capítulo 18 No puedo perdonarte

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Kagome llegó apresurada a la majestuosa mansión de la familia Taisho, su corazón palpitaba con fuerza. La preocupación por su hijo Kairi la tenía en vilo, y no podía pensar en otra cosa más que en llegar a su lado. Al entrar, se topó con Sesshomaru, quien observaba desde el umbral con sus ojos dorados llenos de una mezcla de sorpresa e incomodidad. A su lado, Naraku se mantenía en silencio, su presencia incómoda y perturbadora al lado de Kagome.

Kagome no perdió tiempo en intercambiar palabras. Cruzó el salón con rapidez, sus pasos resonando en los pasillos de la mansión hasta llegar a la habitación de su hijo. Abrió la puerta con urgencia y vio a Kairi acostado en la cama, su pequeño cuerpo frágil bajo las sábanas. Con lágrimas en los ojos, se lanzó hacia él, lo abrazó y le plantó un beso tierno en la frente.

-Mi niño, mamá ya está aquí contigo -susurró, mientras sus lágrimas caían suavemente sobre las mejillas de Kairi.

En ese momento, la puerta se abrió de nuevo y Katherine hizo su entrada. Su mirada fría y despectiva se clavó en Kagome y en el niño, dejando clara su desaprobación. Desde que Kairi había nacido, Katherine nunca había ocultado su desdén por él, un sentimiento que nacía del rencor hacia su hermana menor, Miyuki, la madre de Kairi.
Kagome levantó la mirada y encontró los ojos de Katherine.

Un silencio tenso llenó la habitación mientras ambas mujeres se miraban, el amor de una madre enfrentándose al desprecio de una tía que nunca había aceptado a su sobrino.

Muchas cosas habían pasado en la mansión Taisho, una de ellas era aquel sentimiento que había comenzado a sentir kagome por Sesshomaru, pero todo aquel sentimiento había quedó en el olvido, si Katherine no le hubiera abierto los ojos aún seguiría sintiendo aquel «amor» en su corazón.

Solo en recordar como había comenzado aquel sentimiento, sentía que había algo más para ella. Ya había pasado una semana, desde que había llegado a esa casa; -Mami, ven rápido -corria el pequeño Kairi, jalando la mano de kagome para llevarla al enorme jardín.

La verdad nunca imagino que se encontraría con sesshomaru, que están en jardín arreglando algunas cosas. Muy importante hasta que miro a Kairi correr con aquella mujer que según era la madre su «hijo» -¿Que tanto miras? -se escucho la voz de Katherine llegando desde atrás. -Nada que te importe -Contesto Sesshomaru tomando entre sus manos aquellos documentos.

-¿Cuando se irá esa mujer? Tomando los documentos de su esposo entre sus manos -¿Kairi ya está bien, ella no necesita seguir aquí? -continuo con sus reproches. No podía creer que Sesshomaru dejara que esa mujer siguiera aquí, por más tiempo. -Ella se quedará el tiempo que Kairi lo desee.

Katherine, ya no sabía que pensar realmente esa mujer era realmente peligrosa para ella, ni hablar del niño. El sonido de sus tacones resonaban en el mármol del piso, subió a su habitación y el sonido fuerte se escuchó de la puerta de habitación. Dejando salir su ira contenida en una almohada se podía ver su reflejo en el espejo completo -katherine, hermana por favor no le hagas daño te suplico. -Se podía escuchar la voz de una mujer. -¡Cállate!, todo esto es tu culpa, si no te hubiera interpuesto entre Sesshomaru y yo nada de esto estaría pasando. -se escucho la voz de Katherine. -¿Y tal vez seguiría con vida verdad? -Pregunto la mujer dentro del espejo.

Inuyasha que apenas había, llegado a la casa de su hermano miro, como Katherine subía a su habitación molesta. -joven, bienvenido -La voz del mayordomo se escuchó. -¿Mi hermano se encuentra? -Pregunto Inuyasha al mayordomo.

-Esta el jardín.

-Entiendo lo iré a buscar.

-Si joven.

Amor de MadreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora