Desafiando lo que cualquiera creería en primera instancia, Adora supo manejar la exploración de sus pasiones y su apariencia en público con facilidad, sorteando los muy ciertos pero desacreditados cuchicheos sobre la escandalosa e inmoral vida privada que tenía. Su sola presencia tenía todo el valor de un reproche. Bastaba con que Adora Grayskull atravesara la puerta para que todo el chismorreo del salón de lord Micah se callara y los invitados observaran de mala, incluso burlesca forma a quienes difundían aquello que era rápidamente tachado como injurias. Y es que su rostro nunca perdía el encanto que en un ayer atrajo al joven Bow Georgeson, siendo considerado como prueba irrefutable de nobleza y moralidad magníficas, tanto que muchos se preguntaban cómo una mujer de tan asombrosa belleza podía mantenerse alejada de las tentaciones de una época caracterizada por la inmoralidad material.
Tras regresar de aquellas largas ausencias que generaban tan increíbles conjeturas entre los que creían ser amigos de Adora, ésta accedía al ático usando la llave que nunca separaba de su persona y se mantenía largo tiempo de pie frente a un espejo de gran tamaño, colocado junto al cuadro para apreciar los bien parecidos rasgos que se burlaban del macabro y decadente aspecto del retrato, las cuales provocaron en Adora una genuina curiosidad por entender si eran peores las manchas del pecado o de la edad. Alcanzó a desarrollar un profundo amor por su propio cuerpo, hasta el punto en que verse se tornó un placer por sí solo. Comparaba sus fuertes y esculpidos brazos con las claudicantes extremidades huesudas en la pintura. Su piel nacarada no podía distar más de la capa rugosa y manchada que en el lienzo resaltaba los hilos verdes presentes en sus manos. Su cabello aún no perdía mucho brillo, contrario a los ojos, tan brillantes en el espejo, perdieron ese azúl intenso para verse grises, con la esclerótica amarillenta. Altiva, se mofaba del rostro de óleo, ahora tan esquelético y cruel como el de su abuelo, que palidecía ante la seductora juventud reflejada en el cristal.
Varias fueron las ocasiones en las que, sentada al fondo de uno de los bares de mala muerte que frecuentaba con nombres falsos o bajo algún desagradable y discreto vestuario, Adora pensaba con una compasión patética por meramente egoísta acerca de la corrupción de su alma. Aquellos momentos eran rápidamente discipados por la fascinación hacia la vida que Catra le contagió, complementada por un hambre insaciable de conocimiento. Mientras más sabía, más quería saber.
La misma Catra, a su vez, sabía asesorarla en el área social, seleccionando a los invitados, la música y el autendo para sus más profesionales fiestas, así como, de cuando en cuando, aquellas más íntimas y escandalosas. Abundaban igualmente aquellos, jóvenes por lo general, que tenían a Adora como un auténtico y vivo modelo del ideal que habían buscado en sus tiempos de universidad. La combinación de la belleza propia de una colegiala ingenua con el genio, estilo y los modales de una mujer de mundo.
Pero Adora no encontraba satisfacción con ser una figura cuyo estilo imitar, o alguien al cual acudir para saber lucir una joya o usar un bastón. Su meta era crear una filosofía, un estilo de vida exquisito y renovador en forma de un nuevo hedonismo. ¡Tantos fueron los intentos a lo largo de la historia! Todos ellos frustrados por la insensata y moralista censura de sus épocas. Al humano le da miedo saber que, muy dentro suyo, existen deseos más allá de un pasado salvaje, sinó, más bien, de un muy reciente presente en el que descubrió el mundo como es. Sensaciones que, por intensas e incontrolables, generan en muchos un irracional miedo a la idea de nulo control sobre la mente y el cuerpo disfrazado de valores civilizados y, muchas veces, reforzado por el castigo de la religión. Como Catra había dicho: que el cuerpo peque una vez y se habrá librado del pecado, pues ya no tendrá ningún escabroso impulso retenido intensificándose hasta estallar en una forma violenta, llevando a uno al abismo. Sí; como había hablado con la joven lady, debía haber un nuevo hedonismo, uno que alzara el culto a las sensaciones y enseñe a los humanos a centrarse en los instantes de una vida que ya es por sí misma un instante.
Durante una larga temporada, Adora tuvo una vida bastante cercana con Catra, compartiendo incluso una misma casa en Fright Zone, y por ello, le frustró un poco no lograr descifrarla luego de tantos años como ella había hecho en tan sólo unos meses, sinó es que menos tiempo. Sin embargo, resolvió que ese misterio era necesario para mantener el interés en alguien, y después de todo, Catra también estaba privada de aquél gran secreto suyo que, habiendo cumplidos los veinticinco años, la llevó a tomar la decisión de que no podía quedarse mucho tiempo lejos de Bright Moon. Decididamente, no habría de pasar demasiado tiempo lejos de su casa. Aún con la visita de sus compañeros más habituales, Adora desaparcía repentinamente para cerciorarse de que nadie había forzado los complicados cerrojos que había hecho instalar en la puerta del ático.
Cabe aclarar que la idea de que el cuadro fuera descubierto no le inquietaba por sí sola, puesto que, aunque debajo de ese sórdido aspecto aún había similitudes con ella, poco y ningún parecido tenía con el retrato original, por lo que sería ridículo que intentaran usarlo en su contra; nadie les creería. Pero, ¿qué pasaría si lo robaban? ¿Y si el mundo tuviera acceso al secreto de su alma? Tenía razones para creer que ya varios sospechaban de ella.
Hubo una vez en la que Micah casi le denegó el acceso al salón, siendo que su posición y su cuna le daban ya de antemano la positiva. Cuando se hacía presente en la sección de fumadores, algunos hombres del fondo le dedicaban una mirada gélida antes de retirarse; y las mujeres se tapaban el rostro para seguidamente huir.
A propósito de sus enigmáticas ausencias, surgieron rumores que, a fe suya, resultaban muy vulgares: desde peleas con marineros en sórdidos muelles que terminaban a golpes, hasta relaciones en negocios de lo más turbios y deshonestos. Estos rumores no hicieron más que incrementarse una vez cumplidos sus treinta años, época en la que vivió una escena sumamente incómoda estando ella tocando el piano en la caridad a la que solía asistir.
En un momento, un sujeto bigotón y de faz típica entre los más fanáticos y escandalosos ancianos se puso de pie, gritando para todos:
—¿Permitirán que esa cosa esté aquí presente? ¡Sólo mírenla! —exclamó, apuntando con el dedo hacia el rincón donde estaba el piano— Siendo una mujer adulta, ¿cómo es que mantiene el rostro de una adolescente? ¡Yo digo que es una abominación! ¡Una bestia antinatural! Y me niego a compartir salón con ella
Arrastrando los zapatos, el refunfuñante caballero abandonó la habitación, dejando una atmósfera tensa detrás. Los invitados clavaron la vista en Adora quien, luego de unos segundos, soltó una risa sornosa.
—En definitiva, para qué ir al teatro, caballeros —dijo con su característica despreocupación— ¿cuando sólo requerimos invitar a nuestros mayores a la reunión?
La sala se llenó de carcajadas, permitiendo a Adora volver hacia el piano y reanudar la música, ocultando su expresión de enfado con los ojos fijos y la mandíbula apretada.
Dejando de lado aquella anécdota, fueron épocas donde su estilo de vida no fue afectado. Adora siguió subiendo a su secreta y celosamente asegurada habitación, llena de reliquias tales como ropas apolilladas, la oxidada espada de su tío, las perlas de su madre y una vieja armadura; y contemplaba con regocijo cómo la destrucción de su alma dejaba aberrantes secuelas en el cuadro que ya no era su retrato. Lo que cabe preguntarse es, qué tan lejos esperaba llevar aquella corrupción.
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El Retrato de Adora Grayskull (ADAPTACIÓN)
FanfictionTras verse golpeada por la realidad de que su inigualable belleza se marchitará algún día, Adora Grayskull jura que daría todo con tal de conservarla... Incluso el alma. Basado en el apasionante trabajo de Oscar Wilde, El Retrato de Dorian Gray.
