Tal vez iba demasiado rápido con esto de mi homosexualidad, pero es que tenía esa opresión en el pecho que me decía que tenía que contarle a alguien sobre esto, mi madre no bastaba, estaba tan lejos de mi que una simple llamada de una hora no terminaba por hacerme sentir mejor. ¿A quien le contaría? Samuel era buena opción, pero solo le diría que era gay, no que gracias a él me di cuenta de eso... a él y a Sebastían.
Cerré la llave de la regadera, me dirigí a la habitación y cuando estaba a punto de vestirme sonó el móvil.
Era Samuel.
¿Qué hacía llamando tan temprano? y sobre todo, ¿qué quería?
-¿Hola?.- Contesté extrañado.
-Hola Guille.- Se aclaró la garganta.- Buenos días, quería preguntarte si... Si quisieras que yo pase por ti.
-¿Pasar por mi?.- Dije repitiendo lo último como pregunta, total retrasado.
-Eh... sí, digo, llegas siempre en taxi y pues, quería ayudar... eres mi nuevo... amigo.- Dijo esto último en un susurro casi inaudible.
-Pero no sabes dónde vivo.
-Eso se puede arreglar, entonces, ¿paso por ti en 40 minutos?
-Pero ni he desayunado.- No quería irme con él, podría escupirle mi secreto sin más y yo quería algo de... misterio en esto.
-Pues pasamos a la cafetería en el camino, decide ya que estoy a punto de salir.- En el fondo escuché una puerta cerrándose.
-Sí.- Contesté en seco.
-Bien, nos vemos.- Y colgó tras eso.
Tenía 40 minutos para vestirme, prepararme psicológicamente y oler bien.
Lo último ya estaba, me había bañado, pero lo primero y lo segundo aún no. Seguía envuelto en la toalla del baño y mi ropa estaba desordenada, tenía que buscar algo sencillo pero presentable, algo que me hiciera ver bien. Ahora entendía los dilemas de las mujeres, era difícil buscar algo que se viera bien y a la vez que fuera sencillo, sin tanto lujo y que no se vea exagerado para un día normal en la escuela. Ya tendría tiempo para comprar más ropa y traer la que dejé en España. Para eso necesitaría trabajar, pero voy paso a paso.
Terminé de arreglarme. Hacía frío así que me puse una manga larga negra con azul, unos pantalones de mezclilla, unos zapatos negros y un gorro de lana negro. Me lavé los dientes y preparé mi mochila.
El móvil volvió a sonar.
-¿Sí?
-Este... creo que... se me olvidó preguntar dónde vives.-Dijo algo nervioso.
-Y a mi se me olvidó decirte.- Le di la dirección y colgamos.
15 minutos después llegó. Tocó la puerta de mi departamento, la cual abrí después de caminar en círculos en la sala pensando en cuándo y cómo le diría, pues sabía que iba a terminar diciéndole ya que la noche anterior le había mencionado algo y no me dejaría en paz hasta que le dijera.
-Hola.- Saludé.
-Hola, lindo departamento.- Sonrió asomando su cabeza.
-Gracias.- Recogí mi suéter que estaba a lado, en el perchero que estaba junto la puerta.
-Bien, vamos.- Pasó su mano por su pelo. Amaba ese gesto suyo, fácil lo anhelé por 5 segundos mientras "cerraba la puerta".- Creo que un día deberías invitarnos a pasar el día.- ¿Invitarnos?
En el pie del elevador estaba Andrea, esperándonos, iba medio arreglada, linda pero sin exagerar. Consiguió algo que yo estaba intentando hacer por media hora y al final me puse lo primero que encontré.
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Siempre tuyo.
FanfictionGuillermo Díaz tiene 22 años y es de España, surge un pequeño problema y decide irse a México a terminar con sus estudios. Ahora tiene una nueva vida y la tendrá que construir desde 0, decidir quien es, que es lo que quiere y que es lo que realment...
