(En la universidad)
-Bueno, pues ya hemos llegado.
Roberto baja del coche al chihuahua atado con una correa brillante.
-Tío, no se si te dejarán entrar con el perro.
-Tú tranquilo que aquí nadie se da cuenta, hoy no vamos llamando la atención, vamos normal.
-Mételo en la mochila y la dejas un poco abierta para que respire mi chiquitín.-interrumpe Mario.
***
Los chicos entran en clase, todos están en silencio haciendo el examen, han llegado un pelín tarde.
-Perdón por el retraso.-dice Mario.
-¿Por el de la cabeza?-susurra Roberto, pero con suerte los de clase no le oyen.
-Nombres.-dice serio el profesor.
-Mario Lapón.
-Roberto Cupeni.
-Christian Mepila.
Adriana se gira a mirarles y suelta una pequeña risa que a Mario no se le escapa, esa risita le ha sentado realmente mal a Mario.
-Por favor, siéntense, tienen cuarenta minutos para acabar el examen ya que han llegado tarde.
Los tres chicos se sientan cerca entre ellos y comienzan a leer el examen. El perro saca la cabeza por la cremallera de la mochila y Roberto lo ve.
-¡Shh! Rookie, dentro.
-Como alguien vea al perro te mato, nano.
-Calla, que nos van a oir.
-Mario, ¿qué has puesto en la pregunta veinticuatro?
-La b, te van a oir, calla.
El profesor mira a los chicos pero no se da cuenta del pequeño chihuahua.
***
-Tienen cinco minutos para acabar el examen.-anuncia el profesor.
-Tío, Mario, va dime la cuarenta y tres.
-Que no.
-Dímelo.
-Joder, nano, que no.
-¿Pero por qué no?
-Que la respuesta es "no" gilipollas.
-Ah, vale, explicate mejor.
-¿Que me explique mejor? A ver si te enteras de lo que lees al menos.
-Ya pueden entregarme los examenes.-dice el profesor.
Los chicos se levantan y le dan los examenes al profesor, al volver para coger sus carpetas y la mochila de Roberto donde está Rookie, Adriana vuelve a mirar a Mario esta vez con descaro, luego se levanta y entrega el examen pasando justo por el lado de Mario y dándole un codazo.
-¿Tú, de qué vas?-exclama Roberto en medio de la clase al ver lo que Adriana había hecho a su amigo Mario.
-Mm... no me había dado cuenta de que hubiese alguien.
-Oye, Adriana, ¿a ti te gusta chocarte con la gente, no? ¿O es que vas de chula?
-Por favor, los que han acabado y entregado el examen que abandonen el aula.-interrumpe el profesor.
-¿Y tú qué pasa? ¿Que tienes que defender al imbécil de tu amigo?
-Ten cuidado.-avisa Mario.
-¿Yo? ¿Por qué iba a tener cuidado?
Adriana no se había dado cuenta de que en medio de la clase, es decir, detrás de ella, hay una escalera y se tropieza con los tacones.
-Por la escalera.-dice Roberto.
-¿Estás bien?-Mario se acerca preocupado a ella y le ayuda a levantarse.
-Sí, sí, estoy perfectamente.-dice mientras se coloca bien el vestido y los tacones.
Adriana se levanta ayudada por Mario al cuál sus amigos miran perplejos.
-Vámonos Mario, por favor.
Los chicos se van de la clase y salen al campus de la universidad.
-Y encima vas a ver que le pasa, como si ella fuese importante o algo, nano.
-Para mí lo es.
-Te ha llamado imbécil, se ha reído de ti en tu cara.
-¿Y? ¡Tampoco quiero que se meta una hostia por las escaleras!
-Hey, tío, ¿esa de allí es Verónica?
-¿Dónde?
-En frente, la que está hablando con ese de la camiseta amarilla que se ve a kilómetros.
-Sí, ¿quién es ese?
-No sé, pero... no tiene que ser nada bueno porque le está gritando él a ella y ella le ha dado una hostia a ese tío.
-Hey, ¿dónde vas Christian?
Christian va hacia donde esta Verónica y se acerca al chico que hay con ella de forma amenazante.
-¿Quién coño eres tú para gritarle así a una chica pedazo de hijo de puta?
-¿Yo? Leo, ¿y tú quién eres gilipollas?
Verónica los mira asustada a los dos y Christian en ese momento se acuerda de que Leo como le ha dicho ese chico que se llama es el ex novio de Verónica y le da con la rodilla en los huevos.
-Como te vuelvas a acercar a ella te parto la cara cabronazo.
-¡Hijo de puta!-grita Leo mientras se va agarrándose los huevos.
-Gracias... ¿quién... quién eres?-dice Verónica aún asustada.
-Soy... soy... lo siento Verónica.-Christian se va hacia donde están sus amigos.
Verónica lo mira mientras él se va y corre tras él.
-¿Quién eres? Yo te conozco, tu voz, tus ojos.
-¡Lo siento Verónica!
Los tres chicos se suben al coche y se van de allí. Ella los mira y se pone sus manos en la cabeza.
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