Capitulo 13

152 14 2
                                        

Lo último que escuché antes de que la oscuridad me consumiera fue la voz de mi hermano:
-Adiós, Sasuke.

Sentí como si cayera por un túnel sin fin, arrastrado por una corriente invisible que me alejaba del único momento de paz que había tenido en años. Cuando abrí los ojos, empapados en lágrimas, me di cuenta de que había llorado mientras dormía.

El entorno era diferente. Ya no estaba en medio de un bosque ni en un campo de batalla. Me encontraba en una cama improvisada dentro de una tienda, las paredes de lona apenas iluminadas por la tenue luz de una lámpara. Giré la cabeza, y lo vi.

Naruto.

Estaba sentado en una silla junto a la cama, la cabeza apoyada sobre el colchón, su respiración pausada como si hubiese estado cuidándome todo el tiempo que estuve inconsciente. Su cabello rubio brillaba incluso bajo la tenue luz, y su expresión, aunque relajada por el sueño, tenía un toque de preocupación que me hizo sentir una punzada en el pecho.

Era tan bello que por un momento olvidé respirar.

-Naruto... -murmuré apenas, mi voz rasposa.

Él se movió ligeramente, como si hubiese escuchado mi voz aún en sus sueños. Poco a poco, sus ojos azules se abrieron, y cuando nuestras miradas se encontraron, algo en ellos se iluminó.

-¡Sasuke! -exclamó, enderezándose de golpe-. ¡Por fin despertaste!

Intenté sentarme, pero mi cuerpo aún estaba débil. Naruto se apresuró a ayudarme, colocando una mano firme en mi hombro para evitar que me esforzara demasiado.

-Tranquilo, teme -dijo, usando ese apodo que tanto me molestaba y al mismo tiempo me resultaba tan familiar-. Apenas estás recuperándote.

-¿Dónde estoy? -pregunté, mi voz apenas un susurro.

-Estás en un campamento improvisado fuera de Konoha. -Su expresión se volvió sombría-. La aldea... está destruida.

Lo miré fijamente, sin entender.

-¿Cómo que destruida? ¿Qué pasó?

Naruto apartó la mirada por un momento, como si buscará las palabras correctas.

-Pain atacó la aldea. Todo quedó hecho pedazos. Pero por suerte no hay más que heridos, ningún muerto. Sasuke... Pero suerte logramos detener a Pain.

Sentí un nudo formarse en mi garganta. A pesar de todo lo que había hecho, de todo el odio que cargaba, la idea de Konoha, mi hogar de la infancia, destruida, era difícil de asimilar.

Naruto debió notar mi expresión porque continuó, con voz más suave:

-Estamos reconstruyendo todo. La gente está trabajando junta para levantar lo que quedó, y... bueno, yo estoy aquí porque... quería asegurarme de que estuvieras bien.

Lo miré a los ojos, esos ojos que parecían llevar todo el peso del mundo y aun así brillaban con determinación. Quería decirle algo, agradecerle quizá, pero las palabras no salieron.

El silencio entre nosotros fue interrumpido por el sonido de alguien entrando a la tienda.

-¡Naruto! ¿Sasuke ya despertó?

Era Sakura. Su voz, como siempre, era demasiado aguda para mi gusto.

-Sí, Sakura -respondió Naruto sin apartar la mirada de mí.

Ella se acercó rápidamente, y pude ver la mezcla de alivio y reproche en su rostro.

-Sasuke, deberías estar agradecido de que estamos aquí para ayudarte. No todos tienen a alguien dispuesto a arriesgar tanto por ti -dijo, con ese tono que siempre me había irritado.

-No pedí que lo hicieran -respondí seco, girando la cabeza para no mirarla.

-¡Sasuke! -exclamó indignada, pero Naruto levantó una mano, deteniéndola.

-Déjalo, Sakura. Está cansado.

Ella frunció el ceño, pero no insistió. Después de unos momentos más, se fue, murmurando algo sobre buscar al equipo médico.

Naruto volvió a sentarse a mi lado, y el silencio regresó. Esta vez, no era incómodo. Era como si ambos estuviéramos tratando de entender lo que significaba estar aquí, juntos, después de tanto tiempo.

-No deberías preocuparte tanto por mí -murmuré finalmente, mi voz apenas audible.

Naruto me miró con una intensidad que me desarmó.

-¿Y qué quieres que haga, teme? ¿Dejarte? ¿Pretender que no me importas? Eso no va a pasar.

Cerré los ojos, intentando contener la mezcla de emociones que se agitaban dentro de mí.

-Soy peligroso, Naruto. No soy bueno para nadie, y mucho menos para ti.

-Eso no lo decides tú -respondió con firmeza, inclinándose un poco hacia mí-. Yo decido por quién me preocupo, y siempre voy a preocuparme por ti, Sasuke, aunque me mandes al diablo mil veces.

Lo miré de nuevo, y esta vez no pude apartar la vista. De sus ojos brillantes.

Por un momento, quise creerle. Quise creer que, a pesar de todo, podía haber algo más que odio y oscuridad en mi vida. Pero no estaba listo para admitirlo, ni siquiera para mí mismo

—Dobe... —La fatiga volvió a apoderarse de mí, y mi cuerpo se rindió antes de que pudiera terminar la frase. Mientras caía de nuevo en la inconsciencia, lo último que sentí fue su mano sobre la mía, firme y cálida, como un ancla que me mantenía conectado a este mundo.

Tal vez, solo tal vez, no estaba tan perdido como pensaba.

Eres mi camino del ninja Donde viven las historias. Descúbrelo ahora