Amantes

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En el castillo de la soledad,
donde el tiempo se detiene y se queda,
un caballero fiel, con nobleza,
guarda un amor que nadie comprende.

Era igual que muchas noches, ese castaño entre las sábanas, coqueteaba con descaro a su fiel espadachin. Una sonrisa coqueta, unas prendas provocadora qué revelaban más de lo necesario y....

"Javier..." lo nombró malicioso, mientras observan al nombrado, viendo ese rostro rojo como tomate.

"No te da vergüenza". Respondió el nombrado, mientras desviaba la mirada, intentando ignorar lo sensual qué podría verse ese tonto y feo...

¿Por qué hacía eso?

La respuesta era sencilla, una apuesta con la reyna. Claro que la recompensa era muy, pero muy inrrechazable. Aparte que su orgullo estaba destrozado.

Aun recordaba esa frase que lo destruyó a él y su ego.

"Ni tu caballero que esta contigo todo el tiempo, podría verte con deseo. Entiénde, solo yo podría amarte a si de feo".

Claro que la intención de esas palabras eran otras, pero ese tonto castaño no lo entendió.

"Su majestad, si me permite... Debo contradecir sus palabras, mi caballero se rendiria a mis pies si yo lo deseo".

Claro que desafiar a esa pelirroja nunca fue una buena idea.

"Si esta tan seguro... Le doy un mes para probar que mis palabras son erróneas.".

Tal vez solo debió retroceder a sus palabras y admitir que hablo de más. Su orgullo no se lo permitió.

"Qué quiere que haga... Para comprobar que mis palabras son ciertas".

Estaba jugando con fuego y se iba a quemar.

"Si esta tan seguro... Seducir a su caballero y llevarlo a la cama, no será problema. Te doy un mes.."

Una sonrisa malvada se formaba en los labios de esa mujer, segura de la derrota de ese hombre.

"Si no logras cumplirlo... Deberás ser mi esclavo".

Era una apuesta.

Y ahora estaba seduciendo por tercera ver a ese hombre, ya solo le quedaba una semana para seducir a ese hombre, claro que intento de todas las maneras posibles atrapar a ese caballero, pero ese hombre era astuto y no caí en sus "encantos".

Pero había descubierto algo... A ese espadachin...

"No seas tímido Javier... Yo en verdad te deseo." se sentó en la cama, empezando a tocar sus botones cafés, su orgullo estaba destruyendose, pero era mejor que ser el esclavo de esa pelirroja.

Con una sonrisa agarró la mano de ese espadachin y lo llevo a uno de sus botones, con una leve sonrisa al ver los pantolones de ese peliceleste. Su plan estaba funcionando.

Lo que había descubierto es que a Javier le exita ver a hombres con poca ropa, claro que fue un duro trabajo descubrir esa debilidad.

O tal vez ese espadachin se exita con ver a Lloyd con poca ropa.

"No debería hacer eso..". Quería salir de la habitación, pero sus piernas no le obedecian y en su mente le gritaban qué someta a ese castaño, que lo haga chillar de placer.

La cordura se esfumaba de él.

"Solo debes obedecer" susurro con malicia el castaño, tocando el rostro de su caballero, para después chocar sus labios con el otro.

Solo debía ganar la apuesta, solo necesitaba marcar el cuello de su caballero con varios besos, eso sería suficiente para que la reyna suponga qué si pasaron la noche juntos.

Debía haber pensarlo antes de provocar a ese espadachin.

Sintió como ese hombre le empujó a la cama, para después estar encima suyo, sentía su respiración, esa mirada lleno de deseo. Cuando ese espadachin cambio su naturaleza.

"Javier ¿Qué estas haciendo?" pregunto tembloroso, con una leve sonrisa temblorosa.

"No querías esto". Respondió diminate, para después devolver el beso, mientras una de sus manos se atrevieran a tocar esos botones, la cordura ya no existía.

"Javier no crees que estas hiendo muy rápido".  Intenata empujar al hombre encima suyo, pero era imposible, claro que él empezó ese juego, pero no debía llegar a ese punto.

El confiaba en la cordura de su caballero.

Debió suponer que su caballero lo amaba ya hace un tiempo atrás, deseando ocultar sus sentimientos.

Entre los suspiros y besos... El deseo de amar y ser amado increntaba.

Lloyd intentaba detener al hombre encima suyo, pero cada esfuerzo era inútil. Él era el responsable de tal acto y con un suspiro se rindió, solo era una noche, una que no se volvería a repetir...

O eso creí..

Javier lamia sin parar esos botones marrones, sacando todas las prendas del castaño, dejándolo desnudo frente a él, sintiendo toda la exitacion bajar sobre su miembro, quería ser suave y cariñoso, pero su deseo le gritaba ser dominante y cruel.

Se desvistio rápidamente, tocando con descaro la entrada de su señor, entrando dentro de él sin permiso y sacando unos gemidos.

"Javeir saca tus dedos". Ordenaba avergonzado, intentando huir del lugar.

Era imposible, ese espadachin no lo dejaría escapar.

Sintió un placer que nunca había sentido antes, era algo extraño... Lleno de dolor y placer al mismo tiempo.

"Lo encontré". Sonrió el peliceleste, sacando sus dedos de esa pequeña entraña, para después meter su gran miembro.

Por fin sus cuerpos estaban conectados, ahora eran uno solo, sintiendo el placer de unir sus cuerpos.

Por una noche amaría a su señor, lo haría suyo una y otra vez.

Pero al día siguiente ese castaño actuará como si nada hubiera ocurrido, ignorara sus sentimientos y seguirá con su ambicioso deseo.

Y así, el caballero, con tristeza y dolor,
seguira  sirviendo a su señor sin esperanza,
esperando un día que su amor sea correspondido.

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