-No,no es cierto...no puedes hacerme esto!?
-verdad zhephyra?..
-Dejate de bromas,no es divert-
-NO ES NINGUNA BROMA!"
-SOLO ME UTILIZASTE PARA CONSEGUIR EL TRONO NO ES ASI??!
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El palacio, tan imponente durante el día, parecía un ente diferente por la noche. Las sombras alargadas se deslizaban por los corredores, susurrando secretos al viento. Me encontraba en mi estudio, revisando informes y cartas que no cesaban de llegar desde los rincones más distantes del reino. Pero mi mente estaba en otra parte. Más específicamente, en una mujer de ojos grises que había desafiado a todos mis guardias y salido victoriosa.
Zhephyra Moonshadow.
Había algo en ella que me intrigaba y perturbaba a partes iguales. Su habilidad con las armas era impresionante, pero había una frialdad calculada en cada uno de sus movimientos. Como si siempre supiera algo que los demás no.
Un suave golpe en la puerta interrumpió mis pensamientos.
-Adelante -dije, dejando los papeles sobre el escritorio.
Era Mira, mi arquera. Su expresión era seria, sus ojos afilados como cuchillas.
-Majestad, algo no encaja con la Emperatriz.
Me incliné hacia adelante, interesado.
-¿Qué quieres decir?
Mira cerró la puerta tras ella, asegurándose de que nadie pudiera escuchar.
-He estado observándola desde que llegó, y hay algo extraño. Hoy, en el entrenamiento, noté un movimiento que reconocí... no de alguien de la Alta Guardia Real, sino de un grupo que creímos extinto hace años.
Fruncí el ceño, procesando sus palabras.
-¿Un grupo?
Mira asintió.
-La Sombra Negra. Un grupo de asesinos entrenados en el más absoluto secreto. Se suponía que habían sido eliminados durante el reinado de tu padre.
La idea era ridícula... pero también inquietante.
-¿Estás insinuando que Zhephyra podría estar conectada con ellos?
-No lo sé. Solo sé que sus movimientos no son comunes. Es demasiado precisa, demasiado... letal.
Me recosté en la silla, sintiendo cómo una sombra de duda comenzaba a instalarse en mi mente. Si Zhephyra tenía un secreto, era uno que necesitaba descubrir.
Decidí actuar con rapidez. Esa misma noche, convoqué a mis guardias y les pedí que observaran a Zhephyra con discreción. No iba a acusarla sin pruebas, pero tampoco podía ignorar las palabras de Mira.
Cuando finalmente me dirigí al ala este del palacio, donde Zhephyra tenía sus habitaciones, el ambiente parecía cargado. La luna llena iluminaba los pasillos, y el sonido de mis pasos resonaba con un eco inquietante.
Cuando llegué, la puerta de su habitación estaba entreabierta. Algo me hizo detenerme. Dentro, podía escuchar voces.
-Esto no puede esperar más, Zhephyra -dijo una voz masculina que reconocí de inmediato: Dorian.
-Lo sé, pero no estoy dispuesta a arriesgarlo todo tan pronto -respondió ella. Su tono era bajo, casi un susurro, pero había una dureza en sus palabras que me puso en alerta.
Me acerqué lentamente, asegurándome de que mi sombra no fuera visible.
-No lo hará -interrumpió ella, con una confianza que rozaba la arrogancia-. Nadie lo hará, siempre y cuando tú te mantengas callado.
Mi corazón se aceleró. ¿Quién era realmente Zhephyra?
Dorian suspiró, y su tono se suavizó.
-Solo digo que debemos ser cuidadosos. El reino está al borde del caos, y tú... tú estás jugando un juego peligroso.
Ella rió suavemente, un sonido que envió un escalofrío por mi columna.
-El peligro siempre ha sido mi aliado, Dorian. Y esta vez, no será diferente.
Sentí que mi pecho se apretaba. ¿Qué estaba planeando Zhephyra? Decidí retroceder antes de ser descubierto, pero en mi apuro, mi bota rozó una piedra suelta, haciéndola rodar.
El sonido fue lo suficientemente fuerte como para alertarlos.
-¿Quién está ahí? -preguntó Zhephyra, su voz fría y autoritaria.
Me detuve, manteniéndome en las sombras. Dorian salió de la habitación, su espada en mano, pero al no ver a nadie, volvió a entrar.
-Solo era el viento -dijo, cerrando la puerta tras él.
Me quedé allí unos segundos más, respirando profundamente para calmar mi mente. Lo que había escuchado confirmaba mis sospechas: Zhephyra ocultaba algo, y no iba a detenerme hasta descubrir qué era.
El Amanecer del Enfrentamiento
A la mañana siguiente, mientras el sol iluminaba el palacio, me aseguré de mantener mi fachada de calma. Durante el desayuno, Zhephyra estaba en su lugar habitual, elegante y serena como siempre.
-Espero que mis guardias no te hayan tratado demasiado mal ayer -comenté, rompiendo el silencio con una sonrisa que no llegaba a mis ojos.
Ella me miró, sus ojos grises destellando con algo que podría haber sido diversión.
-Fueron... interesantes. Aunque esperaba más de los hombres del gran Rey Cyran.
Mis guardias gruñeron suavemente desde sus lugares, pero yo solo me reí.
-Tal vez necesiten más entrenamiento. ¿Qué dices, Zhephyra? ¿Te gustaría encargarte de ello?
Ella inclinó la cabeza, estudiándome con una intensidad que me hizo sentir como si pudiera ver a través de mí.
-Será un placer, Majestad.
La tensión en la sala era palpable. Sabía que estaba jugando con fuego, pero también sabía que no podía detenerme. Si Zhephyra tenía un secreto, lo descubriría, aunque tuviera que quemarme en el proceso.