Capítulo 13: Nunca

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Con un grito de guerra silencioso me lancé primero y, con los músculos tensos apretando el tubo con las manos sudorosas, golpeé al zombie que tenía más cerca justo en el cráneo

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Con un grito de guerra silencioso me lancé primero y, con los músculos tensos apretando el tubo con las manos sudorosas, golpeé al zombie que tenía más cerca justo en el cráneo. Este dio un gruñido gutural y cayó tendido al suelo como un trapo malgastado, haciendo que los otros de su especie subieran la guardia.

—¡Sí! ¡Le di! —celebré con la adrenalina por las nubes, sintiéndome indestructible por unos segundos.

Pero era evidente que, como zombie que era, no dejaría de moverse por un simple golpe. No podía olvidar que ya estaba muerto. La sonrisa de mi rostro se desvaneció cuando tambaleándose, el zombie volvió a levantarse, y esta vez hasta con un toque de recelo. La criatura corrió hacia mí sin tiempo a que pudiera reaccionar y me estampó contra la pared haciendo que no pudiera mover el brazo con el que luchaba.

Eso me dejó estupefacta, podía ver su rostro fiambre a solo unos centímetros de mí, exponiéndome a el olor más desagradable y putrefacto que mi nariz había inhalado jamás. Previo a que pudiera morderme el cuello o convertirme en su manjar del mediodía un tubo lo atravesó dejándolo tirado en el suelo de nuevo, respiré hondo por mi vida y me fijé en Zayne, aún en posición defensiva.

—¿Estás bien? —me preguntó, tirando el pelo grueso de su frente hacia atrás.

—Sí —le respondí con la respiración agitada, viendo como mis compañeros ya estaban luchando contra los zombies—. Muchas gracias. Te lo compensaré.

—No tienes que compensarme nada, somos un equipo.

Le dediqué una sonrisa y volví  a subir la guardia, el zombie que casi me estrangula volvió a levantarse, aunque esta vez un poco más afectado. Cuando vino hacia mí me adelanté a golpearlo de nuevo en varias zonas de su cuerpo para seguir debilitándolo, y cuando parecía que sus pálidas piernas ya no podían aguantar más, le dediqué un golpe final estampándolo contra la misma pared de antes. El karma.

Esta vez ya no volvió a levantarse cuando se quedó sentado dejando una larga pintada de sangre y líquido negro, pero lo golpeé de nuevo para asegurarme. Esas bestias estaban llenas de sorpresas.

Miré a mi alrededor para comprobar que criatura sería la siguiente, aunque casi todas estaban ocupadas siendo masacradas por mis compañeros, que parecían ponerle muchas ganas. De pronto, justo al lado de la puerta roja, vi a Elinette estremeciéndose en el suelo a la vez que un zombie la acorralaba encima de ella.

Parecía estar en un grave problema, así que no me lo pensé dos veces y corrí como un tren bala para quitarle esa cosa asquerosa de encima. No pude evitar recordar la vez que yo y Elinette estábamos en esa misma posición, peleándonos como dos tigresas, y se me hizo un nudo en el estómago.

Cuando de un porrazo dejé al zombie paralítico mi compañera cerró los ojos y dio un largo suspiro, con la mano en el corazón.

—¿Estás bien, Elinette? —le pregunté de la misma forma que Zayne, ofreciéndole mi mano—. ¿Te ha hecho daño?

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