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Capítulo 28—Cena y proyectos de cinco años.

De camino al Shüfher mis padres todavía ríen y bromean acerca de nosotros explicando el chiste.

Puedo entender que entre nosotros resulte gracioso, pero se me hace raro que ellos le encuentren el punto divertido a un chiste que surgió por los traumas que cargamos mi amigo y yo. 

Ya en la puerta del restaurante nos espera Ashley y el hostess nos alcanza dándonos la bienvenida.

En este lugar se respira elegancia, y ya puedo presentir que seremos el centro de atención de todos al mirar el número de personas que somos, que todos lucimos al menos una prensa blanca y que en este grupo de personas todos hablamos y reímos sin miedo al entorno, osea, que nos da igual si estamos en un restaurante alemán o en la misma Casa Blanca, si algo nos da risa, reiremos y seremos nosotros mismos, algo que no va de la mano con el snobismo y la alta sociedad de Boston.

Cuando todos ocupamos nuestros asientos no puedo evitar dar una rápida mirada de verificación, solo para realizar que como ya era esperado, Christopher no vendrá.

En pocos minutos nos llega la carta y aunque ya tenia en mente lo que quería pedir, las fotos siempre me hacen dudar, termino eligiendo pollo a la plancha con ensalada césar, y mis amigos y familiares piden platillos diferentes que tienen la mesa echa un arcoiris de colores y una mezcla de olores increíble.

Comemos entre risas y chistes, Sebastian aún sigue un poco nervioso gracias a al chiste de los bastardos y a la reacción inesperada de mi padre.

Por un momento me planteo preguntarle a él a qué se debe la repentina desaparición de Christopher, ya que me parece muy sospechoso que un día haga todo por hablar conmigo y al siguiente desaparezca como si nada.

Pero a último momento me arrepiento y como siempre callo para evitar agrandar algo que probable se deba a que está ocupado o simplemente tiene otras cuestiones importantes de las que ocuparse.

Una de mis nuevas metas en esta etapa de sanación es intentar no llevarme al límite y no sobrepensar demasiado y aunque es difícil lo intento.

La cena transcurre en paz, la comida como siempre deliciosa, este restaurante siempre sabe como dar ese aire de elegancia mezclado con familiaridad y hogar al mismo tiempo. Creo que por eso es que es el favorito de mi padre.

El simple vibrar de mi teléfono me saca abruptamente de mis pensamientos y discretamente lo reviso. 

Hermana 💕: No quisiera estar en tu cabeza en estos momentos, pareces ida, disfruta de la cercanía de tu madre y de la compañía de tus amigas, juro que al salir de aquí haremos algo.

Yo: Ya mañana mi madre regresa a Manhattan, y no ando sobrepensando. Solamente me ganó la emoción de vernos a todos un poco feliz.

Ese pequeño intercambio de mensajes me hace volverme más activa en las conversaciones llevadas a cabo en la mesa.

No es difícil que Sebastian se una con mi padre a hablar de negocios, o que Hannah intente dar una explicación muy general del porqué pasé tantos días sin despertar. 

Al terminar la cena, como Helen me dijo, de alguna forma nos acomodamos todas las chicas, menos Ashley que tenía otras cosas que hacer, en un carro conducido por Sebastian.

—El restaurante era estúpidamente caro—Rompe Hannah el silencio—Pero vale cada dólar, la comida es deliciosa 

—Si que lo es, no es el restaurante favorito de nuestro padre por gusto. —Responde Helen mientras teclea en su teléfono. 

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