Para eso sirven los idiotas
—A ver, Olmedo, comencemos de nuevo. ¿Qué fue lo que ocurrió?
—Profesor, creo que los hechos están bastante claros, Olmedo agredió de manera violenta a otro estudiantes. Usted mismo lo vio.
—Lo sé, Mora, pero a lo que a mí concierne, no presenciamos el incidente desde el principio.
—Steven, estoy segura que hay una explicación sobre el comportamiento de Heidren.
—No trate de defenderlo ahora, profesora, lo que el alumno hizo no fue algo leve que se pueda ignorar.
—No apruebo el comportamiento de Heidren, profesor Mora, estoy de acuerdo en qué estuvo mal, lo que quiero decir, es que Heidren es un chico pacífico, y si hizo lo que hizo, debió ser por una razón...
—Martha, Entiendo tu punto, pero eso no quita que el alumno tomó la peor vía hacia una solución, que no fue para nada pacífica, dicho acto corresponde a una falta en las normas de comportamiento en el instituto. Pero antes de aplicar algún tipo de sanción, quiero escuchar al chico mientras esperamos a que Salas llegué de la enfermería... así que, te escucho, Olmedo.
Bien, creo que ustedes están esperando el contexto, así que presten mucha atención.
Luego de mi (no muy cortés) enfrentamiento con Raúl, pasaron algunas cosas. Una de ellas es que violé la Cláusula número #12 del Manual de Quién Sabe Qué, sobre el comportamiento en el instituto, por lo que llamaron a mi tía, que de seguro estaba por llegar.
También se tuvieron que llevar a Raúl a la enfermería debido a que su nariz no dejaba de sangrar, lo que tampoco me dejaba bien parado.
Lo otro es que me encontraba en la oficina del director, que en mi opinión, parecía una corte judicial, dónde la profesora Martha era mi abogado defensor, el profesor Mora era la parte acusadora, y el director Steven era el juez de sentencia, el cual me vió claramente reorganizándole el rostro a Raúl, junto con su sistema sensorial y las neuronas.
Y si me preguntan que si estaba jodidamente en problemas, la respuesta es: ¡Sí! Estaba en problemas, con una parte de la cara adornada con un moretón y con un hambre descomunal, porque a la final, nunca fui a la cafetería por algo de comer.
Y por ende, esos tres individuos esperaban a que yo rindiera mi declaración. Ahí no se valía mentir, tampoco tenía algún comodín, ni siquiera tenía para una llamada, de hecho, me quedó bien claro que eso no era ¿Quién quiere ser millonario?, y como la mayoría vio lo que pasó, no tenía un as bajo la manga, solo los nudillos raspados y el cuello de la camisa rasgada, y eso no ayudaría mucho.
Debía soltar mi respuesta definitiva.
Así que, de una u otra forma, sentado frente al director, con la profesora Martha detrás de mi silla posando su mano en mi hombro en señal de apoyo, y con Mora a mi lado derecho lanzándome una mirada de absoluta acusación, y sintiendo que nada bueno saldría de aquello, hablé.
Les conté todo, exactamente como pasó, desde el empujón de Raúl, de cuándo nos insultó, de cuándo casi tumba a Joseph, de cuando le grité, también de cuándo nos volvió a insultar, de cómo se expresó de Paula, de cuándo lo golpeé por eso y de lo que pasó después.
Sí, los confesé todo.
—Dicho lo anterior, soy inocente.
El director, claramente estresado, se estrujó el entrecejo, mientras qué Mora se mantenía tan insufrible como siempre.
—Olmedo, ¿de verdad te puedes considerar inocente después de lo que hiciste? —preguntó el director, ajustándose los lentes culo de botella de pasta dura, que la mayoría de veces traía puestos—. Pese a cualquier tipo de provocación no debiste... —la puerta de la oficina se abrió—. Ah, perfecto. Salas, tomé asiento.
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HEIDREN [Iguales: 1] (Completa ✓) ©
Teen FictionHeidren Olmedo consideraba que su vida era lo suficientemente normal como cualquier chico de su edad, que no habría algo que pudiese alterar su entorno, pero todo comienza a cambiar cuando Paula Tozcano hace contacto directo con él. Ella, siendo la...
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