Adrián acababa de llegar a la puerta del vertedero de Solaria. Eran las 8:30 de la mañana, y como era de esperar, Morena aún no había llegado.
No era un sitio al que Adrián le hiciera mucha gracia visitar. Solamente en la puerta ya se podía sentir un olor fétido en el aire, era como una mezcla entre pies y vomito.
— Espero que nuestra investigación aquí dure poco. — Pensó Adrián. Se iba a pasar el resto del día oliendo a basura y no era algo que le resultara especialmente cómodo.
Unos pocos minutos después llegó Morena.
— Perdona Adrián. ¿Llevas mucho esperando? — Preguntó.
— No te preocupes, Morena. Acabo de llegar. Ya me quedó claro que para ti las 8:00, son realmente las 8:30 o incluso más. — Bromeó Adrián.
— Anoche estuve dándole vueltas al caso. No me fijé en la hora que era y me terminé yendo a la cama pasadas las 2. — Comentaba Morena empezándose a percatar de la peste del lugar.
— ¿Y pensaste alguna cosa que nos pueda ayudar? — Preguntó Adrián.
— Si, tengo que hablarte de lo que pensé. Pero vámonos de aquí, no será necesario que entremos al vertedero. — Respondió Morena, agitando su mano frente a su cara.
A unas dos manzanas de allí había una cafetería, en la cual entraron. Allí podrían hablar a cerca de lo que Morena había descubierto, alejados de aquí aroma nauseabundo.
— Ayer en la noche, llegue a una serie de conclusiones. Tenemos dos chicas de 15 y 17 años, asesinadas. Sus cuerpos se hallaron en lugares diferentes. Los cuerpos tienen señales claras de que los culpables o culpable es la misma persona. — Repasaba Morena rápidamente la información que tenían hasta ahora.
— Lo primero que pensé fue. A esas edades, ¿qué es lo que ocupa mayormente tu tiempo? — Lanzó una pregunta el aire.
Adrián al instante captando lo que su compañera quería decir, respondió:
— Los estudios.
— ¡Exacto! El instituto. La joven de 15 años, por su edad, aún no había terminado el instituto y la de 17 años estaría a punto de acabarlo. Eso nos dice, que el culpable actuó en dos posibles momentos. Cuando las chicas iban de camino a clase o ya volviendo a casa, después de terminar la jornada estudiantil. — Explicaba detenidamente las ideas que tenía en su cabeza.
— Una vez llegué a esta conclusión, tuve que asentar mi teoría, relacionándola con los lugares que teníamos pensado investigar. El vertedero y los bosques del Norte. Por lo que usé la aplicación de mapas del móvil, para buscar colegios relativamente cerca de estos dos puntos. Y ¡bingo!, a 750 metros a la redonda del vertedero tenemos dos colegios y en un radio de 850 metros de los bosques del Norte, encontré solo uno. Esos son los lugares que debemos visitar. — La teoría que había ingeniado Morena tenía bastante sentido.
— ¡Eso encamina bastante nuestra búsqueda de información!— Contestó Adrián emocionado.
— Y aún hay más. — Añadió Morena.
— Me tomé la molestia de investigar que colegios eran. Los tres tienen dos cosas en común que no deben ser casualidad. Son colegios religiosos y únicamente para mujeres.
Adrián, con un rostro claro de admiración, era testigo una vez más de lo increíble que era su compañera en el trabajo.
— Primero vamos a ir al colegio San Claret de la caridad. No está muy lejos de aquí. Preguntaremos por el director del colegio y le hablaremos a cerca de las dos chicas. —
Para esas fechas, ya la noticia se había regado por toda la ciudad.
— Por si alguna de las dos estudiaba allí. En caso de que sepa algo, le enseñamos las fotos para que nos pueda confirmar, cuál de las dos es la joven que dice. Por el contrario, le daremos las gracias por su tiempo y nos iremos. — Las indicaciones de Morena fueron bastante claras.
— Así que démonos vida, que a las 18:30, Irene tiene su primer partido con el equipo de baloncesto y le prometí que iría. — Dijo Morena llamando a la camarera para que les llevara la cuenta.
Tardaron poco más de diez minutos en llegar a la puerta del colegio. El reloj marcaba las 11:23, por lo que todas las alumnas se encontraban en sus aulas.
En el recibidor del colegio se encontraba el portero barriendo.
— Hola, buenas, disculpe señor. — Llamó Morena la atención del hombre.
— Mi nombre es Morena Blume y él es mi compañero Adrián Sans. Somos periodistas del Aurora Press. — Se presentó.
— Buenos días. Díganme, ¿en qué los puedo ayudar? — Contestó el señor amablemente.
— ¿Podríamos hablar con el director del colegio? — Preguntó Morena.
— Directora. — Le corrigió el portero. — Si me dan ustedes dos minutos y le notifico a la señora directora si pueden pasar.
— ¡Claro! — Contestaron ambos al unísono.
El señor descolgó el teléfono que había en la recepción y llamó a la directora.
— Buenos días señora directora. Hay dos periodistas de... mmm... de... ¿De qué periódico eran? . — Preguntó el portero tapando el altavoz del teléfono.
—¡Aurora Press!
— De Aurora Press. Me dicen que quieren hablar con usted. Me pregunta que de qué quieren hablar con ella. — Tapó nuevamente el micrófono para dirigirse a ellos.
— Es un tema delicado que queremos tratar directamente con ella. — Respondió Morena.
— Dicen que es algo delicado, que lo quieren hablar directamente con usted. — Morena estaba empezando a perder un poco la paciencia.
— Está bien señora directora, yo se los comunico. — El hombre colgó el teléfono y les dijo:
— Por este pasillo, al fondo del todo están los ascensores y al lado las escaleras. Es la quinta planta. La primera puerta que verán según lleguen. Llamen antes de entrar. La señora directora los estará esperando. — Estás fueron las indicaciones que recibieron.
El colegio era bastante grande, lo suficiente como para perderse entre tantos pasillos y salones. Al llegar al ascensor, subieron a la quinta planta como les habían indicando y una vez allí llamaron a la primera y única puerta con la que se encontraron.
—¡Pasad, pasad! — Se oyó la voz de la directora del otro lado.
Al abrir la puerta, se encontraron con un enorme despacho que ocupaba la quinta planta entera. Adornado completamente con motivos religiosos, daba la impresión que habían entrado a una pequeña capilla. Títulos y diplomas colgados orgullosa y presumidamente en las paredes. Demostraban el gran conocimiento que tenía la persona que ocupaba el puesto que dirigía todo el instituto.
— Hola, buenas tardes, mi nomb—
—¡Morena Blume! — Interrumpió la directora antes de que pudiera terminar de presentarse. —
Morena no recordaba haber escuchado que el portero le dijera su nombre.
— Adelante por favor, poneos cómodos. Estaba esperando vuestra visita.
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Reflejos del apocalipsis: un diario en ruinas
AdventureEn las páginas de "Reflejos del apocalipsis: un diario en ruinas ", los destellos de una narrativa extraordinaria centellean. En el tranquilo día de descanso de Saúl Borth, las trompetas celestiales irrumpen con un estruendo apocalíptico, desencade...