capitulo 12

156 14 3
                                        


Todo estaba oscuro, más oscuro que cualquier noche sin luna, más profundo que cualquier abismo, más oscuro que mi alma, negra y vacia. Sentía un vacío indescriptible, como si flotara en la nada, atrapado en un limbo eterno. Pero entonces, algo cálido rozó mi rostro. Un contacto tan familiar que mi corazón pareció detenerse por un instante. 

Abrí los ojos, y frente a mí estaban esos ojos que creí que nunca volvería a ver: los de mi madre. 

—Sasuke… —su voz era suave, más dulce de lo que podía recordar, y al mismo tiempo tan real que me hizo temblar. 

—Mamá… —murmuré, mi voz quebrada, apenas un susurro. 

Sin pensarlo, me lancé hacia ella, abrazándola como si mi vida dependiera de ello. Mi madre me recibió con los brazos abiertos, acariciando mi cabello como solía hacerlo cuando era niño. El calor de su abrazo rompió algo dentro de mí, una represa que había contenido años de dolor y culpa. Las lágrimas comenzaron a caer sin control, empapando su hombro mientras sollozaba como un niño pequeño. 

—Lo siento… —logré decir entre lágrimas—. Perdóname, mamá. Perdóname por no haber sido más fuerte, por no haber podido salvarlos. 

Ella no respondió de inmediato. Solo me sostuvo, dejándome llorar, dejándome liberar todo lo que había acumulado. Finalmente, cuando mis sollozos comenzaron a calmarse, habló con esa serenidad que siempre la caracterizó. 

—No tienes nada que perdonar, Sasuke. Eres mi hijo, y siempre he estado orgullosa de ti. 

—¡Pero…! —protesté, intentando alejarme para mirarla a los ojos—. Fui débil. No puede salvarte.

Ella me miró con ternura, sus manos en mis mejillas, limpiando las lágrimas que seguían cayendo. 

—Lo que importa, Sasuke, es que sigues aquí. Que sigues luchando, aunque el camino haya sido difícil. 

Su voz comenzó a desvanecerse, y algo en su mirada cambió. 

—Debo irme, mi pequeño. 

—¡No, espera! —rogué, aferrándome a ella con fuerza. 

—Se me acabó el tiempo —dijo con una sonrisa triste—. Pero hay alguien más que quiere verte. 

Un frío recorrió mi espalda al escuchar esas palabras. El entorno comenzó a cambiar; las sombras se espesaron, y la presencia cálida de mi madre fue reemplazada por otra, una que reconocí al instante. 

—Itachi… 

Ahí estaba él, de sentado frente a mí, con esa expresión neutral que siempre llevaba, pero con una profundidad en sus ojos que nunca antes había notado, o no quise notar; cariño.

—Hermano… —dije, mi voz quebrándose. 

Itachi inclinó la cabeza hacia mí, su figura tan imponente como siempre, pero esta vez su mirada no estaba cargada de juicio ni dureza. Era diferente, casi… cálida. 

—Sasuke —dijo finalmente, su voz profunda resonando en la oscuridad—. Siempre fuiste testarudo, pero creo que ya es hora de que abras los ojos. 

—¿Abrir los ojos? —repetí, confundido—. ¿De qué estás hablando? 

—De tu corazón —respondió sin rodeos. 

Mi pecho se tensó al escucharlo. Intenté mirar hacia otro lado, pero Itachi no me dejó. 

—En nuestra última batalla, traté de mostrártelo, pero estabas demasiado cegado por el odio para entenderlo. Tu mayor miedo nunca fue fallarle al honor del clan, ni siquiera fue morir. Fue perderlo a él. 

Mi cuerpo se paralizó. 

—¿De quién hablas?  —dile aunque en el fondo ya lo sabía.

Itachi suspiró, su tono cargado de paciencia. 

—Sabes perfectamente de quién hablo, Sasuke. Siempre lo has sabido. Desde el día en que lo conociste, esa conexión entre ustedes ha sido innegable. —silencio— Naruto… 

Escuchar su nombre de los labios de mi hermano me golpeó como un rayo. Intenté replicar, negarlo, pero las palabras se atascaron en mi garganta. 

—Tú lo amas, Sasuke. Y ese sentimiento es lo único que siempre te ha mantenido a flote, ¿nunca te atreverás a aceptarlo?

Mis manos comenzaron a temblar. 

—No… no puede ser… —murmuré, retrocediendo un paso—. No es verdad. Yo… yo lo odio. 

—¿De verdad lo crees? —preguntó Itachi, sus ojos penetrándome como dagas—. Si fuera así, ¿por qué cada vez que estás al borde del abismo, su rostro es lo primero que aparece en tu mente? ¿Por qué, incluso en tus sueños más oscuros, su muerte te duele más que cualquier otra cosa? 

Dejé caer el rostro entre las manos, incapaz de sostener su mirada. 

—No sé qué hacer, Itachi… —admití, mi voz cargada de desesperación—. Si me acerco a él, lo lastimaré. Si me alejo, el dolor es insoportable. 

Itachi se inclinó hacia mí, colocando una mano en mi hombro. 

—Sigue tu corazón, Sasuke. Siempre he confiado en ti, incluso cuando tú no lo hacías. Pero ya no puedes seguir huyendo de lo que sientes. 

Su toque, tan firme y reconfortante, me trajo de vuelta a nuestra infancia, a los días en los que él era mi mundo entero. Mi garganta se cerró al recordar todo lo que habíamos perdido, todo lo que nunca pudimos ser como hermanos. 

—Itachi… lo siento tanto… —murmuré, abrazándolo con fuerza, mis lágrimas volviendo a fluir sin control—. Lo siento por todo. 

—No tienes que disculparte, Sasuke —dijo mientras correspondía mi abrazo—. Solo vive. Y no olvides que, pase lo que pase, siempre estaré contigo. 

Me aferré a él como un niño pequeño, como si al hacerlo pudiera retenerlo un poco más. Y por un momento, sentí que todo estaba en paz, que todo podía estar bien.

Por un momento volví a ser un niño, un pequeño, inocente y vulnerable Sasuke.

Eres mi camino del ninja Donde viven las historias. Descúbrelo ahora