TREINTA Y UNO

14 2 1
                                        

Pues nos hemos visto.

Cuatro horas juntos ¿Cómo pudiste poner de cabeza mi mundo?

Entre abrazos, besos y recuerdos. Todo se sintió tan bello.

Tus brazos me rodearon y me aferré a tu pecho. Aquel lugar era tan cálido, aquello era nuestro momento.

Me volví a sentar en tus piernas como solíamos hacerlo y volviste a meter tu cara entre mi cuello. Hubo muchos silencios pero todos eran con un lindo sentimiento.

Me di cuenta por qué pensar que alguien más me toca me hace llorar y es que es porque no eres tú quién lo hace. Hoy me tocaste. No como antes porque ya no somos pareja pero lo hiciste y no me desagradó aquello.

Me tocaste y te dejé hacerlo pero pensar en que alguien más lo hace es escalofriante así como el imaginar que ya no podrás hacerlo.

A veces lloro cuando lo pienso.

Estoy tan acostumbrada a tu tacto que el no tenerlo hace que sienta vacío mi pecho.

Nos besamos tanto...juro que ya me había desacostumbrado a tus labios pero el tenerlos de nuevo ha hecho que regrese mi adicción a ellos.

Nos tomamos de la mano y estuvimos paseando pero tus amigos nos veían y en su rostro estaba claro: ¿Volvieron?

Pero no vamos a volver, quizá fue por costumbre el encuentro de ayer y el de después. Quizá fue solo eso ¿Cómo sabemos que no hemos dejado de querernos?

Me he dado cuenta de algo y es que siento vacío mi pecho, contigo o sin ti ahora hay un hueco.

En tus brazos me sentí segura, al principio solo charlamos pero estábamos muy pegados, que triste que ahora sea parte de otro de mis simples recuerdos.

Me dijiste que estabas confundido y que querías volver conmigo pero que al mismo tiempo sabías que nada iba a cambiar, que todo iba a seguir igual. Y es cierto.

De algo estoy segura (o al menos me miento con eso) no quiero volver contigo por más que aún te considere "mi niño de ojos lindos".

Hoy te llamé mil veces en mi mente "amor" y te dije otras mil veces "te amo" pero nada de mis labios salió porque ya no tengo derecho a aquello, porque ya no tengo derecho a nada.

Dices que sigues siendo mío y que yo sigo siendo tuya pero ¿Cuánto durará eso? ¿En qué momento se extinguirá este apego?

Hubo un rato en el que me acunaste en tu pecho y casi me quedo dormida ahí adentro con mi cara entre tu cuello. Yo estaba ahí, sentada sobre ti y tú acariciabas mi cabello.

¿Por qué tuvo que terminar? ¿De verdad no podíamos hacerlo durar más?

Te extraño...

En otro momento tú te acomodaste entre mis piernas y te quedaste dormido apoyado en ellas. Sentí tu cuerpo brincar levemente y no pude evitar tomar una foto cuando dormías plácidamente.

¿Por qué lo hice? Ahora no la puedo dejar de mirar.

Antes de irnos me abrazaste fuertemente y yo también lo hice con ganas. Extraño tus abrazos, eras el único al que no importaba cuánto tardara nunca ibas a cortarlo. Hoy fue casi igual, los abrazos eran largos pero para mí desgracia ya no habrán más.

Hablamos de bloquearnos pero ninguno puede hacerlo ¿Es realmente esto sano? ¿Mi corazón cuándo dejará de estar enamorado?

En la parada del autobús no parabas de abrazarme pero poco antes de salir de la escuela yo ya te había cerrado las puertas así que comencé a evitarte.

No quería irme, no quería dejarte y muchas veces me lo preguntaste pero una vez más negué, te dije que me quería ir pero la realidad es que tenía miedo a que fueras tú el que dijera que era tiempo de que me marchara.

Hablamos de una escena, aquella de un anime que a muchos les encanta "si se baja lo amaré pero si no me olvidaré de él" dijo la protagonista.

Era yo la que está vez se iba pero no me bajé, una vez que llegó mi autobús me subí y hacia atrás no miré.

Quedamos en no hablar más pero miraba a cada rato mi celular esperando un mensaje, una notificación, algo en lo que no nos dijéramos adiós.

No llegó.

No sé si llegará.

Esto no para de la herida hacer sangrar.

Día treinta y uno. Creo que volvemos a empezar, el proceso de duelo ha dado marcha atrás y me toca volverme a regenerar.

Te extraño. Te extraño tanto y también te amo.

Quizá ahora no, quizá dentro de algunos años o quizá nunca volvamos pero aquí estoy, aquí estamos intentando sanar aquello con lo que no se da marcha atrás.

Cuando nos decimos adiósDonde viven las historias. Descúbrelo ahora