Primera parte saga IRIS. +18 🔥
"No era difícil, solo necesitaba memorizar:
1-Los salvajes tenían ojos color púrpura.
2-Los nativos tenían ojos color amarillo.
3-Los Anion color verde.
4-La realeza color azul.
Y por último... Mi duda era a qué g...
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Año 2996
¿Alguna vez has sentido esa inquietud, ese cosquilleo en el estómago, la sensación de que algo malo va a pasar? Yo sí, era una intranquilidad que venía acechándome y no conocía el origen, ni siquiera sabía de dónde esperar el golpe.
Y fue un golpe duro, de esos que no solo lastiman la carne, sino el alma, no tenía arreglo, estaba arruinada para siempre, pero por lo menos, iba a hacer algo al respecto, pretendía terminar con la maldad del mundo.
*
Terminé de meter a la última vaca en el corral y salí del granero, terminaba otro día laboral cansado y lo único que quería era estar en casa, comer algo y meterme a la cama. Tenía que caminar 3 kilómetros que a veces los hacía trotando para poder llegar más rápido, pero mis obligaciones no terminaban aún, puesto que tenía que atender a mi abuela enferma.
La vieja descansaba junto al fuego, estábamos en primavera y el clima era súper agradable, pero aún así ella tenía frío, la poca circulación de su sangre y su insuficiencia al respirar la hacían sentirse a punto de desmayar todo el tiempo, estaba calva y su piel cada día se deterioraba más. Por más que la bañaba a diario, siempre olía mal, literalmente se estaba pudriendo en vida. Sentía mucha pena por ella, no quería que muera ya que es lo único que tenía en este mundo, pero su terquedad le impedía ir al médico. Padecía de una extraña y antigua enfermedad llamada cáncer. Todos debíamos inyectarnos cada mes, esa era la regla, de lo contrario la radiación haría de las suyas y podríamos sufrir esa enfermedad o cualquier otra.
Le di un plato de sopa y me senté junto a ella a verla comer, no decía nada, tenía la mirada perdida y apenas balbuceaba. Ya me lo habían dicho, era cuestión de días para que se vaya y me abandone. Tenía muchas dudas sobre mí, tanto de mi pasado, mi presente o mi futuro, sabía de muchas cosas y mi abuela siempre satisfacía mi curiosidad, pero nada referido a mi origen o donde estaban mis padres. Era en vano preguntarle qué iba a ser de mí de ahora en adelante, ya no tenía respuesta, estaba muerta desde hace rato, o por lo menos, su mente ya no estaba en este plano. La ayudé a ir a su cama y me recosté junto a ella como todas las noches, la observé dormir hasta que mis ojos se quebraron de sueño y me dejé ir a descansar.
Abrí los ojos con el canto de un ave junto a la ventana y me desperté sobresaltada, por la cantidad de luz que entraba ya era tarde y los animales esperaban por mí, miré a mi lado y mi abuela seguía en la misma posición en la que la había dejado, ahora tenía los ojos abiertos, de un color blanquecino y opaco, sus labios morados y el cuerpo rígido. Sabía que podía pasar en cualquier momento, pero necesitaba un milagro, necesitaba a mi abuela un poco más. No estaba preparada para esto. No quería quedarme más sola de lo que ya estaba.
*
Tan pronto como anuncié el fallecimiento en la alcaldía retiraron su cuerpo y luego me hicieron las preguntas pertinentes. Todo el tiempo podía notar el resentimiento en la mirada del comisario, quizá un poco de asco y miedo también, no lo sabía con seguridad, no solía tener mucho contacto con nadie por eso mismo, la gente le teme a lo desconocido, y para ellos yo era un aborto de la naturaleza.