Durante los siguientes días no se volvió a hablar de lo que sucedió en casa de mi ex némesis, puedo asegurar que al día de hoy lo que viví en ese armario aún me tiene atónito. En nuestra última conversación, Leila insinuó intentar resolver los problemas de alcohol que tiene su padre «problemas de los que ella no debe hacerse responsable» y, aunque quise convencerla de no hacerlo sola, terminó cambiando mis planes de manera muy obstinada: «- Créeme, esto va a funcionar.» La explicación que me dio sobre cómo resolver sus asuntos fue hueca, tan hueca como su decisión de querer volver a casa un día después de abandonar su tormento. Desistí cuando parecía no cambiar de opinión, defendía sus ideas a capa y espada, así que antes de ayudarla por completo dejé que al menos intentara solucionar sus asuntos por su cuenta. Entonces, cuando la vi partir, entendí que Leila no estaba buscando decepcionarse a sí misma, sino que buscaba algo de esperanza en su oscuridad. Poco a poco nos acercamos por mensaje de texto, nos manteníamos al tanto de lo que iba sucediendo. Prometió escribirme por si algo cambiaba, por si su padre volvía a hacerle daño.
La siguiente semana transcurrió con normalidad, en la escuela actuábamos como si aún nos odiáramos, bueno, más bien como si ella aún me odiara. Si se hacían obvias nuestras interacciones, serían obvias las preguntas y Leila no estaba preparada para dar respuestas, no, si responder a ellas implicaba hablar de sus problemas. Trabajar juntos fue la fachada perfecta, pero sin intención alguna habíamos olvidado que aquella fachada, tenía tiempo de caducidad; «-Están atrasados.» Fue lo que dijo el profesor de arte al leer solo el 50% de lo que habíamos escrito para la asesoría. Ella asumió que salvaba el barco del hundimiento al mentir que preparábamos una pieza de arte para la clase, y que dado a ello estábamos atrasados con el ensayo. El profesor se emocionó tanto con nuestro instinto creativo que hizo comentarios que aludían a una necesidad exagerada por ver tal pintura, ¿cómo sería eso posible? Ni siquiera existía tal maravillosa pintura.
Exhalé con suavidad, sin que mis acompañantes lo notaran, y seguido a ello bajé la ventanilla del auto. Pablo, hizo lo mismo después de apagar la calefacción. El día ya no estaba tan frío, así que me animé a tomar un poco de aire. El viento en mi rostro se sentía bien. Me planteé distracción y diversión para este viaje de fin de semana y, Alex, no estaba siendo el mejor ejemplo de esas dos palabras. Él estaba molesto conmigo porque seguía ignorando sus llamadas, pero yo, no tenía problema alguno con responder a los mensajes en el chat de Clara, con ella no estaba discutiendo, no aún. Bajo mi nariz se formó una sonrisa dada la imagen que creaba en mi cabeza de la vena en su frente, le es imposible ocultarla cuando está furioso, ¿estaba enojado por qué seguíamos sin llegar a la parada o solo estaba desesperado por desayunar? Asumiré que solo estaba desesperado por desayunar, en el itinerario que Alex había enviado para el viaje, no estaba siendo el rey del drama.
Viendo la hora en la pantalla del auto comprendí que si estábamos siendo muy impuntuales, bueno, había sido yo quien irrespetó el tiempo de todos. Ambos queríamos llegar a tiempo y teníamos toda la disposición de lograrlo, pero... no contaba con que entre mis planes también estaría cambiar el resultado. Hace una hora y quince minutos le pedí al chico de ojos color miel que aún conduce a mi lado que se desviara del camino. Necesitaba hacer algo antes del viaje. Los chicos se cansaron de esperar, así que abandonaron el punto de encuentro y ahora los veríamos en un restaurante aledaño ubicado a la salida de la ciudad. - No hay mejor comida que la que servimos en nuestro lado norte- fue lo que leí en la pequeña valla mientras Pablo estacionaba el carro de mi madre.
- Entraré primero y hablaré con ellos - dije, intentando sonar calmado, mientras me deshacía del cinturón.
- Esto es una pésima idea - Leila acercó su rostro al asiento del copiloto-. Me odian, es obvio que no van a quererme aquí.
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Mi perfecta elección.
Roman d'amourComo siempre una vez más estoy aquí rompiendo mis promesas, me prometí no cruzar ese límite porque somos prohibidos, porque Pablo no es solo un extraño, es mi hermanastro, luché cada día intentando minimizar lo que sentía por él, deseando borrar la...
