La joven Blume

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Morena y Adrián se dirigieron al sótano del edificio. — Nos vemos en este sitio a las 15:00.— Le dijo Morena a Adrián, mientras sacaba un papel arrugado de uno de los bolsillos de su chaqueta. — Aquí tienes la dirección del lugar.

— Calle Aurora Boreal número 14. — Leyó Adrián. — De acuerdo, ahí nos vemos. — Respondió sin hacer ningún tipo de pregunta.

Si Morena quiere que nos reunamos ahí, debe ser porque hay algo o alguien que nos puede ser de mucha utilidad.— Pensó Adrián para sus adentros.

Adrián tenía una confianza muy férrea en Morena. Era el fruto de una amistad íntima y profesional que se había estado labrando durante años, no solo cosechando logros profesionales si no también personales.

Iré a comer con mi madre y mi hermana, luego nos vemos. — Dijo Morena subiéndose a la moto.

Muchos recuerdos a la señora Blume y a la pequeña Morena. — Bromeó Adrián.

"Señorita" — Dijo Morena con un tono jocoso. — Te tardas más pero te arriesgas menos. — Dijo imitando una de las frases más célebres de su madre.

Por último, Morena se colocó su casco negro mate, el cual combinaba a la perfección con la templanza y gracia que manejaba, y le dijo a Adrián: — Se puntual.

Acelerando, se marchó.

Será caradura. — Dijo Adrián en voz alta. — Como si la puntualidad no brillara por su ausencia en la vida de Morena Blume.

Morena tenía por costumbre visitar a su madre y a su hermana pequeña todas las semanas. Vivían a tan solo unas manzanas del edificio de la editorial, lo cual le venía de perlas.

Hacía ya 8 años que Morena se había ido a vivir a otro departamento y desde entonces todas las semanas, al menos una vez, iba a comer con las dos mujeres más importantes de su vida.

A medida que Morena se aproximaba a la casa de su madre, seguía un ritual establecido con su hermana para anunciar su llegada. Con apenas unos metros por recorrer, hacía rugir el motor de su Yamaha R7, liberando la potencia de sus 73.4 caballos de fuerza. En ese instante, la joven Blume se apresuraba hacia la puerta del garaje, ansiosa por dar la bienvenida a su hermana mayor.

Irene Blume, la hermana menor de Morena, orgullo de su madre y de su hermana, era una joven de 16 años con una personalidad única. Su cabello castaño oscuro caía en cascada sobre sus hombros, enmarcando un rostro de rasgos delicados y ojos vivaces llenos de curiosidad. Con una sonrisa radiante que iluminaba su rostro, Irene desbordaba vitalidad y entusiasmo por la vida.

¡Hermana! — Saludó Irene a Morena con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro. — ¿Cómo estás peque? — Respondió Morena mientras le acariciaba suavemente la cara a su hermanita.

Morena y su hermana tenían un vínculo y una complicidad única y especial. Sus ojos brillaban de orgullo y felicidad cada vez que hablaba de su hermana. Estaba muy agradecida de poder ver la mujercita en la que se estaba convirtiendo. Veía un gran potencial en ella, en sus sobresalientes habilidades. Era una entre mil millones.

!Mamá ha preparado tu plato favorito! — Exclamó Irene. — Pechuga de pollo al curry con salsa de coco.— Continuó hablando.

De solo pensarlo a Morena se le hacía agua la boca. Eran las 13:45, y el hambre ya empezaba a hacer mella en su estomago.

Al entrar en la casa, una ráfaga de olores deleitaron el olfato de Morena. Comino, jengibre, curry, pimienta rosa, sal. El aroma de estos ingredientes se entrelazaban en una perfecta armonía homogénea, que daban un sabor único y exquisito a la receta, que con tanto amor había preparado Daniela.
Daniela Del Sol, madre de Irene y Morena, era una muy reconocida cocinera en la ciudad de Solaria. Desde muy joven dejó su hogar y se dedicó a viajar a varios rincones del mundo, para descubrir los mejores sabores y técnicas culinarias, que la llevarían a convertirse en una cocinera capaz de potenciar el umami de los alimentos, que con tanto cariño cocinaba.

!Mi niña linda! — Abrazó Daniela a Morena, dándole la bienvenida. — ¿Qué tal estás, hija? ¿Cómo van las cosas en el trabajo? — Preguntó mientras acomodaba los platos para que comieran las tres juntas.

Todo bien, mamá. — Respondió sin dar mucho detalle.

Daniela estaba muy orgullosa de la gran profesional en la que se había convertido su hija, sin embargo, se preocupaba mucho cada vez que un caso se le metía entre ceja y ceja. Ella era consciente de los grandes riesgos que vivía su hija.

A Morena no le gustaba hablar de su trabajo delante de Irene, consideraba que era aún muy joven para tratar ciertos temas con los que ella tenía que lidiar prácticamente a diario en su profesión.

En veinte minutos tengo que reunirme con Adrián. — Comentó Morena mientras comía. — Vamos a reunirnos con Mario.
— ¿Mario... Sánchez? ¿El antiguo compañero de trabajo de Martín...? — Preguntó perpleja Daniela.
— Sí, mamá. — Respondió Morena. — Tenemos asuntos pendientes. — Añadió sin dar más detalles.
Desde que ocurrió... bueno, ya sabes... no visitas esos lugares. — Contestó Daniela con un tono de preocupación y tristeza.
La situación lo requiere. — La conversación se tornó seria.
Bueno hija, cómete el pollo, que se enfría. — Cambió el tema de la conversación.

Hermana, mañana empieza el torneo estatal de baloncesto, ¿vendrás a verme?. — Irene había entrado hace pocos meses al equipo juvenil de baloncesto femenino de su instituto. Era el deporte favorito de su padre. Cada domingo iban juntos al estadio para apoyar a su equipo de toda la vida, el Basket Solaris.

No me lo perdería por nada en el mundo. Respondió Morena viendo los ojos de felicidad de su hermana al escuchar su respuesta.

Pero quiero que me prometas una cosa. — Le dijo Morena a Irene.

¿Qué cosa? — Preguntó Irene curiosa.

Quiero que todos los puntos que hagas, se los dediques a papá, que allá donde esté, estoy ciento un por ciento segura, que está muy orgulloso de ver jugar a su niña. — Contestó Morena quebrándosele por un momento la voz.

¡Cuenta con eso! — Respondió Irene.

El padre de Irene y Morena, el señor Blume, había fallecido hacía seis años atrás a causa de un cáncer de páncreas. Fue un golpe muy duro para la familia. Sobretodo para Daniela. Carlos había sido su compañero de vida durante 37 años. Desde los dieciocho hasta los veinticinco, se dedicaron a viajar juntos por el mundo, hasta que Daniela quedó en embarazo. Fue entonces cuando decidieron asentarse e instalarse en Solaria.
El 7 de agosto de 2041 nacería su primera hija, Morena Blume Del Sol. Una hermosa niña, la favorita de mamá, que desde muy pequeña ya mostraba indicios de un futuro brillante.
Años más tarde, el 25 de marzo de 2061, llegaría su segunda hija, Irene Blume Del Sol, la princesa de papá, preciosa, al igual que su hermana mayor, con una vitalidad y energía únicas.
Un lluvioso 9 de septiembre de 2071, Carlos Blume perdió la batalla contra un certero cáncer de páncreas. Morena tenía treinta años y su hermana Irene, diez. La dura perdida unió mucho más a la familia.

Mira a nuestras niñas, cariño. — Pensó melancólica Daniela, mientras veía como Irene y Morena hablaban.
Cuida mucho de las dos desde ahí arriba...

Morena se levantó bruscamente del asiento, tanto que sacó a Daniela de sus pensamientos.

¡Son las 15:10! — Dijo Morena corriendo hacia su moto. — !Tengo que irme! Adrián me va a matar por llegar tarde.

— Mañana sin falta estaré en el pabellón. — Su hermana asintió con la cabeza.

Morena se despidió de su madre y de Irene y se marchó a reunirse con Adrián.

Reflejos del apocalipsis: un diario en ruinasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora