Capítulo 23

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Dylan

No es fácil tener que soportar tantos piquetes en un solo día y peor aún, con dolor. Me quejé muchísimo cuando el enfermero destapó la jeringa y sacó unas gotitas de medicamento para quitarle las burbujas, aún no me pasaba la piel cuando le grité.

—¡Déjenme, no, basta! —quise patalear, pero el dolor de la pierna era insoportable.

—Esta inyección es para que te sientas mejor ¿sí? Puede que sientas un pequeño pellizco casi indoloro, pero inmediatamente el dolor de la pierna va a desaparecer —me alentó—. Eres valiente, Dylan.

—No lo soy -lloré con fuerza acostado boca abajo en la camilla-. Papi, no lo soy.

—Si chiquito, porque has soportado muchas cosas más graves en tu vida que una inyección ¿o no estoy en lo correcto? —sorbí mi nariz mientras él me daba mimos—. Cuidaste a tú hermano sin que nadie te lo pidiera ¿recuerdas?

—S-si...

—Fuiste un chico valiente, que enfrentó los obstáculos que aparecieron en su vida —me susurró al oído—. Y me enorgullece que seas así, Dy. Que buscaras una vida mejor y me encontraras a mí. Soy el hombre más afortunado. Me diste el título que anhelaba en el corazón. El ser papá.

—Y yo pude tener uno —lloré y ya no por el líquido que me estaban administrando si no de sentimiento por sus lindas palabras—. Siempre quise llamar a alguien "papá".

—Mi vida —A Damián se le llenaron los ojos de lágrimas y apenas terminaron no me dejó de dar mimos y abrazarme.

Nos quedamos juntos hasta que el médico me dio el alta definitiva porque había pasado los minutos de observación en caso de algún efecto secundario. Salí cojeando hasta la silla de ruedas que trajeron y vi estrellas al tener que sentarme.

Por fin nos fuimos a casa. En el auto fui cayendo en los brazos de Morfeo. No aguantaba el sueño, el cansancio era excesivo. Papá no hizo ningún ruido con tal de que pudiera dormir y se lo agradecí.

Damián

Dylan se quedó profundamente dormido apenas llegamos a casa. Lo fui a acostar en su cuarto y por fin pude sentarme un momento a procesar todo lo que estaba pasando.

Agradezco que esté bien, de verdad, es una de las cosas que más me aliviaron. Por lo menos podrá volver a caminar en poco tiempo y será solo un feo recuerdo. Sin embargo, no quita que haya pasado y mucho menos que desobedeció en todo su esplendor. Por razones obvias no puedo charlar con él en este estado, dejaré que todo el ambiente sea un poco menos asfixiante antes de sentarlo frente a mí y regañarlo.

No planeo avergonzarlo ni mucho menos, tampoco hacerlo llorar con la reflexión que le pienso dar. Solo que entienda la gravedad del asunto y nunca más pase por su cabeza hacer algo así de nuevo. Pero es un adolescente, un detalle muy importante y a esta edad poco piensan sobre el riesgo que conlleva hacer ciertas cosas.

—Aquí está mi sobrino, sano y salvo —Noah apareció con una sonrisa cuando abrí la puerta y no tardó en ir hacia mis brazos.

—¡Papi te extrañé! —balbuceó en mi camiseta—, ¿Sabes lo que hicimos con el tío Caleb?

—Debes contarme todo —reí y miré a mi mejor amigo—. Mil gracias, Caleb, no sabes lo que me ayudaste este día. Fue un caos.

—Oh lo puedo imaginar, amigo —entró a la casa—, ¿Cómo se encuentra Dylan?

—Bien dentro de todo, me dijeron que... —comencé a contarle todo el proceso detallado en términos médicos ya que me entiende a la perfección.

Una de las cosas que más me gustan de mi carrera es que me enseñaron todos los cuidados que necesita una persona y como poder ayudarla en todos los tipos de escenarios, amo tener vocación para esto y lo que más me motiva es que puedo ayudar a otras personas, en este caso, a mi hijo.

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⏰ Última actualización: Jan 06 ⏰

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