capítulo 10

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Asistente

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Asistente

-Emma, ¿qué es lo que debes decirme? -por fin el rey se atrevió a intervenir, aunque tarde, su voz sonaba firme. Yo, por mi parte, apenas pude contener la frustración que se acumulaba en mi interior ante su falta de apoyo durante toda esta situación.

-Es por esto -dije con la voz cargada de enojo, entregándole el artículo-. Quiero que sepa, majestad, que todas las palabras escritas aquí no son más que mentiras. Un intento descarado de desviar la atención del verdadero escándalo, lo que Lady Selene hizo.

El rey tomó el papel, sus manos tensándose al leerlo. Su expresión se oscureció con cada línea que avanzaba, hasta que finalmente levantó la vista, furioso.

-¿Cómo es posible que algo así no haya llegado a mis manos a primera hora? -rugió, con una furia que hizo eco en toda la sala-. ¿Desde cuándo las noticias importantes se ocultan en mi propio palacio? ¡Esto debió ser lo primero que llegara con los mensajeros!

La reina mantuvo su porte frío, pero pude ver cómo su mandíbula se tensaba. Y luego estaba Dayan, quien intentaba ocultar su inquietud detrás de una sonrisa que ya no le funcionaba. Sabía perfectamente quién había bloqueado la difusión de esta información y no dudé en señalarla.

-Dayan tenía el periódico -dije, mirando directamente al rey y luego a todos los presentes-. Asumí que ya lo sabría usted, majestad, dado que ella lo tuvo en sus manos.

El silencio que siguió fue tan cortante como una cuchilla. Todas las miradas se posaron en Dayan, que ahora parecía acorralada.

-Eso... eso es una mentira -dijo, titubeando, su voz ya no era segura-. Una sirvienta me lo trajo, yo... no sabía que no había sido repartido aún.

No pude evitarlo. Mi indignación estalló en forma de palabras cargadas de una furia que llevaba demasiado tiempo conteniendo.

-¿Y por qué, si lo tuviste antes que nadie, no informaste al rey? ¿O es que te convenía que el artículo siguiera su curso para difamar a mi dama de compañía y a mí?

El rostro de Dayan palideció, y por primera vez, su fachada de superioridad se quebró. El rey, todavía aferrando el papel con los nudillos blancos, me miró fijamente, esperando una respuesta que Dayan aún no había dado.

-Esta mañana me levanté muy temprano para tomar un vaso de agua y me encontré con Dayan en la cocina del palacio; estaba tirando muchos papeles al basurero. No le presté atención, pero ahora eso se ve muy sospechoso... -dijo Elena apoyando mi señalamiento, interviniendo por primera vez en aquella reunión tan tensa-. Además, le dio un par de joyas caras a dos mensajeros cuando salió de la cocina.

Sangre RealDonde viven las historias. Descúbrelo ahora