Prólogo

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-¿Brigitte Ehrlich?

-Sí, yo misma.

-Puede pasar al despacho.

Entro. Estoy muy nerviosa. Entregué ese currículum hacía ya dos meses, y había esperado este momento durante todo el tiempo. El despacho es luminoso y hay una mujer sentada en la silla, con las gafas bajadas hasta la punta de la nariz. Así que me siento.

-Buenos días -digo por educación.

-Buenos días, señorita Ehrlich -silencio.-Hemos estado mirando su currículum. Buenos conocimientos, altas marcas estudiantiles, alguna práctica...

-Así es.

-Bien, me alegro de que sea así, porque la hemos admitido en el departamento forense del laboratorio por una temporada, y así ver cómo evoluciona.

-¿De verdad? ¡Muchas gracias! ¿Cuándo empiezo?

-Esta misma tarde puede presentarse en el departamento. Allí encontrará a sus compañeros, que le explicarán el funcionamiento del establecimiento. Encantada de haberla conocido.

-Muchas gracias, otra vez. E igualmente.

Salgo. Me siento satisfecha con el trabajo que he realizado durante años, porque ha tenido su recompensa. Ya en la calle, grito de alegría.

Ha llegado el momento tan esperado de mi vida. Este es mi mundo.

Memorias de un crimenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora