como un insulto.
-La mujer del dibujo... es muy bonita. ¿Es tu novia?
Su expresión se oscureció un instante, casi como si hubiera dicho algo prohibido. Por un momento, temí haber tocado una fibra sensible y que el Félix sombrío resurgiera con mi pregunta.
-Es mi madre -contestó, con una mirada triste-. Y tienes razón, era muy hermosa. Tanto que mi dibujo ni siquiera le hace justicia.
"Era muy hermosa". Aquella frase resonó en mí. Al principio, me sentí apenada por haber asumido algo tan distinto, pero la tristeza en su rostro me dejó sin palabras. Recordé que Ember había mencionado alguna vez que su madre había fallecido. A veces olvidaba que eran hermanos... De repente, comprendí de dónde venía esa melancolía en el dibujo. No podía imaginar el dolor de perder a una madre, pero pensar en perder a la mía siquiera por un segundo me resultaba tan asfixiante... ¿Cómo sería para él vivir con ese vacío cada día?
-Debes apreciarla mucho, tu dibujo es perfecto, cargado de muchos sentimientos -comenté, sintiendo una leve tristeza.
Félix rompió el momento en un instante. Esbozó una sonrisa traviesa y volteó la libreta, mostrándome un garabato de un ojo que había hecho mientras fingía trabajar.
-Tus dibujos, en cambio, son horrendos -dijo con su tono burlón, como si el momento emotivo nunca hubiese ocurrido.
Y así, en un abrir y cerrar de ojos, había destrozado el momento. Félix tenía un don especial para sacar a cualquiera de onda con sus cambios repentinos, pero esta vez decidí seguirle la corriente.
-¿Qué dices? Es perfecto. La mezcla ideal entre un vampiro y un hombre lobo... tiene el rojo de la sangre en el iris y el pelo oscuro en la cara, pura maldad -respondí, riéndome.
Félix soltó un suspiro y una sonrisa, mientras miraba el garabato.
-Yo solo veo rayones mal hechos con color -respondió, encogiéndose de hombros.
Caminamos juntos hacia la salida del trono, y el pasillo se extendía ante nosotros como un túnel hacia la luz. A pesar de sus bromas y sus cambios de humor, en aquel momento Félix me hacía sentir tranquila después de aquellos momentos de tensión... Como si, de alguna manera, pudiera confiar en él, incluso cuando parecía hacer todo lo posible para mantener a los demás a distancia.