dos.

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juan.

—¿cómo dormiste?—le pregunta esteban mientras se acerca a él. sostiene un café para llevar en una de sus manos.

—muy bien.—responde sonriendo amistosamente.—me siento mucho mejor ahora.

continúa conversando con el otro, los dos disfrutando de la compañía ajena. están de pie cerca de la entrada al hotel donde se hospedan, esperando a que los demás se unan a ellos.

en menos de una hora deben partir a la montaña. tienen un largo y cansador día de filmación por delante.

—¿de qué hablan ustedes dos?—pregunta un sonriente francisco. se acerca a ellos mientras termina de guardar algunas de sus pertenencias dentro de su mochila.

—nada importante.—aclara esteban. le da un último sorbo a su café antes de volver a hablar.—al final hoy no vamos a salir a recorrer la ciudad.

—¿por qué?

—está pronosticado lluvia para más tarde, cerca de la noche.

—buenos días, amores.—saluda felipe al acercarse a ellos. andy y simón vienen con él.

y poco a poco van llegando los demás, por lo que rápidamente el lugar se llena de sus voces alegres. todavía tienen quince minutos para charlar antes de partir.

—¿y qué tienen pensado hacer el fin de semana?—pregunta felipe mientras guarda su celular en uno de los bolsillos de su campera.

—yo no sé.—responde con sinceridad.—pero estaba pensando en decirle a blas para ir a comer algo por ahí.

—¿y a mi no me invitas?—felipe le pregunta, luciendo herido por sus palabras. su labio inferior sobresale cuando hace un puchero infantil.

—no, porqué vos nunca podes.—reclama.

—una sola vez te dije que no podía.—protesta el de cabellos lisos mientras frunce el ceño.—y fue porqué me sentía mal. me dolía la cabeza y también la garganta.

—no empiecen.—pide esteban con una sonrisa divertida.—después cuando estén solos se reclaman todo lo que quieran.

felipe le saca la lengua antes de darse la vuelta, caminando hacia donde otros de sus amigos se encuentran hablando felizmente.

su mirada queda clavada sobre el otro, esperando que se digne a finalmente mirarlo para poder devolverle el gesto.

—¡miren quien llegó!—grita emmanuel con una risa. ve que sus ojos están puestos en alguien que se encuentra detrás de él, por lo que intenta girarse.

pero antes de que pueda hacerlo, unos brazos rodean su cintura desde atrás. el familiar olor del perfume de blas golpea su nariz cuando toma aire brevemente.

—por fin te dignas a aparecer, pendejo.—esteban dice.

el pelinegro apoya la barbilla sobre su hombro izquierdo, sonriendo a sus amigos mientras aún lo rodea con sus largos brazos.

—¿me extrañaron o qué?—pregunta con burla.

los brazos del otro lo rodean con fuerza. puede sentir el pecho de blas contra su espalda, los rulos pelinegros le causan cosquillas en su cuello y mejilla. la respiración tranquila del más alto calma sus nervios pasajeros.

sus amigos parecen no darle importancia al abrazo entre ambos. no miran los brazos que rodean su cintura, ni dicen nada.

—¿cuánto falta?—uno de sus amigos pregunta. la impaciencia resaltando en su voz.

cuando los demás comienzan a hablar entre ellos una vez más, siente que blas lo mira fijamente.

—¿y vos?—pregunta cerca de su oído.—¿me extrañaste?

el pelinegro se acerca aún más a él, casi pegando sus cuerpos. por la diferencia de altura entre ambos, sabe que el otro debe estar encorvado.

—la verdad... no.

el otro sonríe, ejerciendo más fuerza en su agarre.

—yo sé que mentís.

sonríe tontamente por la respuesta de blas. siente un cosquilleo en su abdomen bajo, uno que le provoca una sensación agradable en todo el cuerpo.

los demás comienzan a caminar cuando una voz femenina les indica que ya pueden salir del hotel. él intenta moverse, pero el agarre del más alto se lo impide.

antes de que pueda decir algo, blas se acerca y besa rápidamente su mejilla izquierda.

el pelinegro se aleja luego de eso, sonriéndole mientras camina junto al resto.

disimular ; juan x blas Donde viven las historias. Descúbrelo ahora