D O C E

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⚠️ Advertencia de contenido:  Este capítulo contiene temas sensibles que pueden resultar perturbadores para algunas personas, incluyendo:

Abuso sexual y manipulación emocional

Ansiedad severa, autolesiones y dinámicas tóxicas

Estos temas se presentan como parte del desarrollo de los personajes y no son romantizados. El objetivo es mostrar cómo los vínculos dañinos, el trauma y la falta de contención pueden llevar a decisiones confusas y a veces destructivas. Se recomienda discreción y empatía al leer. Si estos temas son desencadenantes para ti, considera omitir esta parte o leer con cuidado.

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3/3

La luz tenue que se reflejaba en el espejo sucio del baño era la única fuente de luz que iluminaba su rostro y cuerpo demacrado del castaño. Tenía apoyadas sus manos sobre el lavabo, con el pecho descubierto. Caían de su boca hilos de saliva por el reciente vómito que tuvo. Sus ojos apagados derramaban un cansancio notable.

   Se miraba fijamente a sí mismo, con los ojos y la nariz rojos, junto con el jadeo leve que entraba y salía de su boca. En su torso desnudo, tenía marcas rojas de chupetones que ya se habían tornado moradas como manchas asquerosas sobre su piel. Su mente se enredaba con cada pensamiento que afectaba a su respiración y ritmo cardíaco por el malestar interno. Un sollozo débil salió de él. Cerró los ojos asfixiado y negó suave.

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"Ngh..."

   Ecos de besos retumbaban en las paredes de la habitación. En la cama, Mangel y Rubén compartían besos mutuos. Mangel atraía al castaño con su mano en la nuca del contrario, con el apetito de profundizar más. Besos torpes, de adolescentes torpes.

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   Rubén apretó los ojos, asfixiado en memorias. Su agarre al lavabo se volvió más fuerte y su respiración más agitada.

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   Jadeos de ambos. Besos en el cuerpo. Hubo caricias sobre la ropa y manos entrando en ella. Miradas que comían. Y cuerpos cada vez más desnudos.

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— Perdón... —Rubén murmuró entre sollozos.

   Unos toques en la puerta del baño cortaron tales recuerdos.

— ¿Ya se te ha pasado? ¿Quieres un poco más?

— Voy ahora... —contestó y aspiró sus mocos de la nariz, limpiándose las lágrimas.

   La puerta se abrió sin permiso. Del reflejo, Pedro apareció. Avanzó a las espaldas de Rubén. No perdió tiempo, una vez a centímetros detrás del castaño, éste soltó rienda a sus manos. Pedro se dio un autopermiso de recorrer el cuerpo ajeno con cierta lascividad. La única respuesta de Rubén, fue congelarse ante esto.

— ¿Otra vez llorando, tío? Ocupas más medicina cada vez ¿eh? —se acercó a besar el cuello y espalda del castaño — ¿Una línea más?

— S-sí... voy —dijo incómodo al ver el reflejo de ambos.

— Pues te espero fuera, ¿vale?... —le lamió la espalda descaradamente. Rubén solo pegó un ligero brinquito de escalofrío. Pedro salió primero del baño con una sonrisa victoriosa.

Delirio [Rubegetta]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora