Capítulo IV.

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-¿Acaso tienes miedo de competir con Daniel?

-no es eso, es difícil para mí competir contra Daniel Valencia, quién siempre ha tenido tu atención, tu confianza, más que yo que soy tu hijo, pero lo curioso de todo esto, es que lo que no te gusta de mí, ¡lo tiene también él! pero en eso no te fijas, porque bien que te enteras de todo lo que él hace con tus amistades, siempre es así, pero competiré con él porque es mi sueño ser el presidente de la empresa. Y sí, es cierto lo que me dices, valoras mi trabajo, ¡pero no confías en mí! me dices que cuento contigo, ¡pero no lo veo así! porque podrías orientarme un poco, darme sugerencias para elaborar ese plan ¡y tampoco lo veo! sé que me diste una educación en los mejores colegios, y te lo agradezco, ¿pero sabes? Jamás volverás a escuchar quejas de mi parte, quizás yo estoy equivocado, pero de una cosa estoy seguro, si gana él... yo... renuncio.

-¡eso es un chantaje Armando! ¡no seas infantil! no puedo aconsejarte a ti porque eso te daría ventaja y lo mejor es que yo sea imparcial, que me mantenga al margen ¡compréndelo!

-lo siento papá pero así pienso y siento, no valoras mis sentir, ¿por qué me juzgas? ¿por qué por un momento no piensas de otra manera respecto a mí? tú sabes que Daniel y yo no tenemos buena relación, pero si me defiendo y le reviro, ¡de inmediato te molestas y me callas enojado delante de quien sea! no te imaginas lo que yo siento por no ver ese apoyo que dices darme... y ver en su cara la burla, pero esta vez haré lo que sea mejor para mí, nuestros desacuerdos y enojos siempre tienen que ver con los hermanos Valencia, y ese afán tuyo por defenderlos, de callar mis opiniones al respecto, en todos los demás temas, sin problema hablamos, estoy cansado de todo esto papá, muy cansado.

Los interrumpe Sofía.

- don Roberto lo buscan de Rag telas tienen cita a esta hora.

- ya voy Sofía, ¿los pasó a la sala de juntas?

- sí señor, ahí lo esperan.

- con permiso Armando, después continúamos.

- si papá -responde desolado. Y se va a su oficina cabizbajo, por más que lo intenta no puede hacer que su padre lo apoye sin condiciones y eso le duele, entra a su oficina y Betty está trabajando en la computadora, se acerca y se sienta frente a ella.

-Beatriz tenemos que empezar ya con el plan de negocios, mi padre me preguntó que si ya estamos trabajando en eso... -dijo entristecido.

-sí don Armando, de hecho ya estoy elaborando unas proyecciones de inversiones y créditos, estimados de ventas, ya estoy en eso...

-gracias Betty es usted muy eficiente, ¿sabe?... mi papá no confía en mí por la vida que llevo, siempre ha confiado más en Daniel, quién es igual que yo, igual es mujeriego, pero a él lo justifica y a mí me juzga, estoy tan harto de los Valencia, ¡maldita sea! no sé porque tuvieron que quedarse con nosotros, como me habría gustado que tuvieran otros familiares, y tener a nuestros padres de nuestro lado nada más.

- doctor, su papá lo quiere, usted es su hijo, no se ponga triste...

-a veces lo dudo, me dice que le disgusta la vida que llevo, y eso borra todo lo que hago en la empresa cada día, usted es testigo de cómo trabajo, como me involucro y separo las cosas -dice con ojos llorosos-

- ¡precisamente por eso! porque su hijo es usted, por eso es más severo, y le preocupa la vida que lleva...

- ¿usted cree Betty?

-¡claro que sí! usted le importa y le preocupa.

Se escucha la puerta que se abre...

-¡¡¡Armando Mendoza!!!... mi estimada alimaña ¡¡ya volví!! y le tengo mucho que contar... perdón señorita... Armando presénteme a esta mujer tan linda...

MI BECARIADonde viven las historias. Descúbrelo ahora