-Nada, no es nada.Lo siento -Yukito se tranquilizó, dejó caer sus brazos por la silla y dirigió su mirada al techo.
Lo miré, estupufacta, y lo examiné. Tenía una piel tan pálida y unos ojos tan azules y claros. Su pelo negro contrastaba a la perfección con su tez. Todo en él era perfecto, nariz ni muy larga o grande ni demasiado pequeña, perfecta. Lo mismo ocurría con sus labios, finos y no excesivamente largos. Perfectos.
-Aquí tienen,¿arroz con... -la camarera me sacó de mis pensamientos, casi de golpe.
-Y-yo -dije de repente y Yukito notó que lo miraba, intenté no tener contacto visual con él.
No hablamos ni nos miramos mientras comíamos, todo era silencio. Acabamos y salimos del restaurante.
-¿Puedes esperarme aquí? Tengo una cosa que hacer -me dijo sañalando un banco a la sombra de un árbol, rompiendo el silencio, aunque, no me miró a los ojos. -Vuelvo enseguida.
Y se esfumó por una esquina que llevaba a otra calle. Quizás me haya abandonado y no quiera verme más, aunque no sé que hice para molestarlo tanto. Miré el cielo y me enfrasqué en mis pensamientos.
-¿Miyazawa? -escuché una voz femenia que me llamaba. Conocía esa voz. Se me erizaron los pelos del cogote solo con pensarlo. Miré a la mujer.
-Ya que sabes mi nombre, exijo saber el tuyo -respondí en tono serio.
- Pues, puedes llamarme Lydia- me dijo en tono sereno; hoy llevaba el pelo recogido en una larga trenza azabache. Llevaba un vestido azul hasta las rodillas con algo de vuelo, la parte de arriba era de cuello redondo, sin mangas. Iba bastante elegante para estar dando solo un paseo por la ciudad.
-De acuerdo, Lydia¿quieres...algo? -pregunté algo curiosa.
-Es una maldición.
-¿Qué?
-La marca que tienes en el brazo.
-¿Cómo sabes eso? -estaba sorprendida aunque, queria saber la razón de mi marca y ella parecía saberlo, parecía saber muchas cosas, cosas que me gustaría saber.
-Ya te he dicho que te he estado observando, eres especial Misuzu, y te están buscando.
-¿Quién me está buscando?
-Personas, no, no son exactamente personas.
-¿Por qué? ¿Te refieres a ángeles y demonios?
-Escucha, ellos quieren hacerte daño. No debes mostrar tu marca, nunca.
-Pero tú eres uno de ellos, ¿cómo sé que no quieres hacerme daño? ¿Cómo sé que no eres tú la que me quiere herir?
-Astuta, siempre lo fuiste...Pero si miras en tu interior sabrás a lo que me refiero.
-Misuzu-escuché la voz de Yukito que acababa de aparecer por la esquina.
Se acercó a donde estábamos Lydia y yo y se quedó mirando a Lydia, serio. Esta le devolvió la mirada, una mirada cargada de significado. Después, Lydia me volvió a mirar, aunque Yukito la seguía mirando a ella.
-Misuzu, recuerda lo que te he dicho - me dió una palmadita en la cabeza y seguió su camino. Yukito y yo la observamos marchar.
-¿La conoces? - rompí el silencio y Yukito me miró por fin a los ojos; estaban confusos y fríos, más de lo deberían.
-Solo de vista.
-Ah.
Fue lo único que dije, sabía que estaba mintiendo, dos personas que se miran de esa manera no se conocen simplemente de vista. Pero no quería preguntar nada más, Yukito parecía diferente y distante. No me gustaba nada.
Eran las cuatro de la tarde, aún era temprano, pero decidí volver a casa.
- Yukito, es mejor que vuelva a casa. No me siento bien.
- Ah, si, por supuesto,¿qué te pasa?-me miró a los ojos, los suyos eran tan distantes que sentí como si no me estuviera mirando realmente.
- No te preocupes, no es nada serio. Últimamente tengo fuertes dolores de cabeza y me siento débil, pero no es nada serio.
Yukito abrió mucho los ojos y me quedé mirándolo.
-¿Qué?
-Nada, nada. Supongo que es mejor que vuelvas a casa si no te sientes bien, ¿quieres que te acompañe?
-No, quiero decir, que no hace falta. Gracias igualmente.
-No las des, ¿estas segura?
-Segurísima-sonreí ligeramente.
Nos despedimos y me puse en marcha, no había hecho mucho hoy pero me sentía cansada, por lo que deseaba llegar a casa lo antes posible. Ya casi estaba llegando cuando escuché una especie de rugido que provenia de un pequeño callejón. Daba miedo pero tenía curiosidad, me acerqué sigilosamente y me asomé por el borde de la esquina. Y lo ví. Una especie de monstruo negro, con garras y dientes especialmente afilados. Estaba rodeado por cuatro chicas, para ser exactos eran Natsumi, Hachi, Umi y Minako. Mis amigas, ¿qué hacían ellas ahí, dandole cara a esa, esa cosa?
-Vaya, si que eres feo, ¿tienes hambre? Porque me parece que hoy te vas a quedar sin la cena- comentó Minako con aire arrogante.
-No lo provoques Mina, que después es peor-la regaño Hachi.
-Venga, acabemos ya, que quiero irme a casa-dijo Natsumi con una retorcida sonrisa.
De repente una luz las envolvió y empezaron a cambiar de aspecto. Algo así como una transformación de Sailor Moon (no tan cursi, por supuesto). Sus ropas normales se habían vuelto una especie de ropas de combate y todas sostenían armas. Hachiko llevaba un enorme arco y flechas en la espalda; Minako, rifles y pistolas en la cintura; Natsumi llevaba dos katanas, una en cada mano y Umi un gran espada, casi de su misma altura y como unos treinta centímetros de ancha. En sus cabezas brillaban aros de luz: aureolas. Y entonces, lo supe, eran ángeles, pero no los típicos ángeles. Los ángeles de la leyenda que tengo en mi estante, esos mismos. Mi corazón latía muy deprisa, una mezcla de emoción, miedo, tristeza... Mis amigas eran ángeles pero, ¿cómo debía tomarmelo? Por lo menos ya sé qué era lo que siempre me ocultaban...
-Yo me encargo de este feo-dijo Minako con seguridad y unos cinco rifles empezaron a flotar y rodearon a la bestia.-Fuego.
Al pronunciar las palabras los rifles empezaron a disparar y el monstruo empezó a perforarse gracias al impacto de las balas, o eso creo que eran, aunque parecían más grandes. Umi usó su espada para crear un gran escudo transparente, para que la sangre no les salpicara. Yo, que miraba desde la esquina del callejón recibí un par de gotas en la cara.
-Maldición, ¿quién anda ahí?-Hachi se giró y yo dejé de mirar, poniendome derecha en la pared para que no me viera, escuché unos pasos que se acercaban y eché a correr lo más rápido que pude, no sé porqué pero tenía miedo, las palabras de Lydia me vinieron de golpe a la cabeza, "Misuzu, tú eres especial y te están buscando" "Ellos quieren hacerte daño" Corrí más rápido, más de lo que sabía que podía y no miré atrás. Cuando llegué a mi calle sin aliento eché un vistazo de reojo: nadie me seguía. Miré a mi alrededor y entré en mi casa. Me dejé caer en la entrada tras cerrar la puerta con llave, estaba temblando, no sentía las piernas.
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Heart of Dead [PAUSADA]
Science FictionMisuzu, una chica de 17 años, empieza a tener una vida tranquila tras mudarse a la ciudad. Un día, conoce a Yukito, que acaba de ser transferido a su instituto y se hacen amigos pese a que Misuzu quiere evitarlo. Gracias a esto en Misuzu empiezan a...
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