En la penumbra del camarote iluminado por tenues velas, Janet acariciaba la mejilla suave de su hijo, Vincent, mientras Vicente permanecía de pie junto a la cama, con una mezcla de orgullo y preocupación en su rostro.
—Nadie puede cuestionar que es mi hijo —dijo Vicente con voz firme, pero sus ojos lo traicionaban, mostrando un destello de dolor.
—Vincent es perfecto tal como es, amor. —Janet apretó la pequeña mano de su hijo—. Sus ojos y su cabello nos cuentan su propia historia, una que nadie puede borrar.
SorRita había sido la primera en cuestionar al niño, como si su apariencia lo hiciera indigno de su linaje. Pero Susana, la hermana de Vicente, había salido en defensa de su sobrino.
—Madre, Vincent es idéntico a mi hermano cuando nació. No puedes negar lo que es evidente. —Susana habló con firmeza, pero sus palabras estaban llenas de calidez, como un abrazo protector para el pequeño.
Cuando Lady Uma y el Capitán Paul llegaron, la tensión disminuyó. Uma, con su elegancia innata, se inclinó hacia el bebé y susurró:
—Es un reflejo de ti, Janet, de la cabeza a los pies. Una joya que el destino nos ha dado.
El Capitán Paul, por su parte, preguntó por Paula, su nieta mayor, quien estaba descansando en otro camarote tras un día agitado. Con Vincent en brazos, Vicente declaró con solemnidad:
—Les presento a Vincent SerpiRose Bufonidviolet, un nombre digno de un futuro que aún está por escribirse.
Cuando una enfermera entró para avisar que Janet deseaba reunirse con su esposo e hijo, Vicente no tardó en llevar a Vincent con ella. En el camarote, Janet lo miró directamente a los ojos.
—Vicente, no dejaré que nadie cuestione a nuestro hijo otra vez. —Su voz era firme, pero llena de amor—. Vincent será quien demuestre su valía, no por lo que otros piensen, sino por quien es.
Vicente sonrió, dejando a un lado sus dudas, y se inclinó para besar a Janet y luego al pequeño Vincent.
—Siempre seremos un equipo, Janet. Y Vincent... —miró al niño dormido en los brazos de su madre—. Él será más fuerte de lo que cualquiera pueda imaginar.
Mientras el barco seguía su curso por el océano, Janet, Vicente y Vincent marcaban el inicio de una nueva era, donde el apellido Bufonidviolet resonaría en los rincones más lejanos del Imperio. El pequeño Vincent no solo cargaría con el peso de su linaje, sino también con la promesa de un futuro lleno de aventuras y desafíos.
gracias a mi amiga Marina Duran por escribi estos capitulos de En otra realidad
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