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El significado de una mentira

No sabía cuántos tiempo había pasado desde que me fuí del instituto, caminé sin saber exactamente adónde, solo seguía andando, cruzando la primera esquina que me encontraba en el camino.

Tía ya debía estar en casa, debía estar pensando en cuanto le pesaba hacerse cargo de mí, a la falta de sensatez de mi parte.

Paula seguro debía estar preguntarse que me estaba pasando, por qué me fui sin siquiera decir nada.

Los chicos, lo más seguro es que estarían hablando sobre que haría a partir de ahí pero, ¿podía hacer algo?

Es una tontería. ¿Qué podría ocultar Cristián? Todas son teorías sin sentido que acoplé a mi modo para verlas como actos extraños.

En primer lugar, yo no debí seguir a Emilio esa noche, todo porque me caían mal. ¿Esa caja? ¿Ese sujeto? Podían ser cualquiera cosa. Estaba perdiendo mi tiempo en locuras, y en eso sí parecía un niño. Yo debería estar mejorando en clases como Joseph, o tratando de disfrutar mi juventud como Márcell, en cambio solo hacía cosas estúpidas, como seguir a personas igual o más estúpidas que yo.

Sacudí mi cabello con frustración, solo quería estar en paz unos minutos, quería pensar que más tarde podía deshacerme del tema del misterio, del seguimiento, de tontos planes y del tema en general. Ya no debía pensar en eso, sí, era lo mejor.

Cuando llegué al final de la calle había un pequeño espacio verde, con una banqueta de concreto al lado de un cesto de basura. No tenía adónde más ir, mejor dicho, no se me ocurría adónde más ir, así que me acerqué y me senté en la banqueta. Me desparramé en ese pequeño lugar, viendo cómo los autos transitaban por la carretera.

Pasado muchos minutos en los qué creí convencerme de haber logrado despejar mi mente, y cuando mi sentido de la lógica estuvo más en su centro, respiré hondo y comencé a pensar en alguna disculpa para cuando llegará a casa.

¿Merecía disculparme?

No. El hecho no era pedir perdón, sino tratar de no hacer lo mismo, de cambiar, de pensar en las consecuencias que podía ocasionar al momento de actuar. El perdón solo sería una excusa sin garantía, solo me quedaba aceptar mis bajos, y mi culpa.

Levanté la mirada al cielo, estaba de un color opaco y cubierto en gran parte por nubes, algunas de ellas tomaban un tono dorado por el sol. Pasé minutos observando como adquirían forma para luego ser un masa grumosa. Me permití entregarme al momento y a la vista, O eso me hubiese gustado, pero un sonido semejante a tintineos metálicos y bolsas llegaron a mis oídos.

Frente a mí, caminando en la acera a unos pocos metros, una persona llevaba un bulto de bolsas en cada mano, llenas de lo que parecía comida enlatada. Su cabeza estaba cubierta por la capucha de su suéter negro, llevaba tejanos rasgados en las rodillas y unos tenis blancos. Era evidente que hacía un esfuerzo por llevar esas bolsas pero parecía no importarle que casi todas rozaran el suelo. Siguió andando, con la mirada al frente, cuando el sonido de desgarramiento, seguido por muchos sonidos metálicos se presentó.

Una de sus bolsas se había rasgado y el contenido se había desparramado por toda la acera, pero no se detuvo a recoger nada, ni siquiera volteó a ver sus cosas, solo siguió caminando sin preocuparse por el hecho de que su comida terminó en el suelo.

—¡Oye! —la llamé para que se detuviera, pero no lo hizo—. ¡Mira, tu comida!

Siguió hasta que la perdí de vista ante la casa de al lado. Nadie dejaría tanta comida tirada sin ninguna razón, pero sería imposible no darse cuenta que se le había caído. Me levanté de la banqueta y fui a la acera dónde estaban las latas y otros alimentos, los recogí, aunque no podía llevarlos todos a la mano. Volteé y la chica ya estaba por perderse a la vuelta de la esquina.

HEIDREN [Iguales: 1] (Completa ✓) ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora