Parte 18

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—Señor Minho, ¿está loco? ¡Es una trampa, lo matarán! —advirtió el menor.

—¡¿Y a Bin si no llego a tiempo?! —elevó la voz.

—¡Es lo que ellos quieren! —exclamó Jisung, igual de irritado.

Minho golpeó su cabeza contra el volante, frustrado por el estrés que lo agobiaba. Tras unos segundos, soltó un profundo suspiro que le ayudó a recuperar el control.

—Entonces... ¿qué se supone que haga? —preguntó con más calma.

Jisung bajó la mirada hacia el suelo, sintiéndose culpable por todos los problemas en los que había metido a Minho desde su llegada.

—Déjeme acompañarlo —dijo en voz baja—. Cambié a su amigo por mí. Quizás lo dejen ir si acepta esa condición.

—No —negó tajante, girándose para verlo de frente—. No haré eso, Jisung.

—Su mundo no corre peligro si me atrapan, porque de todas formas no sé dónde está la llave de esa máquina. No obtendrán nada de mí. Permítame ir con usted —insistió.

—Esto no está en discusión —soltó, con la voz algo más elevada y notoria irritación—. No insistas.

Jisung se encogió en su asiento, sintiéndose inútil al no poder ayudar a resolver el embrollo en el que lo había involucrado.

—Es la única solución —afirmó, cabizbajo.

—Iré solo. No vendrás conmigo —aseguró Minho, decidido—. Regresa con Chan y avísale lo que ocurrió —ordenó, mientras encendía el auto.

Jisung emitió un leve sollozo, la cabeza gacha, lamentándose por haber sido tan evidente. Minho volteó rápidamente hacia él, preocupado.

—¿Estás... llorando? —preguntó, sintiendo su corazón encogerse al verlo así.

—N-no... —negó Jisung, secándose ligeramente los ojos. Su voz temblorosa y sus ojos húmedos delataban el llanto contenido.

De forma inesperada, Minho lo levantó del asiento con facilidad y lo atrajo hacia su regazo, envolviéndolo en un cálido abrazo.

—No quise levantarte la voz. Lo siento —se disculpó, dejando un suave beso en su frente.

—Sé que está estresado, no se preocupe —murmuró Jisung, con un leve rubor en sus mejillas.

—Eso no es excusa —aseguró Minho, deslizando sus dedos por el cabello del menor y limpiando sus lágrimas—. No pensé que me dolería tanto verte llorar... Me siento una escoria.

—No lo es —corrigió Jisung de inmediato—. Usted es bueno...

Minho sonrió ante su respuesta y depositó un beso suave en su mejilla.

—Déjame ir solo, pequeño. Te prometo que volveré —dijo con sinceridad, juntando su frente con la de él.

—¿Y si no? —preguntó Jisung, con evidente inquietud.

—Confía en mí —susurró, cerca de sus labios, antes de depositar un pequeño beso en ellos—. Quédate aquí hasta que llegue Chan. Yo iré por mi cuenta.

Jisung obedeció, aunque con dudas. No quería dejarlo solo, pero tampoco podía contradecirlo. Bajó del auto, y en cuestión de minutos, Chan llegó con una expresión decidida.

—No irás solo, Minho. Iremos todos.

—No quiero a Jisung metido en esto —dijo Minho con firmeza.

—Es mucho más seguro que se mantenga con nosotros, y lo sabes —añadió Chan. Minho volvió a mirar al volante, aún sin convencerse—. Tú lo ayudas a controlar sus dones, Minho. Él te necesita.

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⏰ Última actualización: Jul 13, 2025 ⏰

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