Esa tarde, escondido entre las sombras, observaba cómo la gente se movía con prisa y dedicación, levantando escombros, reforzando estructuras, reconstruyendo lo que alguna vez fue su hogar. El bullicio era constante: voces dando instrucciones, el sonido del metal golpeando, las risas nerviosas de quienes buscaban consuelo entre el caos.
De pronto, un grito agudo cortó el aire. Una barra de metal, que alguien había dejado mal colocada, comenzó a caer hacia una niña que jugaba cerca. No lo pensé. En un movimiento instintivo, salí de mi escondite, me deslicé entre las personas y la aparté del peligro justo a tiempo.
La pequeña me miró con esos ojos grandes y llenos de inocencia, mientras apretaba con fuerza una muñeca de trapo.
—Gracias, señor —dijo con una sonrisa tímida, sus mejillas sonrojadas.
No supe qué decir. Simplemente asentí, sintiendo algo extraño en el pecho, una especie de calor que no recordaba haber sentido antes.
Esa noche me quedé pensando en su sonrisa, en lo que significaba recibir algo tan puro sin esperar nada a cambio.
Al día siguiente, mientras caminaba por la aldea, vi a Naruto y los demás trabajando. Estaban todos: Kiba con sus bromas pesadas, Ino regañando a Chōji por comerse las provisiones, Shikamaru suspirando mientras intentaba mantener todo en orden. Tenten y Neji levantaban vigas con precisión mientras se llevaban alguna que otra miradita, Rock Lee daba discursos motivadores, y Shino trabajaba en silencio, como siempre. Incluso Sakura estaba ahí, hablando con alguien mientras organizaba herramientas.
No dije nada. No había razón para anunciarme. Simplemente me acerqué y comencé a trabajar junto a ellos, levantando escombros, moviendo madera, ayudando donde se necesitaba.
Al principio, algunos me miraron con sorpresa, pero pronto volvieron a lo suyo. Naruto, por otro lado, me lanzó una sonrisa que me descolocó. No dijo nada, pero esa mirada... sabía que él entendía más de lo que aparentaba.
Esa noche, después de que el bullicio del día se apagó, me encontré en un claro del bosque. Había un lago tranquilo a unos metros, con la luna creciente reflejándose en su superficie. El aire estaba fresco, cargado con el aroma de la madera recién cortada y la tierra húmeda.
Escuché pasos detrás de mí, ligeros pero familiares.
—Te vi hoy —dijo Naruto, deteniéndose a un par de metros de mí—. Ayudaste a los demás. No puedo decir que me lo esperaba.
Me giré para mirarlo. Estaba de pie, con las manos en los bolsillos, su cabello rubio desordenado y brillando bajo la luz de la luna. Había algo en su expresión, algo entre la curiosidad y la satisfacción, que me hizo apartar la mirada.
—No tiene nada de especial —respondí con frialdad, cruzándome de brazos—. Solo hice lo que cualquiera habría hecho.
Naruto soltó una risa baja, y el sonido resonó en el claro, como un eco cálido que atravesaba el aire frío.
—Tú y yo sabemos que eso no es verdad, Sasuke.
—¿Y qué importa? —repliqué, aunque mi voz no sonaba tan firme como hubiera querido.
Naruto avanzó un par de pasos más, acortando la distancia entre nosotros. Podía sentir su mirada fija en mí, intensa y penetrante, como si intentara desentrañar todos mis secretos.
—Quiero saber por qué —dijo al fin, su tono más suave, casi como si temiera asustarme—. ¿Qué te hizo cambiar de opinión?
Me quedé en silencio, mirando el lago, intentando encontrar las palabras adecuadas. Al final, opté por la verdad, aunque no fuera completa.
—Una niña —admití, casi en un susurro—. Me dio las gracias por salvarla. Me sonrió. Fue... diferente.
Naruto no dijo nada, pero lo sentí moverse a mi lado. Cuando me atreví a mirarlo de reojo, noté que tenía esa sonrisa que parecía iluminarlo todo, esa que siempre había odiado porque hacía que las cosas parecieran menos complicadas de lo que eran.
—Lo ves —dijo suavemente—, no eres tan frío como crees.
Fruncí el ceño y di un paso hacia atrás, pero Naruto se acercó un poco más. Estaba demasiado cerca, tanto que podía ver el reflejo de la luna en sus ojos azules, esos ojos que siempre habían tenido una forma de desarmarme.
—Naruto... —comencé, pero me detuve.
—¿Qué? —preguntó con una sonrisa burlona, inclinando un poco la cabeza.
Lo odié en ese momento. Odié lo fácil que era para él romper mis barreras, lo mucho que parecía entenderme sin que yo le dijera nada.
—Nada —murmuré, dándome la vuelta para esconder el leve sonrojo que sabía que estaba asomándose en mi rostro.
Naruto rió otra vez, y esta vez sentí algo diferente en su risa. Algo cálido, algo... íntimo.
—Sabes, Sasuke —dijo, su voz apenas un murmullo detrás de mí—, me alegra que estés aquí.
Quise responder algo, cualquier cosa que rompiera la tensión que parecía envolvernos, pero no pude. Las palabras se quedaron atrapadas en mi garganta, y lo único que pude hacer fue quedarme ahí, sintiendo el peso de su mirada en mi espalda.
La luna seguía brillando, y el lago reflejaba nuestras sombras juntas, como si el universo estuviera conspirando para unirnos, incluso cuando yo intentaba resistirme.
ESTÁS LEYENDO
Eres mi camino del ninja
FanfictionTodos creen conocer a Sasuke uchiha ¿pero en realidad saben lo que él siente? ¿De verdad saben quien es Sasuke Uchiha?
