capitulo 9

197 16 4
                                        


Estaba en la puerta del lugar donde mi hermano me esperaba. Sentía el peso de cada paso, la gravedad de lo que estaba por suceder aplastaba mis pensamientos. No podía evitar sentirme nervioso. Mis manos sudaban, pero no podía mostrar debilidad. No frente a él. Había venido solo porque esta era mi batalla. Nadie más debía intervenir. Nadie más debía cargar con el peso de mi venganza.

El lugar donde Itachi me esperaba era sombrío, una especie de sala oscura iluminada por un suave resplandor que no alcanzaba a disipar la penumbra. Me detuve frente a él, mi hermano, el hombre al que había odiado toda mi vida. El que había destruido mi infancia, mi familia y mi alma. Su figura permanecía inmóvil, los ojos entrecerrados, pero su presencia, poderosa y oscura, lo llenaba todo. El aire se volvía denso a su alrededor.

—Sasuke... —su voz era fría, casi indiferente—. Has llegado hasta aquí.

Lo observé sin decir una palabra. No había lugar para discursos. Solo la lucha.

—No estás aquí para hablar, ¿verdad? —continuó, su tono casi burlón.

No respondí. Solo desenfundé mi espada y la tensión en el aire se volvió insoportable.

De repente, el mundo estalló en movimiento.

Mis pies apenas rozaron el suelo cuando me abalancé hacia él. Nuestra batalla había comenzado. Los shuriken volaron por el aire, chocando y desviándose entre sí, las chispas saltando con cada impacto. Mi espada buscaba su carne, pero Itachi esquivaba con una facilidad que sólo me enfurecía más. Cada vez que atacaba, él parecía leer mis movimientos como si ya conociera cada técnica que había aprendido.

—¿Es esto todo lo que tienes, Sasuke? —su voz resonaba con burla, pero yo no me dejaría vencer tan fácilmente.

Sin previo aviso, su Sharingan se activó, y antes de que pudiera reaccionar, el mundo cambió. Todo se distorsionó en un instante.

Me encontraba en una oscuridad infinita. El suelo bajo mis pies se desvanecía y, de pronto, estaba cayendo. Mi cuerpo caía en un vacío interminable, hasta que, de repente, la imagen apareció ante mí. Naruto. Tirado en el suelo, mi espada atravesando su corazón. Sus ojos azules, apagados. El charco de sangre que se expandía bajo su cuerpo.

—Tu mayor miedo... —la voz de Itachi resonaba desde todas partes—. Es perderlo.

Intenté moverme, pero el mundo me atrapaba en un ciclo interminable. Una y otra vez, veía a Naruto morir. Cada vez de una forma distinta. A veces lo apuñalaba en el pecho, otras veces lo ahogaba, otras lo veía desangrarse mientras yo permanecía inmóvil. Era mi mano la que causaba su muerte, mi espada, mis acciones.

—No importa cuánto lo niegues, Sasuke. Este es tu mayor miedo. Perder lo único que no puedes dejar atrás.

La risa de Itachi reverberaba en mis oídos. Intenté resistir, apartar los pensamientos que me desgarraban por dentro, pero cada imagen me hacía dudar más y más. Naruto. Siempre Naruto.

—No... —murmuré, luchando por salir del Genjutsu. Sabía que debía romperlo. Pero las emociones eran abrumadoras.

—No puedes vencerme mientras sigas atado a estos sentimientos. Estás destinado a caer en la misma oscuridad que yo, Sasuke —dijo Itachi, su tono ahora más grave, casi paternalista.

La imagen de Naruto muerto volvió a aparecer, pero esta vez no pude soportarlo más. Grité de rabia, de dolor, y mi chakra estalló alrededor de mí. Rompí el Genjutsu con una fuerza que no sabía que tenía. Mi corazón latía con violencia, pero lo había logrado. Había escapado.

—¡No me vencerás con ilusiones, Itachi! —grité, con la ira controlando cada uno de mis movimientos.

Itachi me observó en silencio, sus ojos aún brillando con el poder del Mangekyō Sharingan. Pero no dijo nada. Sabía que había pasado su límite. La verdadera batalla comenzaba ahora.

El combate continuó, cada golpe, cada técnica lanzada con más intensidad. Utilicé todo lo que había aprendido bajo la tutela de Orochimaru, las serpientes, las técnicas de fuego, y cada vez que creía que lo había alcanzado, Itachi respondía con una brutalidad y una calma que me frustraba. Estaba gastando mis fuerzas, pero no podía detenerme.

—Sasuke... ¿crees que con ese poder podrás derrotarme? —Itachi murmuró mientras su mano realizaba sellos con una velocidad inhumana.

Entonces, lo vi. Su última técnica. El Susanoo.

La enorme figura espectral apareció tras él, una criatura de destrucción masiva. Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, pero no retrocedí. Saqué mi última carta. El cielo se oscureció, las nubes arremolinándose con furia.

—¡Kirin! —grité con todo mi ser, invocando la técnica de rayo que había preparado durante tanto tiempo. El dragón eléctrico cayó desde los cielos, directo hacia Itachi.

El impacto fue brutal. El suelo tembló y una columna de energía iluminó todo el campo de batalla. La explosión dejó un cráter gigantesco y, por un momento, creí que lo había logrado. Que lo había vencido.

Pero cuando el humo se disipó, lo vi. El Susanoo aún lo protegía, aunque apenas se mantenía en pie. Itachi caminó hacia mí, tambaleándose, su respiración pesada. Parecía agotado, pero había una extraña calma en sus ojos. Ya no me miraba con odio, sino con algo más... ¿compasión? ¿Amor? ¿Cariño? Tristeza...

—Lo hiciste bien, Sasuke —susurró Itachi, sus pasos lentos y torpes, mientras se acercaba. El Susanoo desapareció—. Al final, fuiste lo suficientemente fuerte.

Mi cuerpo ya no respondía. Estaba agotado, cada músculo dolorido, pero aún así intenté levantar mi espada. Lo vi acercarse, su mano extendida hacia mí.

—Lo siento... Sasuke.

Antes de que pudiera reaccionar, sus dedos índice y corazón tocaron mi frente, como solía hacer cuando éramos niños.

—Esta... Ha sido la última vez...

Y entonces cayó. El monstruo que había odiado toda mi vida, mi hermano, yacía frente a mí, muerto.

La lluvia comenzó a caer de nuevo. Dejé caer mi espada y me arrodillé junto a él, sin poder procesar lo que acababa de suceder. Itachi había muerto. Pero no sentía la victoria que había imaginado. Solo vacío.

El peso de su última mirada, de su última palabra, me aplastaba. Y en ese momento, algo dentro de mí se rompió.

Y me desmaye, lo último que vi fue el rostro sin vida de mi hermano. Pero en su rostro brillaba una última sonrisa. Una sonrisa sincera.

_________

Se que esto no se parece en nada a la batalla que sucede en el anime pero espero que os guste.

Y otra cosa, necesito ideas de cómo seguir así que si queréis ayudarme os lo agradecería mucho.

Adiós :)

Eres mi camino del ninja Donde viven las historias. Descúbrelo ahora