Mi paro cardíaco es producto de una chica. ¡Ayuda!
Abrí los ojos como un estúpido y creo que se me había olvidado respirar.
Paula Tozcano estaba a menos de un metro de distancia de mí. Como si fuese un movimiento robótico giré en automático hacia el asiento trasero, y fue así como pasó lo segundo que no me esperé que pasara.
Desde que vi esos ojos de un color miel brillante deseé que solo pudiesen ver los míos, que pudiesen verme a mí, lo había querido durante todo ese tiempo porque sabía que eran capaces de atraparme con facilidad.
Y sin esperarlo, esos ojos, junto a su dueña, estaban ahí, mirándome.
Sentí un terremoto en mi pecho. Si verla de lejos era mi adicción, tenerla cerca sería mi muerte.
Me observaba fijamente, nuestras miradas estaban conectadas. Su boca esbozaba una sutil sonrisa y yo todavía no podía creerme que era ella.
—¿El auto es tuyo? —su pregunta me hizo recordar los otros cuatro sentidos que tenía aparte de la vista.
—¿Auto? —balbuceé, luego reparé en que estábamos en el auto de Márcell—. ¡Ah, sí! El auto... Es mío... Bueno, no es mío... Es de... ¿De quién era...? ¡Ah, sí! Es de... ¡Un amigo!
«¡¿Qué fue eso, Heidren. Ni siquiera puedes hablar bien frente a ella o qué!?»
Paula soltó otra pequeña risa.
—Es de Márcell, ¿no?
—Co... —solté otro eructo, volví a ver al frente por la vergüenza—. ¿Conoces a Márcell?
—¿Quién no conoce a Márcell? —dijo, como si la respuesta fuera obvia.
—Es cierto, ja ja, todos.... conocen a Márcell...
Eché la mirada al retrovisor, la encontré mirando la ventana. La detallé lo más que pude y... ¡Santo Dios! Estaba muy linda. Llevaba un top blanco con jeans, y su cabello (a diferencia de otras veces) estaba alisado.
Di un trago de saliva al mirarla de perfil, entonces me di cuenta de otra cosa: que esa era la peor situación en la que pude encontrarme con ella. ¿Qué pensaría de mí? ¿Diría qué soy alguien que le gusta emborracharse en autos ajenos con bebidas ajenas? ¡¿Mierda, Cómo pude mostrarme así frente a ella?!
Miré una vez más al retrovisor, Paula sobaba su brazo izquierdo, dónde ese sujeto la agarró.
—¿Tú... estás bien? —regresó la vista y frunció el ceño, señalé mi brazo para que supiera a lo que me refería.
—No es nada, descuida.
De pronto sentí una mano en mi frente. Giré súbitamente y me encontré el rostro de Paula a escasos centímetros del mío, se había inclinado hacia el asiento de enfrente y de la impresión me fui de espaldas contra la ventana a mi lado. Me cayó vodka en el pantalón, justo en la cremallera. Paula me miraba atenta, sentía que me ardía la cara.
—¿Tú estas bien? —quiso saber, aguantando una risa—. ¿Te incomodé?
Traté de secarme con el dobles de mi camiseta, pero de una manera torpe y sin querer, se desabrochó mi pantalón. Puse una mano encima para que Paula no lo notara.
«¡Esto no puede estar pasando!»
—¿Qué? —tartamudeé—. ¡No! Estoy bien, solo... es que... tú, mi... frente... tú...
Colocó un brazo en el espaldar del asiento del piloto y posó la mejilla sobre él. Yo movía los labios sin pronunciar palabras.
—¿Tienes fiebre? Tu cara se ve muy roja.
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HEIDREN [Iguales: 1] (Completa ✓) ©
Teen FictionHeidren Olmedo consideraba que su vida era lo suficientemente normal como cualquier chico de su edad, que no habría algo que pudiese alterar su entorno, pero todo comienza a cambiar cuando Paula Tozcano hace contacto directo con él. Ella, siendo la...
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