40.|otra noche sin ti.|

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M-La lluvia caía con una suavidad casi hipnótica aquella noche en Miami.
Golpeaba el vidrio del gran ventanal de la sala, dejando pequeñas líneas que parecían competir por llegar al final.

Mi madre había salido a una cena de trabajo, y la casa se sentía enorme, vacía... demasiado silenciosa.
Solo el sonido de la lluvia, y el ligero ronquido de Rocky, que dormía hecho bolita a mis pies, llenaban el espacio.

Tenía una manta encima y una película romántica en la pantalla.
De esas que parecen doler más cuando uno intenta distraerse.

El protagonista besaba a su chica bajo la lluvia, y una mezcla de ternura y tristeza me apretó el pecho.
No pude evitar pensar en él... en Robert.

Sus besos, su mirada, su forma de decir mi nombre, su voz ronca al susurrarme cosas al oído...

Hacía meses que no lo veía, meses desde aquel aeropuerto, desde que todo cambió, desde que el destino se interpuso entre nosotros.

Intentaba convencerme de que estaba bien, de que ya lo había superado.
Pero no era verdad.
A veces la mente miente, aunque el corazón no la siga.

La película cambió a una escena más intensa.
Los protagonistas se tocaban con deseo, con fuego...

Y de repente, mi mente ya no estaba viendo la pantalla, estaba recordando.
Recordando sus manos, la forma en que me acariciaba, cómo me miraba antes de besarme, esa mezcla de ternura y locura.

Mi respiración se volvió pesada, mi piel se erizó al pensar en cada rincón, cada lugar donde nos habíamos amado.

Me quedé inmóvil, sintiendo una ola de nostalgia, de deseo contenido.
Hacía tanto que no sentía eso, ni siquiera por mí misma.

Y sin pensarlo, cerré los ojos.

Me dejé llevar por los recuerdos, por la sensación de lo que fuimos, de lo que tuvimos.
Por todo aquello que se quedó inconcluso.

Por un instante, fue como si él estuviera ahí, sus manos, su respiración, su voz llamándome "mi amor".

El eco de su nombre salió de mis labios, casi sin querer.

Michelle: Robert...

No supe cuánto tiempo pasó.

Solo recuerdo abrir los ojos después de unos minutos, agotada, con lágrimas en los ojos y el corazón revuelto entre placer y tristeza.

La lluvia seguía golpeando el techo, como si también llorara conmigo.

Me levanté despacio, busqué una bata y fui directo al baño.

El agua caliente de la ducha se mezcló con mis pensamientos.
Ahí, entre el vapor, recordé las veces que nos duchábamos juntos en su casa.

Las risas, los besos robados, las caricias bajo el agua, el sonido de su voz murmurando mi nombre contra mi cuello.

Cada recuerdo dolía y a la vez me hacía sonreír.
Era una mezcla imposible de explicar: amor, nostalgia, vacío.

Cuando salí, envolví mi cuerpo en una toalla y caminé hasta mi habitación.

Rocky seguía dormido, moviendo las patitas, soñando quizá con nosotros tres.

Me senté en la cama, mirando el techo, mientras el reloj marcaba la medianoche.

No podía dormir, no podía quedarme quieta.

Había tanto que sentía adentro, tanto que necesitaba soltar.

Y entonces lo decidí.

Encendí la lámpara de mi escritorio.
Tomé un cuaderno, hojas sueltas, una pluma azul.

𝓓𝓮𝓵 𝓸𝓭𝓲𝓸 𝓪𝓵 𝓪𝓶𝓸𝓻-.𝓟𝓻𝓸𝓯.𝓓𝓸𝔀𝓷𝓮𝔂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora