Dylan
Ha pasado más de un mes desde el accidente en motocicleta y ya estoy de alta médica, no saben cuánto le agradecí al universo cuando me dieron esa esperada noticia. Aunque eso significaba no más dormir hasta la hora que quisiera, ver televisión, tener los mimos de papá porque me dolía algo junto a muchos de mis caprichos cumplidos por parte de él para que yo no me sintiera tan mal.
Lamentablemente es hora de volver a clases y es un día de mierda de por sí. Ustedes se preguntarán ¿por qué? Pues está lloviendo, pero eso no es lo peor de todo, el viento está muy fuerte, tanto que podría hacerme volar si pongo un solo pie afuera.
Ya camino mejor, puedo pisar bien, los analgésicos hicieron gran parte de esto posible. Debo admitir que Damián es un enfermero grandioso, su manera de cuidar es única y sí que tiene vocación para ejercer su carrera universitaria.
—¿Chiquito, listo? —preguntó al llegar a la cocina—. Desayuna rápido porque hay escuela y yo tengo trabajo.
—Vaya que novedad —resoplé de mal humor jugando con mi cereal.
—¿Perdona? Alguien amaneció con el pie izquierdo —contestó con una ceja levantada buscando algo en la alacena.
—El cielo se cae y nos quieres llevar a clase...
—No te quejes Dylan, tuviste mucho tiempo para descansar.
—Encuentro injusto...
—¿Qué cosa? ¿Levantarte temprano y cumplir con tus responsabilidades?
—Pues... —me dejó sin palabras—, sí.
—Que lamentable, pero usted jovencito debe estudiar —recalcó dándome una mirada de regaño—. Y terminar la escuela. No lo digo yo, lo dice la ley.
—Bla, bla —aparté la comida—, puta le...
—Dylan White no me hagas enfadar ¿quedó claro? —se acercó a mi—. Y no me apartas nada de cereales jovencito, no vas a salir de esta casa con el estómago vacío.
Eso me dio una brillante idea. Podría negarme, no comer, así de simple lograr mi objetivo. Pasaría el resto del día en casa, descansando y jugando en la consola de videojuegos.
—No quiero.
—Ah, no quieres —repitió mi frase—. Maravilloso. Un berrinche ¿a qué hora?
Observó el reloj.
—A las siete y media de la mañana —acercó el plato de cereal nuevamente a mi—. No estoy para juegos jovencito. Come.
—¡Papi no encuentro mi otro zapato! —Noah gritó desde el segundo piso.
—¡Debe estar en el closet, cariño!
—¡Ayúdame! —le pidió mi hermano menor. Se encuentra entre la espada y la pared.
—Cuando vuelva, el plato vacío ¿estamos?
—Uhm.
—Dylan, ¿estamos? —no lo tomé en cuenta—. Te estoy hablando y te hice una pregunta.
—Damián acepta que no quiero y ya —gruñí—. Cada maldita cosa lo haces un problema.
—No me tutees. Tampoco me levantes la voz —me regañaron—. Perfectamente podría ponerte en mi regazo ahora mismo y darte un par de azotes para que aprendas a controlar esa boca irrespetuosa.
—¡Hace rato me estás jodiendo!
—¿Cómo?
—¡Que hace rato...! —no pude terminar mi frase porque sentí una mano en mi brazo izquierdo.
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Small steps
Teen Fiction¿Quién diría que los pequeños pasos podrían cambiarlo todo? Damián White, un enfermero que trabaja en una de las mejores clínicas del país se encontraba de vacaciones en New York, cuando de la nada se le cruzan dos chicos de edad desconocida para él...
