Capitulo 3 °Viejos Conocidos

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La tensión de la reunión apenas había comenzado a disiparse cuando Zhephyra y sus guardias se dirigieron al patio interior del palacio, donde esperaba la guardia personal de Cyran. La luz del atardecer caía suavemente sobre las piedras grises, proyectando largas sombras que parecían anticipar el inevitable choque entre los dos grupos.

Observé desde el balcón, apoyado en la barandilla. No iba a perderme esto. La Alta Guardia Real, liderada por Zhephyra, era famosa por su brutalidad y disciplina. Y mis hombres no eran menos temibles. Había un aire de expectación en el ambiente, como si todos supieran que lo que estaba a punto de suceder sería un duelo de voluntades.

Zhephyra, con su andar confiado, se acercó al grupo. No hizo falta que sus guardias dijeran nada; su sola presencia era suficiente para transmitir autoridad. Los miembros de mi guardia real la miraron con desconfianza, algunos cruzando los brazos y otros simplemente manteniendo la mano en el pomo de sus espadas.

—¿Así que estos son los famosos perros del nuevo rey?

comentó Zhephyra con voz burlona, lanzándome una mirada rápida desde el patio.

—Perros no.

Mi voz resonó desde arriba

—. Son lobos. Y te sugiero que no los provoques demasiado, a menos que quieras probar sus colmillos.

Ella sonrió con una mueca de diversión, ignorando mi advertencia. Se acercó al primer guardia, un hombre robusto de cabello negro y una cicatriz que le cruzaba el rostro.

—Tú debes ser Kade, ¿verdad?

dijo, con una inclinación de cabeza

—. He escuchado historias sobre ti. Cuentan que eres tan rápido con la espada como lento con la lengua.

Kade soltó una risa seca.

—Y también he oído hablar de ti, Emperatriz. Que tus palabras son tan afiladas como tus dagas. Espero que tus habilidades sean más impresionantes que tus chismes.

—Eso lo veremos

respondió Zhephyra, alzando una ceja con diversión.

La tensión se rompió momentáneamente con las risas de los guardias. Sin embargo, la atmósfera cambió de inmediato cuando un hombre más viejo, de cabello gris y barba corta, emergió del grupo. Su postura era erguida, y sus ojos brillaban con una mezcla de reconocimiento y sorpresa.

—¿Zephyra Moonshadow?

preguntó, con una sonrisa nostálgica en los labios

—. ¿Eres realmente tú?

Zhephyra se giró hacia él, y por un segundo, vi algo raro en su expresión. Una chispa de emoción que nunca había visto antes. Bajó la guardia, algo insólito en ella.

—Dorian...

murmuró, dando un paso hacia él. Su tono era casi reverente, una rareza que hizo que mis ojos se estrecharan con curiosidad

—. No puedo creer que seas tú.

Dorian, uno de mis hombres más leales y mi mentor en combate, abrió los brazos, dejando escapar una carcajada profunda.

—¡Mira lo que ha traído el viento del norte! La pequeña Zhephyra convertida en emperatriz. ¿Qué pasó con la niña que apenas levantaba la espada?

preguntó, con una sonrisa burlona.

—Esa niña creció y ahora puede derrotarte con los ojos cerrados, viejo

replicó Zhephyra, pero había un brillo afectuoso en sus ojos que suavizaba la amenaza.

—¿Crecer? Sí. ¿Derrotarme? Eso lo dudo.

contestó Dorian, dando un paso hacia ella. Los dos se miraron durante un largo momento, como si compartieran recuerdos que nadie más podía entender.

—¿Me vas a saludar con bromas o vas a mostrarme algo de respeto, Dorian?

dijo Zhephyra, cruzándose de brazos.

—Respeto es lo que recibirás si lo mereces, niña

replicó él, dándole un ligero golpe en el hombro como solía hacerlo con los reclutas

—. Pero si piensas que te dejaré ganar solo porque ahora llevas una corona, estás más loca de lo que recordaba.

—Majestad.

interrumpí desde mi posición, disfrutando del espectáculo

—. Parece que tu antiguo mentor y tú tienen asuntos pendientes. ¿Debo preparar un duelo para resolverlo?

Zhephyra me lanzó una mirada llena de sarcasmo.

—No hace falta, Cyran. Podría derrotarlo en menos de tres movimientos, y no quiero humillar a uno de tus mejores hombres delante de toda tu guardia.

—¡Vaya!

exclamó Dorian, llevándose una mano al pecho con fingida sorpresa

—. La pequeña Zephyra sigue tan humilde como siempre.

—Modestia nunca fue mi punto fuerte, viejo. Aprendí de los mejores

respondió ella, lanzándole una mirada significativa.

Dorian rió, y por un momento, pareció que todo el patio se unía a esa risa, aliviando la tensión.

—Bien, bien.

dije, bajando del balcón y uniéndome al grupo

—. Ahora que los viejos amigos se han reencontrado, es momento de hablar de lo que realmente importa.

Zhephyra se giró hacia mí, su expresión cambiando de nuevo a esa máscara impenetrable.

—¿Quieres discutir la situación del reino aquí, frente a tus hombres, o prefieres que sigamos en privado?

—En privado

respondí con un tono firme. Mi mirada pasó de ella a sus guardias y luego a los míos

—. Pero primero, asegúrate de que todos entiendan algo.

Di un paso hacia Zhephyra, tan cerca que nuestras respiraciones se mezclaron.

—Mientras estés bajo mi techo, tus guardias siguen mis órdenes. ¿Entendido?

Ella alzó la barbilla, sin ceder un milímetro.

—Y mientras esté bajo tu techo, tú sigues bajo mi protección, Cyran. No olvides quién soy ni de lo que soy capaz.

La chispa entre nosotros no era solo de desafío, sino de algo más profundo, una promesa tácita de problemas y alianzas. Volví a sonreír.

—Entonces, estamos de acuerdo. Que empiecen los juegos.

Zhephyra asintió, su sonrisa igualando la mía.

—No sabes en lo que te estás metiendo, rey.

Y mientras nos dirigíamos hacia el interior del palacio, supe que acabábamos de formar una alianza tan peligrosa como poderosa. Una unión forjada en chispas de sarcasmo y acero. Y aunque el destino del reino estaba aún por definirse, una cosa era segura: esto iba a ser interesante.

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